Ahora, en el momento en que la crisis se ceba en el bienestar de los trabajadores, el Gobierno quiere hacer aprobar medidas que significan una vuelta a épocas anteriores en materia de derechos de los trabajadores. Casi una vuelta a la esclavitud. Dice La Jornada, en una nota publicada hoy:
“Acabar con huelgas eternas y permitir que la parte patronal tenga derecho a pedir un arbitraje, como pueden hacerlo actualmente los sindicatos y trabajadores; reconocer el trabajo por obra o tiempo determinado y también el que se realiza desde el hogar, así como permitir los contratos temporales pero con capacitación inicial obligatoria, forman parte de los lineamientos de la iniciativa de reforma laboral que el gobierno del presidente Felipe Calderón prevé presentar este mes.”
Tan se presentan como medidas a favor de los patrones que se afirma que:
“De aprobarse, las autoridades calculan que México avanzaría 25 lugares en el índice de eficiencia del mercado laboral que califica el Foro Económico Mundial, al pasar de la posición 115 que ocupa, a la 94, y remontaría tres lugares en el índice mundial de competitividad.”
¿Y el bienestar de los trabajadores?
“(…) el gobierno propone que se les capacite (a los trabajadores) de manera inicial, para que sean probados antes de ser contratados, y que se reconozca el trabajo de temporada, por obra o tiempo determinado, que según el funcionario puede ser por hora, por día, semana, fin de semana o medio término.” (Nota de Susana Gonzalez, La Jornada, 15 de marzo de 2010)
O sea, trabajo a destajo legalizado. Tal pareciera que el Gobierno sólo puede entender el progreso como el aplastamiento de los trabajadores.
lunes, 15 de marzo de 2010
viernes, 12 de marzo de 2010
Las alianzas
Quienes todavía dudan que lo que mueve las alianzas entre el PRD y el PAN no es la mutua conveniencia sino que constituyen una anexión del PRD por el Gobierno, pueden cotejar las declaraciones de Manuel Camacho, coordinador de la coalición PRD-PT-Convergencia, al respecto, que como promotor de dichas alianzas no puede ser tachado de saboteador:
"Si gana Gabino (Cué, en Oaxaca) vamos a estar mejor que con Ulises (Ruiz); igual si gana Xóchitl (Gálvez) en Hidalgo."
"Van a cambiar las expectativas. La gente va a decir: ah, estos (los partidos PRD,PT, Convergencia) sí pueden ganar. Como ahora, en el juego inverso, en la cargada, ya empiezan a decir: aquí va a haber una competencia de tres fuerzas."
"Las alianzas electorales con el PAN son, pues, en la idea de Camacho, la única manera posible de poner a navegar el barco electoral de los tres tercios. Si cambiamos las expectativas, entonces sí podemos hacer política."
"–Qué bueno que Andrés Manuel esté en sus posiciones. Es sano. Si nosotros nos equivocamos, él podrá decir: se los dije. En cambio, si él se sumara y esto sale mal, nos hundimos todos. Y si esto sale bien no le vamos a decir: te lo dijimos, sino le vamos a dar a la izquierda un estímulo que ya no tenía." (¡¡!!)
"Camacho sacó cuentas y concluyó que con esas fuerzas no nos alcanzaba para ser competitivos. Y de ahí, a las alianzas."
"(…) los socialistas (chilenos) se dieron cuenta de que sin una alianza con la Democracia Cristiana no podrían abrir el sistema. No sólo fueron en alianza, sino eligieron a un democristiano como primer presidente de la concertación. Si no, simplemente no hubieran ganado. Hay un propósito claro y ya son otras reglas, ya no se puede ver todo por lo que pasó (en 2006)"
“'Si logramos los votos, la gente se va a entusiasmar. Si no, simplemente va a decir: ‘estos nos llevan de derrota en derrota’. La responsabilidad de los políticos es dar resultados, no sólo tener principios (¡¡!!). En términos weberianos, la política es una ocasión de resultados.'”
"El país está en una situación muy difícil, y si no ofrecemos un proyecto distinto y convincente, no va a ser suficiente con un arreglo electorero. Para que nos dé, necesitamos ir al fondo. Hay muchas diferencias con el PAN que no veo cómo se podrían zanjar" (¿¡!?).
"El punto es cómo frenamos la restauración autoritaria (del PRI): que en una mesa tomen la decisión de excluir a una de las fuerzas, a la izquierda. Es decir, ya el voto no cuenta, el voto y las negociaciones en el Congreso son escenografía."
"No se dice directamente, pero cuando se habla de diferencias ideológicas (entre el PRI y el PAN) lo que ese pacto está diciendo es saquemos de una vez a la izquierda de la competencia, pongámonos de una vez de acuerdo entre nosotros. Es decir, la restauración del pacto de 1989."
"–Hecho por los mismos con los que ustedes irán aliados" (pregunta el reportero).
"–Si no hacemos eso (responde Camacho), vamos a validar lo que ellos quieren. Ya nos dimos cuenta que ése es su talón de Aquiles, cometeríamos un gran error si retiramos la presión (¿o sea que el PRD presiona al PAN?)."
"Estamos frente a la defensa de regímenes locales, clientelares, autoritarios, donde no hay control social que pueda abrir esos sistemas; entonces, no sólo es pierdo, es pierdo y temo."
Entrevista de Arturo Cano en La Jornada 12 de marzo de 2010.
Estas declaraciones no merecen mayor comentario.
"Si gana Gabino (Cué, en Oaxaca) vamos a estar mejor que con Ulises (Ruiz); igual si gana Xóchitl (Gálvez) en Hidalgo."
"Van a cambiar las expectativas. La gente va a decir: ah, estos (los partidos PRD,PT, Convergencia) sí pueden ganar. Como ahora, en el juego inverso, en la cargada, ya empiezan a decir: aquí va a haber una competencia de tres fuerzas."
"Las alianzas electorales con el PAN son, pues, en la idea de Camacho, la única manera posible de poner a navegar el barco electoral de los tres tercios. Si cambiamos las expectativas, entonces sí podemos hacer política."
"–Qué bueno que Andrés Manuel esté en sus posiciones. Es sano. Si nosotros nos equivocamos, él podrá decir: se los dije. En cambio, si él se sumara y esto sale mal, nos hundimos todos. Y si esto sale bien no le vamos a decir: te lo dijimos, sino le vamos a dar a la izquierda un estímulo que ya no tenía." (¡¡!!)
"Camacho sacó cuentas y concluyó que con esas fuerzas no nos alcanzaba para ser competitivos. Y de ahí, a las alianzas."
"(…) los socialistas (chilenos) se dieron cuenta de que sin una alianza con la Democracia Cristiana no podrían abrir el sistema. No sólo fueron en alianza, sino eligieron a un democristiano como primer presidente de la concertación. Si no, simplemente no hubieran ganado. Hay un propósito claro y ya son otras reglas, ya no se puede ver todo por lo que pasó (en 2006)"
“'Si logramos los votos, la gente se va a entusiasmar. Si no, simplemente va a decir: ‘estos nos llevan de derrota en derrota’. La responsabilidad de los políticos es dar resultados, no sólo tener principios (¡¡!!). En términos weberianos, la política es una ocasión de resultados.'”
"El país está en una situación muy difícil, y si no ofrecemos un proyecto distinto y convincente, no va a ser suficiente con un arreglo electorero. Para que nos dé, necesitamos ir al fondo. Hay muchas diferencias con el PAN que no veo cómo se podrían zanjar" (¿¡!?).
"El punto es cómo frenamos la restauración autoritaria (del PRI): que en una mesa tomen la decisión de excluir a una de las fuerzas, a la izquierda. Es decir, ya el voto no cuenta, el voto y las negociaciones en el Congreso son escenografía."
"No se dice directamente, pero cuando se habla de diferencias ideológicas (entre el PRI y el PAN) lo que ese pacto está diciendo es saquemos de una vez a la izquierda de la competencia, pongámonos de una vez de acuerdo entre nosotros. Es decir, la restauración del pacto de 1989."
"–Hecho por los mismos con los que ustedes irán aliados" (pregunta el reportero).
"–Si no hacemos eso (responde Camacho), vamos a validar lo que ellos quieren. Ya nos dimos cuenta que ése es su talón de Aquiles, cometeríamos un gran error si retiramos la presión (¿o sea que el PRD presiona al PAN?)."
"Estamos frente a la defensa de regímenes locales, clientelares, autoritarios, donde no hay control social que pueda abrir esos sistemas; entonces, no sólo es pierdo, es pierdo y temo."
Entrevista de Arturo Cano en La Jornada 12 de marzo de 2010.
Estas declaraciones no merecen mayor comentario.
sábado, 6 de marzo de 2010
El Estado en la época del imperialismo
En no pocos textos se ha ventilado la ‘teoría’ del ‘debilitamiento del Estado’, del ‘desmantelamiento del Estado’ por el ‘neoliberalismo’.
Tal ‘teoría’ distorsiona la realidad del debilitamiento de los Estados dominados por los Estados poderosos; encubre el hecho del recrudecimiento del saqueo imperialista en las condiciones de la explotación de unos países por otros, que llega incluso a la recolonización (Irak, Afganistán).
Con tal posición se pasa por alto el carácter capitalista de los Estados dominados, el grado mayor o menor de su sojuzgamiento al imperialismo, es decir, el grado en que han sido avasallados por los países más poderosos. La supuesta desnacionalización de los Estados nacionales es un despropósito a todas luces. Los Estados surgidos del ascenso del capitalismo y de la descolonización no perderán voluntariamente su carácter nacional; este carácter es el fundamento ideológico mismo del poder del Estado sobre ‘su’ población, es monopolio de sus burocracias y milicias y es la fuente última de su legitimidad.
Los Estados surgidos de la descolonización, como es el caso de la mayoría de las naciones africanas y asiáticas, de América Latina, etc., ciertamente pueden debilitarse y han llegado a perecer, pero su derrumbe ha tenido lugar en el marco de una lucha de clases particularmente violenta y bajo el asalto de las grandes potencias, recordemos los casos de Haití, Irak, Ruanda o Uganda.
La descomposición de esos Estados, que hemos observado en las últimas décadas con excesiva frecuencia, no significa necesariamente su debilitamiento frente a las clases explotadas de sus respectivos países, sino más bien frente al imperialismo. Lo que parece haber ocurrido fue la prematura descomposición del nacionalismo de las antiguas colonias, que arribaron a la conformación de sus naciones cuando el nacionalismo en general se adentraba en la descomposición, debido en gran parte a la deriva monopolista-rentista de las clases capitalistas. Los casos más sobresalientes de esta descomposición no fueron únicamente, por cierto, el nazismo alemán y el fascismo italiano, sino también la ‘democracia’ estadunidense, la república francesa y el parlamentarismo inglés, convertidos en otras tantas máscaras que mal disimulan la rapiña y el saqueo de pueblos débiles, y la rebatinga por el botín mal habido.
Las naciones del llamado “Tercer Mundo”, o países dominados, más propiamente dicho; llegaron al capitalismo en su fase de descomposición imperialista, lo que también se plasmó en su constitución en Estados nacionales, pues no constituyeron repúblicas democráticas, con libertades burguesas mínimas, sino dictaduras militares, personales, o de partido, todas con pesadas burocracias y ejércitos indisciplinados y abiertamente reaccionarios.
Todos los Estados actuales se integran con instituciones imperialistas, chovinistas, racistas, xenófobas; reaccionarias en toda la línea. De todo lo cual se deriva que en los hechos las instituciones ‘nacionales’ mantengan una guerra permanente contra “sus” pueblos, aplastando toda iniciativa propia de estos; lo que se corresponde perfectamente con la práctica, la ideología y el fundamento económico del imperialismo, o sea, la búsqueda de superbeneficios a toda costa. Esto es, en el momento actual, el imperialismo sólo puede sostenerse sometiendo a las masas populares a una explotación incrementada.
Frente a este escenario de explotación y saqueo imperialista, se desarrolla el utopismo más rudimentario. La organización política auténtica de las masas es suplantada por el clientelismo, los auténticos dirigentes populares son suplantados por agentes del imperialismo; los grupos políticos y sindicales son tomados por pequeños grupos de arribistas, aventureros y oportunistas, defensores todos del orden capitalista y solapadores del imperialismo.
El imperialismo, sin embargo, no puede detener la rueda de la historia, por cuanto no puede resolver las contradicciones más profundas del capitalismo, incluso las exacerba, agudiza, acelerando la descomposición del capitalismo, y es así puesto que no hay ganancia que sacie la voracidad de los grandes capitalistas ni conquista que aplaque la codicia de los políticos imperialistas; los diferentes grupos de saqueadores tienen entonces la necesidad imperiosa de buscar permanentemente un nuevo reparto, más favorable para ellos, del botín saqueado, lo que lleva tarde que temprano a luchas cada vez más destructivas a crisis más agudas.
El Estado, pues, se ‘debilita’, por su sujeción a Estados extranjeros, que sojuzgan a la nación, saqueándola; y manteniendo esta situación por medio de la explotación y la guerra, medios todos, que, pese a las connotaciones religiosas, étnicas, ‘raciales’, etc. que posean, en el momento actual tienen un mismo contenido económico: la persecución de los superbeneficios monopolistas, la consecución de los objetivos geopolíticos y geoestratégicos del imperialismo.
Tal ‘teoría’ distorsiona la realidad del debilitamiento de los Estados dominados por los Estados poderosos; encubre el hecho del recrudecimiento del saqueo imperialista en las condiciones de la explotación de unos países por otros, que llega incluso a la recolonización (Irak, Afganistán).
Con tal posición se pasa por alto el carácter capitalista de los Estados dominados, el grado mayor o menor de su sojuzgamiento al imperialismo, es decir, el grado en que han sido avasallados por los países más poderosos. La supuesta desnacionalización de los Estados nacionales es un despropósito a todas luces. Los Estados surgidos del ascenso del capitalismo y de la descolonización no perderán voluntariamente su carácter nacional; este carácter es el fundamento ideológico mismo del poder del Estado sobre ‘su’ población, es monopolio de sus burocracias y milicias y es la fuente última de su legitimidad.
Los Estados surgidos de la descolonización, como es el caso de la mayoría de las naciones africanas y asiáticas, de América Latina, etc., ciertamente pueden debilitarse y han llegado a perecer, pero su derrumbe ha tenido lugar en el marco de una lucha de clases particularmente violenta y bajo el asalto de las grandes potencias, recordemos los casos de Haití, Irak, Ruanda o Uganda.
La descomposición de esos Estados, que hemos observado en las últimas décadas con excesiva frecuencia, no significa necesariamente su debilitamiento frente a las clases explotadas de sus respectivos países, sino más bien frente al imperialismo. Lo que parece haber ocurrido fue la prematura descomposición del nacionalismo de las antiguas colonias, que arribaron a la conformación de sus naciones cuando el nacionalismo en general se adentraba en la descomposición, debido en gran parte a la deriva monopolista-rentista de las clases capitalistas. Los casos más sobresalientes de esta descomposición no fueron únicamente, por cierto, el nazismo alemán y el fascismo italiano, sino también la ‘democracia’ estadunidense, la república francesa y el parlamentarismo inglés, convertidos en otras tantas máscaras que mal disimulan la rapiña y el saqueo de pueblos débiles, y la rebatinga por el botín mal habido.
Las naciones del llamado “Tercer Mundo”, o países dominados, más propiamente dicho; llegaron al capitalismo en su fase de descomposición imperialista, lo que también se plasmó en su constitución en Estados nacionales, pues no constituyeron repúblicas democráticas, con libertades burguesas mínimas, sino dictaduras militares, personales, o de partido, todas con pesadas burocracias y ejércitos indisciplinados y abiertamente reaccionarios.
Todos los Estados actuales se integran con instituciones imperialistas, chovinistas, racistas, xenófobas; reaccionarias en toda la línea. De todo lo cual se deriva que en los hechos las instituciones ‘nacionales’ mantengan una guerra permanente contra “sus” pueblos, aplastando toda iniciativa propia de estos; lo que se corresponde perfectamente con la práctica, la ideología y el fundamento económico del imperialismo, o sea, la búsqueda de superbeneficios a toda costa. Esto es, en el momento actual, el imperialismo sólo puede sostenerse sometiendo a las masas populares a una explotación incrementada.
Frente a este escenario de explotación y saqueo imperialista, se desarrolla el utopismo más rudimentario. La organización política auténtica de las masas es suplantada por el clientelismo, los auténticos dirigentes populares son suplantados por agentes del imperialismo; los grupos políticos y sindicales son tomados por pequeños grupos de arribistas, aventureros y oportunistas, defensores todos del orden capitalista y solapadores del imperialismo.
El imperialismo, sin embargo, no puede detener la rueda de la historia, por cuanto no puede resolver las contradicciones más profundas del capitalismo, incluso las exacerba, agudiza, acelerando la descomposición del capitalismo, y es así puesto que no hay ganancia que sacie la voracidad de los grandes capitalistas ni conquista que aplaque la codicia de los políticos imperialistas; los diferentes grupos de saqueadores tienen entonces la necesidad imperiosa de buscar permanentemente un nuevo reparto, más favorable para ellos, del botín saqueado, lo que lleva tarde que temprano a luchas cada vez más destructivas a crisis más agudas.
El Estado, pues, se ‘debilita’, por su sujeción a Estados extranjeros, que sojuzgan a la nación, saqueándola; y manteniendo esta situación por medio de la explotación y la guerra, medios todos, que, pese a las connotaciones religiosas, étnicas, ‘raciales’, etc. que posean, en el momento actual tienen un mismo contenido económico: la persecución de los superbeneficios monopolistas, la consecución de los objetivos geopolíticos y geoestratégicos del imperialismo.
lunes, 1 de marzo de 2010
El ‘derrumbe’ del capitalismo
Entre las corrientes económicas de principios del siglo XX tuvo lugar el debate sobre un eventual ‘derrumbe’ del capitalismo como una posibilidad subyacente a las contradicciones de este régimen al alcanzar el estadio imperialista, esto es, se creía que la expansión del capitalismo encontraría un límite insalvable al agotar el territorio a repartir entre las grandes potencias, de manera que la caída libre de las ganancias desataría una crisis que acabaría con todo el entramado de las relaciones de producción capitalistas.
No obstante la agudeza de los argumentos a favor del “derrumbe”, tal situación límite es una mera abstracción de la realidad, por cuanto de hecho el capitalismo crea y supera constantemente sus límites económicos. La acumulación capitalista prosigue bajo la crisis, aun cuando lo haga en nuevas condiciones: las del monopolismo. Los grupos monopolistas tienen la capacidad de allegarse superganancias, que son la motivación última del régimen capitalista; aun cuando la demanda solvente de mercancías se mantuviera ligeramente rezagada, ésta se crea constantemente, dentro y fuera del país imperialista por medio de los gastos improductivos de los monopolios(2) que regeneran constantemente la pequeña producción y las llamadas “clases medias”, que son esenciales para la reproducción del capitalismo. A este fin sirve también el saqueo colonial, que provee recursos para subsanar los agujeros del sistema como un conjunto; a costa del bienestar de los pueblos dominados.
¿Juzgar que la teoría del derrumbe es fundamentalmente incorrecta implica afirmar que el capitalismo será eterno? En modo alguno. El desarrollo normal del capitalismo conlleva crisis de largo alcance que no se encuadran completamente en la esfera economía y que a la larga tienden a vulnerar al régimen capitalista, arrastrándolo a su desaparición, situación que tiene muy poco que ver con el “derrumbe” al que se referían los críticos de principios del siglo XX. Las contradicciones del capitalismo no son únicamente de tipo “económico”, sino histórico, en el sentido más amplio del término. Pero ciertamente la estructura económica de la sociedad capitalista es la fundamental de este modo de producción, y condiciona al conjunto de la estructura social, por ello, al hablar de crisis del capitalismo, siempre se habla de procesos en los que la cuestión económica es la raíz fundamental, pero no entendida ésta en la concepción habitual o restringida de la economía como un conjunto de relaciones técnicas, sino en su sentido histórico, como expresión de determinadas relaciones entre grupos sociales.
En primer lugar, este régimen sufre una aguda contradicción con su entorno ambiental: toma de la naturaleza más de lo que le restituye, arrojando desechos difíciles de descomponer o alterando los ciclos que le son propios. Sin embargo, en principio, el desarrollo tecnológico puede aliviar al menos algunos efectos directos de la contaminación en el hábitat humano; el “estrés medio-ambiental” puede ser determinado en el entorno ecológico con cierta precisión, lo que permite hacer valoraciones de las medidas a tomar. Pero, en cambio, el efecto a largo plazo es difícil de determinar.
Más relevante, para los efectos de este ensayo, es la tendencia del capitalismo a exacerbar los conflictos político-militares en una escala nunca antes vista.
Las contradicciones sociopolíticas de todo género hallan, en la competencia interimperialista (e intercapitalista en general), un combustible inapreciable.
El capitalismo impulsa los conflictos heredados de épocas pasadas en cuanto estos representan una oportunidad de obtener ganancias, los países poderosos y sus monopolios asociados apoyan a una facción o a otra con recursos financieros, tecnológicos, etc. con miras a recuperar lo invertido con creces.
Además, el capitalismo incrementa los armamentos a una escala gigantesca, en cantidad y poder destructivo. La cúspide de esta tendencia la constituyen los arsenales nucleares, termonucleares, etc., cuya cantidad y capacidad destructiva es mucho más que suficiente para arrasar por completo al planeta.
Y por si fuera poco, se ha llegado a la creación de industrias asociadas a la guerra: consultorías financieras, equipos de salvamento de infraestructura (petrolera p. ej.); ejércitos mercenarios, contratistas de todo género, etc., que atizan los conflictos por el mero afán de colocar sus productos al mejor precio.
No obstante la agudeza de los argumentos a favor del “derrumbe”, tal situación límite es una mera abstracción de la realidad, por cuanto de hecho el capitalismo crea y supera constantemente sus límites económicos. La acumulación capitalista prosigue bajo la crisis, aun cuando lo haga en nuevas condiciones: las del monopolismo. Los grupos monopolistas tienen la capacidad de allegarse superganancias, que son la motivación última del régimen capitalista; aun cuando la demanda solvente de mercancías se mantuviera ligeramente rezagada, ésta se crea constantemente, dentro y fuera del país imperialista por medio de los gastos improductivos de los monopolios(2) que regeneran constantemente la pequeña producción y las llamadas “clases medias”, que son esenciales para la reproducción del capitalismo. A este fin sirve también el saqueo colonial, que provee recursos para subsanar los agujeros del sistema como un conjunto; a costa del bienestar de los pueblos dominados.
¿Juzgar que la teoría del derrumbe es fundamentalmente incorrecta implica afirmar que el capitalismo será eterno? En modo alguno. El desarrollo normal del capitalismo conlleva crisis de largo alcance que no se encuadran completamente en la esfera economía y que a la larga tienden a vulnerar al régimen capitalista, arrastrándolo a su desaparición, situación que tiene muy poco que ver con el “derrumbe” al que se referían los críticos de principios del siglo XX. Las contradicciones del capitalismo no son únicamente de tipo “económico”, sino histórico, en el sentido más amplio del término. Pero ciertamente la estructura económica de la sociedad capitalista es la fundamental de este modo de producción, y condiciona al conjunto de la estructura social, por ello, al hablar de crisis del capitalismo, siempre se habla de procesos en los que la cuestión económica es la raíz fundamental, pero no entendida ésta en la concepción habitual o restringida de la economía como un conjunto de relaciones técnicas, sino en su sentido histórico, como expresión de determinadas relaciones entre grupos sociales.
En primer lugar, este régimen sufre una aguda contradicción con su entorno ambiental: toma de la naturaleza más de lo que le restituye, arrojando desechos difíciles de descomponer o alterando los ciclos que le son propios. Sin embargo, en principio, el desarrollo tecnológico puede aliviar al menos algunos efectos directos de la contaminación en el hábitat humano; el “estrés medio-ambiental” puede ser determinado en el entorno ecológico con cierta precisión, lo que permite hacer valoraciones de las medidas a tomar. Pero, en cambio, el efecto a largo plazo es difícil de determinar.
Más relevante, para los efectos de este ensayo, es la tendencia del capitalismo a exacerbar los conflictos político-militares en una escala nunca antes vista.
Las contradicciones sociopolíticas de todo género hallan, en la competencia interimperialista (e intercapitalista en general), un combustible inapreciable.
El capitalismo impulsa los conflictos heredados de épocas pasadas en cuanto estos representan una oportunidad de obtener ganancias, los países poderosos y sus monopolios asociados apoyan a una facción o a otra con recursos financieros, tecnológicos, etc. con miras a recuperar lo invertido con creces.
Además, el capitalismo incrementa los armamentos a una escala gigantesca, en cantidad y poder destructivo. La cúspide de esta tendencia la constituyen los arsenales nucleares, termonucleares, etc., cuya cantidad y capacidad destructiva es mucho más que suficiente para arrasar por completo al planeta.
Y por si fuera poco, se ha llegado a la creación de industrias asociadas a la guerra: consultorías financieras, equipos de salvamento de infraestructura (petrolera p. ej.); ejércitos mercenarios, contratistas de todo género, etc., que atizan los conflictos por el mero afán de colocar sus productos al mejor precio.
La expansión del capitalismo
El desarrollo del capitalismo ha sido motivo de largos debates, particularmente desde que el capitalismo abandonó las fronteras de Europa, debates que se han enfocado fundamentalmente en las cuestiones, no menores por cierto, de la exportación de mercancías y de capitales, es decir, en el “problema de los mercados”.
El planteamiento del problema es más o menos el siguiente: Al irse estableciendo relaciones de producción capitalistas en un país, éstas se representan en una masa creciente de productos del trabajo que se hallan en manos de los capitalistas y cada vez menos en manos de los trabajadores, que por ello se ven obligados a trabajar para los capitalistas, por lo tanto, al irse ampliando esas relaciones se extiende la miseria a las masas trabajadoras, que son por lo tanto cada vez menos aptas para adquirir los productos que ellas mismas elaboran. Algunos teóricos han intentado demostrar que ese empobrecimiento de las masas trabajadoras que acompaña al capitalismo acabará por hacer imposible su permanencia, o sea, que el empobrecimiento reduce el mercado para las mercancías que “portan en sí” las relaciones sociales capitalistas; requiriéndose, por lo tanto, nuevos mercados donde las mercancías se puedan realizar, es decir, intercambiar por un valor equivalente expresado en dinero.
Pero esta operación puramente lógica no hace sino desplazar el problema de la realización al ‘mercado exterior’.
El problema del mercado exterior no tiene relación con el de la realización de las mercancías. El empobrecimiento mismo de las masas, su proletarización, su descomposición en burguesía y proletariado, generan el mercado; ya que, por un lado, obligan a los trabajadores a adquirir su menguado consumo en el mercado; y se crea, asimismo, un mercado de bienes de producción, mismo que crece incluso más rápido que el de bienes de consumo. Y este mercado de bienes productivos, de bienes para la producción, se convierte cada vez más en un monopolio de los capitalistas, es en donde ellos fincan su poder, pues van desplazando de él a los trabajadores, y, al hacerlo, éstos se ven obligados a vender su única mercancía: su fuerza de trabajo. Llega el momento en que la adquisición de medios de producción es prerrogativa exclusiva de los capitalistas, pues estos se vuelven los únicos miembros de la sociedad capaces de adquirir los costosos equipos y de contratar el personal para operarlos que son necesarios para producir con ganancia en las condiciones socialmente establecidas
En el marco del capitalismo anterior al monopolismo, la expansión del mercado se ve limitada por su escaso desarrollo, limitándose su actividad al intercambio de mercancías para el uso, pero en lo que respecta al ‘problema de los mercados’, el único cambio en la cuestión es que ahora el problema se ha extendido ya al mundo entero pues en cada lugar en que las relaciones mercantiles se van desarrollando, se va produciendo indefectiblemente la escisión de la sociedad en un grupo de grandes poseedores y una masa cada vez más desprovista de medios para producir, y al alcanzar este proceso una determinada medida, la necesidad de mercados exteriores vuelve a ser apremiante, pero no lo es porque las necesidades de la sociedad estén colmadas, sino porque el mercado está saturado, porque la demanda capitalista de mercancías está satisfecha, es decir, porque el grado de desarrollo de las relaciones capitalistas de producción e intercambio ha alcanzado el nivel indicado para que los capitalistas lucren al nivel máximo relativo. La necesidad de ‘mercados exteriores’ para el capitalismo es real, pero no atañe al problema de la realización, sino a la cuestión del mantenimiento de la tasa de ganancia de los capitalistas.
Los capitalistas buscan aumentar siempre sus ganancias, esto sólo se consigue desplazando a los competidores al incrementar la productividad del trabajo, para producir más barato y, por lo tanto, con mayor ganancia, y al disponer del mayor mercado posible.
La competencia intercapitalista hace solventes a los mercados externos, crea la necesidad de ellos para el capitalismo mundial.
Por otra parte, la aparición de esta solvencia hace también viables las guerras de partición y redivisión del mundo, por cuanto el aseguramiento de un mercado por tal o cual burguesía no puede efectuarse por medios puramente económicos, por una política de precios, etc., sino que requiere medios político-militares, pues involucra cuestiones estratégicas que complican notablemente la situación.
Esto se lleva a sus límites bajo el capitalismo imperialista, donde al capital-mercancía se suman el capital productivo y el capital financiero como formas concretas de la expansión de las relaciones capitalistas; habida la cuenta de que el capital-mercancía era insuficiente para ampliar los mercados a un ritmo adecuado a las necesidades de los magnates rentistas, que son quienes ahora predominan entre los capitalistas, se que hace necesario “dar un empujón” a la acumulación de capital en los países dependientes, posibilidad que descansa en el simple y llano hecho de que ahora se dispone de la masa de medios económicos y materiales para realizarlo.
La expansión del capitalismo en su fase imperialista consiste en la extensión de las relaciones de explotación capitalistas por encima, a pesar de, y, en ocasiones incluso con el servicio de, las fronteras nacionales; es la expansión de estas relaciones en el contexto de las separaciones de fase que representan las barreras nacionales, ideológicas y culturales que corresponden a los diferentes países. A las tácticas mercantilistas de antaño se suma la fuerza económica de los monopolios, expresada en la fuerza político-militar de los Estados en que se basan esos monopolios.
Si tal o cual frontera no cede a la expansión puramente económica del capital monopolista, lo hará frente a su expansión político-militar, tras la cual, los monopolios extranjeros acabarán por asentarse en condiciones más o menos beneficiosas; pero eso sí, con el aliciente de que habrán dejado fuera a la competencia, lo que por sí mismo puede ser crucial en el juego y rejuego de la lucha por las ganancias.
Políticas de precios, deudas de los Estados, invasiones coloniales, jugarretas jurídicas, guerras interimperialistas, conflictos de todo género; acaban todos por ser otros tantos medios con que se dirime cuál grupo de monopolistas habrá de llevarse la mayor tajada de ganancia.
El planteamiento del problema es más o menos el siguiente: Al irse estableciendo relaciones de producción capitalistas en un país, éstas se representan en una masa creciente de productos del trabajo que se hallan en manos de los capitalistas y cada vez menos en manos de los trabajadores, que por ello se ven obligados a trabajar para los capitalistas, por lo tanto, al irse ampliando esas relaciones se extiende la miseria a las masas trabajadoras, que son por lo tanto cada vez menos aptas para adquirir los productos que ellas mismas elaboran. Algunos teóricos han intentado demostrar que ese empobrecimiento de las masas trabajadoras que acompaña al capitalismo acabará por hacer imposible su permanencia, o sea, que el empobrecimiento reduce el mercado para las mercancías que “portan en sí” las relaciones sociales capitalistas; requiriéndose, por lo tanto, nuevos mercados donde las mercancías se puedan realizar, es decir, intercambiar por un valor equivalente expresado en dinero.
Pero esta operación puramente lógica no hace sino desplazar el problema de la realización al ‘mercado exterior’.
El problema del mercado exterior no tiene relación con el de la realización de las mercancías. El empobrecimiento mismo de las masas, su proletarización, su descomposición en burguesía y proletariado, generan el mercado; ya que, por un lado, obligan a los trabajadores a adquirir su menguado consumo en el mercado; y se crea, asimismo, un mercado de bienes de producción, mismo que crece incluso más rápido que el de bienes de consumo. Y este mercado de bienes productivos, de bienes para la producción, se convierte cada vez más en un monopolio de los capitalistas, es en donde ellos fincan su poder, pues van desplazando de él a los trabajadores, y, al hacerlo, éstos se ven obligados a vender su única mercancía: su fuerza de trabajo. Llega el momento en que la adquisición de medios de producción es prerrogativa exclusiva de los capitalistas, pues estos se vuelven los únicos miembros de la sociedad capaces de adquirir los costosos equipos y de contratar el personal para operarlos que son necesarios para producir con ganancia en las condiciones socialmente establecidas
En el marco del capitalismo anterior al monopolismo, la expansión del mercado se ve limitada por su escaso desarrollo, limitándose su actividad al intercambio de mercancías para el uso, pero en lo que respecta al ‘problema de los mercados’, el único cambio en la cuestión es que ahora el problema se ha extendido ya al mundo entero pues en cada lugar en que las relaciones mercantiles se van desarrollando, se va produciendo indefectiblemente la escisión de la sociedad en un grupo de grandes poseedores y una masa cada vez más desprovista de medios para producir, y al alcanzar este proceso una determinada medida, la necesidad de mercados exteriores vuelve a ser apremiante, pero no lo es porque las necesidades de la sociedad estén colmadas, sino porque el mercado está saturado, porque la demanda capitalista de mercancías está satisfecha, es decir, porque el grado de desarrollo de las relaciones capitalistas de producción e intercambio ha alcanzado el nivel indicado para que los capitalistas lucren al nivel máximo relativo. La necesidad de ‘mercados exteriores’ para el capitalismo es real, pero no atañe al problema de la realización, sino a la cuestión del mantenimiento de la tasa de ganancia de los capitalistas.
Los capitalistas buscan aumentar siempre sus ganancias, esto sólo se consigue desplazando a los competidores al incrementar la productividad del trabajo, para producir más barato y, por lo tanto, con mayor ganancia, y al disponer del mayor mercado posible.
La competencia intercapitalista hace solventes a los mercados externos, crea la necesidad de ellos para el capitalismo mundial.
Por otra parte, la aparición de esta solvencia hace también viables las guerras de partición y redivisión del mundo, por cuanto el aseguramiento de un mercado por tal o cual burguesía no puede efectuarse por medios puramente económicos, por una política de precios, etc., sino que requiere medios político-militares, pues involucra cuestiones estratégicas que complican notablemente la situación.
Esto se lleva a sus límites bajo el capitalismo imperialista, donde al capital-mercancía se suman el capital productivo y el capital financiero como formas concretas de la expansión de las relaciones capitalistas; habida la cuenta de que el capital-mercancía era insuficiente para ampliar los mercados a un ritmo adecuado a las necesidades de los magnates rentistas, que son quienes ahora predominan entre los capitalistas, se que hace necesario “dar un empujón” a la acumulación de capital en los países dependientes, posibilidad que descansa en el simple y llano hecho de que ahora se dispone de la masa de medios económicos y materiales para realizarlo.
La expansión del capitalismo en su fase imperialista consiste en la extensión de las relaciones de explotación capitalistas por encima, a pesar de, y, en ocasiones incluso con el servicio de, las fronteras nacionales; es la expansión de estas relaciones en el contexto de las separaciones de fase que representan las barreras nacionales, ideológicas y culturales que corresponden a los diferentes países. A las tácticas mercantilistas de antaño se suma la fuerza económica de los monopolios, expresada en la fuerza político-militar de los Estados en que se basan esos monopolios.
Si tal o cual frontera no cede a la expansión puramente económica del capital monopolista, lo hará frente a su expansión político-militar, tras la cual, los monopolios extranjeros acabarán por asentarse en condiciones más o menos beneficiosas; pero eso sí, con el aliciente de que habrán dejado fuera a la competencia, lo que por sí mismo puede ser crucial en el juego y rejuego de la lucha por las ganancias.
Políticas de precios, deudas de los Estados, invasiones coloniales, jugarretas jurídicas, guerras interimperialistas, conflictos de todo género; acaban todos por ser otros tantos medios con que se dirime cuál grupo de monopolistas habrá de llevarse la mayor tajada de ganancia.
lunes, 11 de enero de 2010
La Sexta Declaración de la Selva Lacandona: ¿Una apología del capitalismo?
Parte II de II: La Sexta y México
El apartado IV de la Sexta Declaración de la Selva Lacandona constituye un análisis de la situación contemporánea de México: “Ahora les platicamos lo que está pasando en nuestro México” (§1). El EZLN retoma algunos puntos ya planteados anteriormente y los centra en hechos de la historia reciente del país.
Afirma el EZLN: “lo que vemos es que nuestro país está gobernado por los neoliberalistas” (§1). Más propiamente, como hemos sostenido antes, debiera hablarse de “imperialistas”, o si se prefiere, de neoimperialistas. El EZLN nos alerta, “los gobernantes que tenemos están destruyendo lo que es nuestra nación, nuestra patria mexicana” (§1). Afirma acertadamente que “su trabajo de estos malos gobernantes no es mirar por el bienestar del pueblo, sino que sólo están pendientes del bienestar de los capitalistas” (§1) ¿Cómo “destruyen la nación”estos “malos gobernantes”? “Hacen leyes como las del TLC que pasan a dejar en la miseria a muchos mexicanos, tanto campesinos y pequeños productores, porque son comidos por las grandes empresas agroindustriales; tanto como los obreros y pequeños empresarios, porque no pueden competir con las grandes trasnacionales que se meten sin que nadie les diga nada y hasta les dan las gracias, y ponen sus bajos salarios y sus altos precios” (§1). Es decir, el EZLN identifica mecánicamente la ruina del pequeño productor y comerciante con la ruina de la “nación”. Pero, ¿sobre qué base el EZLN habla de que los obreros “compiten” con las trasnacionales junto a los pequeños empresarios? Las trasnacionales también contratan trabajadores nacionales, además, bajo el capitalismo predomina la competencia, tanto entre los propios capitalistas por ganancias como entre los trabajadores por los empleos. Esta es, por decirlo en términos coloquiales, la ley de la selva capitalista, sin embargo; debe hacerse el señalamiento puntual de que el predominio de la gran industria, en medio de sus profundas contradicciones, constituye la situación más ventajosa para los proletarios rurales y urbanos, hablando en términos históricos, por cuanto hace posible su organización en tanto clase social; situación muy diferente a la que tiene lugar bajo el predominio de la pequeña producción, donde dicha organización es incomparablemente más difícil de lograr pues no solo se enfrenta a la competencia entre trabajadores, sino a la dispersión geográfica y laboral de los mismos y a las actitudes paternalistas típicas del pequeño patrono.
La situación, pues, no puede reducirse a la cuestión de si los salarios y precios son altos o bajos, sino que debe comprenderse en términos de la lucha de clases.
En el mismo párrafo, en consonancia con la tergiversación arriba mostrada habla de “algunas de las bases económicas de nuestro México, que eran el campo y la industria y el comercio nacionales, están bien destruidos y apenas quedan unos pocos escombros que seguro también van a vender” (§1) ¿Cuáles son las otras “bases económicas de nuestro México” aparte del campo, la industria y el comercio? ¿Los servicios? ¿Y estos no están “destruidos”? El EZLN aduce todo lo anterior sin aportar cifra o referencia alguna, apelando quizá a la percepción subjetiva que propalan en los medios de comunicación, misma que se desprende de la constante ruina de la pequeña producción.
El EZ confunde la destrucción de la pequeña producción con el avance de la gran producción capitalista, lo que le conduce indefectiblemente a ilusiones sobre supuestas ventajas de la pequeña producción frente a la grande. Dice el EZLN “y estas son grandes desgracias para nuestra patria. Porque pues en el campo ya no se producen los alimentos, sino sólo lo que venden los grandes capitalistas, y las buenas tierras son robadas con mañas y con el apoyo de los políticos” (§2), pasa por alto el EZ el hecho de que el país forma parte de la división internacional del trabajo y que, por lo tanto, la búsqueda de ganancias capitalistas orienta la producción, por ejemplo, si el grano extranjero es más barato, se deja de producir en el país y se aumenta la producción de otros bienes agropecuarios con mayor demanda, como hortalizas y fibras textiles. Avanza la tecnificación del campo, se fortalece la diferenciación del campesinado en burguesía y proletariado y con ello la posibilidad de sustituir las viejas formas precapitalistas y capitalistas poco desarrolladas que aún agobian la vida rural, se ha olvidado ya la siniestra lacra de los acaparadores, pero estos no son preferibles a la gran empresa agropecuaria, que representa, al menos, la posibilidad de la organización de masas en el medio rural.
Es de dudarse que el EZLN manifieste algún tipo de nostalgia por acaparadores, usureros, finqueros y demás sanguijuelas del campo, por lo cual resulta extraño esta añoranza por la producción campesina, esta idealización del atraso rural que ha sido el fermento tradicional de las formas más brutales de explotación a lo largo de la historia de América Latina y de buena parte del planeta. Dice el EZ: “que en el campo está pasando igual que cuando el porfirismo, nomás que, en lugar de hacendados, ahora son unas empresas extranjeras las que tienen al campesino bien jodido. Y donde antes había créditos y precios de protección, ahora sólo hay limosnas... y a veces ni eso” (§2), pero la diferencia entre estas épocas históricas no se trata solamente de una sustitución de un patrón por otro, en principio no olvidemos que bajo el porfirismo la concentración de la tierra y la ruina del campesinado se efectuaron todavía por medio de la fuerza, mientras que en la actualidad se hace por medio del dinero, lo que implica una base económica distinta para un caso y para otro. Por otro lado, el sólo hecho de la migración en masa que se registra y la diversificación y aumento de los cultivos nos hablan de una transformación profunda de las relaciones de producción rurales, transformación que comenzó precisamente con los Gobiernos liberales del siglo XIX, Juárez, Lerdo y Díaz. Se cometen errores graves cuando no se distingue lo que diferencia una época de otra y se idealizan ciertas épocas pasadas, como aquellas en que se concedían “créditos y precios de protección” mismos que a fin de cuentas sirvieron para empujar fuertemente el desarrollo del campo en el sentido capitalista y apuntalar la diferenciación de clases que ahora se lamenta, todo lo cual siempre se hizo en beneficio de los más ricos y no en el de los explotados.
No se crea que pasamos por alto las duras e incluso trágicas condiciones en que se realiza el paso a formas capitalistas de explotación en el campo: los despojos, el desarraigo, la ruina en masa, el hambre, etc., agravados especialmente por el despotismo político, fruto histórico del escaso desarrollo organizativo y teórico de los explotados en países como el nuestro, que constituye una especie de círculo vicioso; pero ha de tomarse en cuenta que el estancamiento del campo en formas de explotación atrasadas sólo puede generar condiciones mucho más dolorosas y sin salida para los explotados. En otras palabras, los trabajadores del campo deben comprender que su única esperanza de libertad se vislumbrará en el avance del capitalismo hasta sus últimas consecuencias, en la exacerbación de sus contradicciones internas, pues sólo de esta manera los explotados podrán ver claramente los límites de la explotación y podrán vislumbrar los caminos de su superación.
¿Se quiere decir con esto que los trabajadores del campo deben renunciar a sus reivindicaciones inmediatas y que debe cesar toda resistencia al Estado y al capital? De ninguna manera, sino al contrario. En condiciones de atraso, en igual medida es necesaria la organización de los explotados en asociaciones de producción, de consumo, de defensa de la ecología, organizaciones políticas, etc. Pero debe advertirse sin ambages que esto no frena el avance del capital, sino que incluso lo acelera, debe decirse sin subterfugios que la ruina crónica de la pequeña producción es ineludible. No debiera alimentarse en el “campesinado” una fe en el futuro de la pequeña producción, pues esta carece de sustento y solamente le convertiría en reserva política del gran capital, que paradójicamente es lo que se quiere evitar, pues no hay mejor forma de sabotear la organización de masas de los trabajadores rurales que fomentar el apego a la parcela, o sea, a la propiedad privada. La defensa de la pequeña explotación sólo sirve a los intereses del gran capitalista.
“En su lado el trabajador de la ciudad – continúa el EZLN – pues las fábricas cierran y se quedan sin trabajo, o se abren las que se llaman maquiladoras, que son del extranjero y que pagan una miseria por muchas horas de trabajo. Y entonces no importa el precio de los productos que necesita el pueblo porque, aunque está caro o barato pues no hay la paga” (§3) Se produce de esta manera una mezcla de definiciones confusas que es preciso esclarecer, al menos de forma sumarísima. En primer lugar, no es necesario que una “fábrica” cierre para desemplear trabajadores, se olvidan los despidos, o el menor ritmo de contratación con respecto al aumento de la población, ambos procesos tienen lugar. El nivel de empleo depende, en última instancia, del nivel de la tasa de ganancia capitalista: tanto gano, tanto exploto.
En segundo lugar, se diferencia sin mayor precisión entre “fábricas” y “maquiladoras”, sólo se indica que estas últimas “son del extranjero”. ¿Acaso las maquiladoras no son fábricas? ¿Acaso los extranjeros no son dueños también de bancos, comercios y “fábricas”? Conviene hacer una breve puntualización sobre estos términos, introduciendo algunas definiciones.
La producción capitalista toma históricamente como punto de partida en la industria al pequeño taller artesano que desplaza al taller gremial del monopolio de la industria. Conforme progresa la organización del taller, éste eventualmente se transforma en manufactura, un gran taller que reúne un mayor número de trabajadores asalariados, que pueden o bien fabricar un mismo producto final o bien repartirse los distintos procesos para obtenerlo, desarrollando la división del trabajo al interior del centro de trabajo. La introducción de la máquina-herramienta acelera la división del trabajo y va diluyendo la especialización del trabajador, de modo que este va quedando apartado de los medios de producción, lo cual se logra en definitiva con la introducción de una fuente de poder central, el molino de agua, el de viento, la máquina de vapor, de combustión interna, eléctrica, etc. Se establece así la fábrica propiamente dicha. Las fábricas también se especializan y con el progreso de la división del trabajo nacional y luego internacional, los distintos pasos de las cadenas de producción se reparten en distintas fábricas o manufacturas repartidas a lo largo y ancho del país o entre muchos países. Las “maquiladoras” no son sino fábricas y manufacturas que realizan determinados procesos fraccionarios en la producción de artículos en cadenas de producción internacionales. Algunas maquiladoras son extranjeras, otras son nacionales, lo que ha llamado la atención sobre ellas es el hecho de que se encuentran fuertemente ligadas al capital imperial-monopolista y de que por lo tanto poseen una gran movilidad, trasladando sus operaciones ahí donde encuentran condiciones propicias: bajos salarios, regulaciones laxas, protección del Estado, etc. No tiene sentido entonces oponer las “fábricas” a las “maquiladoras”, pues unas y otras son eslabones de la misma cadena: la división internacional del trabajo. El esquema maquilador es el producto necesario del desenvolvimiento de la industria bajo el capitalismo imperialista contemporáneo.
Es incorrecto también, por lo tanto, suponer que tal profundización de la división del trabajo por sí sola supone que se “pague una miseria por muchas horas de trabajo” y que ya no importen los precios “pues no hay la paga”. La lucha por el salario es un factor más de la ecuación, pues el salario tiene dos límites móviles, a saber: un límite fisiológico y uno histórico-cultural, el primero comprende la cantidad de bienes necesarios para restituir la fuerza de trabajo del obrero y para su reproducción, es decir para el sostenimiento de una familia trabajadora, el segundo límite consiste de los bienes necesarios para satisfacer las necesidades espirituales (diversión, estudio, etc.) que los trabajadores han arrancado a los capitalistas en la lucha de clases. Y estos límites valen tanto para el sistema maquilador como para la fábrica que burdamente llamaremos “tradicional”. Por otro lado, las empresas del sistema “tradicional” también migran en circunstancias desfavorables, sólo que lo hacen con menos facilidad que las maquiladoras. Estas constituyen una organización del trabajo propia de la forma actual de la internacionalización del capital.
¿Sobre qué base el EZLN opone una “industria nacional” a la trasnacional en lo que respecta al asalariado? Dice: “Y si alguien se trabajaba en una pequeña o mediana empresa, pues ya no porque se cerró y la compró una gran trasnacional. Y si alguien tenía un pequeño negocio, pues también se desapareció o se puso a trabajar clandestinamente para las grandes empresas que los explotan una barbaridad, y hasta ponen a trabajar a los niños y niñas. Y si el trabajador estaba en un sindicato para demandar sus derechos legalmente, pues no, que ahora el mismo sindicato le dice que hay que apechugar que bajan el salario o la jornada de trabajo o quitan prestaciones, porque si no pues la empresa cierra y se va para otro país” (§3).
¿Sobre qué base el EZLN correlaciona “empresa nacional” con bienestar y derechos de los trabajadores? Su carácter “nacional” jamás le impidió al capitalismo mexicano explotar sin tregua y por todos los medios a su alcance al proletariado rural y urbano y a otras capas subordinadas. No debieran olvidarse las represiones masivas, la cacería de “subversivos”, los sindicatos blancos, los asesinatos de dirigentes y militantes sindicales, todo aquello que marcó el despotismo capitalista desde el porfirismo. ¿Considera el EZLN que la burguesía “nacional” era o es ajena a lo anterior? El aplastamiento de los trabajadores no es algo nuevo en México, el EZLN apela a los lugares comunes del pequeño productor que disfrutó de cierto bienestar y progreso material en las décadas posteriores a la reforma agraria cardenista, misma que entró en crisis hacia los años 1970s, cuando comenzó un proceso de restructuración del capitalismo a escala mundial, pero omite resaltar que el peso de este progreso capitalista siempre recayó sobre el proletariado rural y urbano y ciertas capas “campesinas” en vías de proletarización y que, por lo tanto, es un error colocar en el mismo grupo a estas clases con los grandes capitalistas, beneficiarios casi exclusivos de ese progreso. Las ventajas, mínimas, logradas por los trabajadores en esa época fueron arrancadas en la lucha, no pocas veces sangrienta, contra la ganancia capitalista. La pérdida de derechos y la baja de salarios que efectivamente se han producido dudosamente pueden atribuirse en exclusiva a una supuesta “destrucción económica” que es en realidad una restructuración de la división del trabajo bajo condiciones capitalistas, sino que conviene valorar el efecto del retroceso político y organizativo, al estancamiento y desmoralización del movimiento sindical, vinculados a dicha restructuración.
Extrae de todo esto el EZLN una conclusión inexacta muy propia del populismo, que ya hemos visto con anterioridad, “que, como la economía del pueblo está bien jodida tanto en el campo como en la ciudad, pues muchos mexicanos y mexicanas tienen que dejar su patria... e irse a buscar trabajo en otro país que es Estados Unidos, y ahí no los tratan bien, sino que los explotan, los persiguen y los desprecian y hasta los matan”(§4), conclusión que se empata muy bien con todo lo anterior.
Se resucita aquí la mítica economía popular de los antiguos populistas en la forma de la “economía del pueblo”, como algo opuesto a la economía capitalista. Pero no existe tal economía del pueblo separada de la capitalista, el mercado de bienes y de fuerza de trabajo liga indisolublemente a los distintos actores sociales en una única organización socioeconómica. También extrae el EZ de esta concepción errónea otro elemento inexacto: que la ruina de esta “economía del pueblo” es la causa de la migración desde el país hacia el extranjero y omite citar la migración desde el campo mexicano a las ciudades mexicanas, proceso aún vigente. El capitalismo se ha asentado ya en el campo a raíz de la creciente división del trabajo y el correspondiente intercambio de mercancías que fueron propiciados de manera importante por la reforma agraria, y la migración del campo es un subproducto de este proceso, originado por la proletarización de una gran masa de campesinos que son arruinados por la concurrencia capitalista. Es pues, la restructuración de las relaciones sociales del campo en función de los intereses del capital la fuente de la migración, migración que es una de las pocas armas en manos del proletariado rural para atemperar la disparidad entre el campo y la ciudad. No es plausible pues, buscar el origen de la migración en la ruina de una supuesta “economía del pueblo”, a menos que tal término se refiera a los ingresos de los trabajadores, en cuyo caso sería mejor decirlo así, en vez de inventar algo llamado “economía popular”. Por lo que respecta a la migración de origen rural y urbano hacia los EU, sólo puede tener su origen en las disparidades de las condiciones de vida entre ambos países, de otro modo no se explica que muchos mexicanos continúen intentando migrar si “los explotan, los persiguen y los desprecian y hasta los matan” (§4) pues en México también se persigue, desprecia y mata, ¿aducirá el EZLN que los migrantes persiguen un espejismo?
El propio EZLN lo constata cuando afirma que: “el neoliberalismo que nos imponen los malos gobiernos pues no ha mejorado la economía, al contrario, el campo está muy necesitado y en las ciudades no hay trabajo” (§4). “Y lo que está pasando es que México se está convirtiendo nomás en donde nacen un rato, y otro rato se mueren, los que trabajan para la riqueza de los extranjeros, principalmente de los gringos ricos” (§4), así se llega a una conclusión exacta y que merecería mayor desarrollo: “Por eso decimos que México está dominado por Estados Unidos” (§4).
Más adelante, dice el EZ: “pero no sólo pasa esto, sino que también el neoliberalismo cambió a la clase política de México, o sea a los políticos, porque los hizo como que son empleados de una tienda, que tienen que hacer todo lo posible por vender todo y bien barato” (§5). En momento alguno la “clase política” en la historia reciente del país ha dejado de estar al servicio del orden capitalista (que no necesariamente a las órdenes de los capitalistas), si se quiere decir que el Estado en su orientación actual se encuentra más dominado por el imperialismo que en épocas pasadas, pues simplemente debiera decirse así, en vez de pretender que bajo los gobiernos priístas se estaba lejos de la órbita del dominio imperialista. México ha sido un país dependiente desde su independencia de España, primero del capital inglés y luego del estadounidense, las políticas de autodeterminación se han arrancado en el curso de la lucha de clases. Asimismo, la política de privatizaciones-estatizaciones siempre se ha realizado en función de los intereses del orden capitalista, pretender que un gobierno “progresista” estatiza a ultranza y uno “reaccionario” vende a rajatabla, es un juicio demasiado simplista de una situación compleja, lo que debiera juzgarse en todo caso es si la política implementada hace avanzar al capitalismo o lo retrasa, de si sirve a una fracción avanzada del capital o a una retrasada.
Bajo una óptica poco elaborada se evalúa la modificación del artículo 27 constitucional: “cambiaron las leyes... y se pudieran vender las tierras ejidales y comunales. Eso fue el Salinas de Gortari, y él y sus bandas dijeron que es por el bien del campo y del campesino, y que así va a prosperar y a vivir mejor” (§5) Y se pregunta ingenuamente el EZLN: “¿Acaso ha sido así?” Se olvida o ignora que la cuestión fundamental en lo que respecta a la posición del Estado y el gran capital frente a la reforma agraria. El reparto de tierras y la creación de ejidos, a pesar de la retórica del grupo gobernante, no se concibió como la solución de los problemas de los campesinos a largo plazo, sino como un medio de desactivar su potencial revolucionario y asegurar así la estabilidad política del capitalismo, darle una base socioeconómica para consolidar sus fundamentos económicos y sacar todo el provecho posible de la descomposición del semi-proletariado “ejidal”. Si como hace el EZLN, observamos la cuestión desde el punto de vista del bienestar material del “campesinado”, compartiremos la misma conclusión que formula: “El campo mexicano está peor que nunca y los campesinos más jodidos que cuando Porfirio Díaz” (§5). Suponer que estos procesos debieran haber supuesto una bonanza perpetua y creciente para el “campesinado” es poco más que una postura que no se encuadra en una comprensión razonada, sino un esquema ideológico de clase, de clase pequeño-productora. El contenido de estos procesos carecía de un carácter distinto al del capitalismo; la creación de ejidos, en principio inalienables, sólo dificultó el proceso de diferenciación del campesinado en burguesía y proletariado, pero no lo suprimió, como quería hacer creer la demagogia priísta. Como muestra F. Omar Lerda ya en el año de 1984 , la información correspondiente al año 1970 arrojaba los indicios de un avanzado proceso de descomposición de los agricultores, tanto al interior del “sector privado” como en el “sector ejidal”, con la presencia de una gran burguesía agrícola minoritaria y una masa inmensa de obreros con parcela y una serie de estratos intermedios que dependen en menor o mayor medida del goce de salarios, complementados con la explotación de pequeñas parcelas, propias, ejidales o arrendadas, es decir, hacia 1970 , 18 375 predios de propiedad “privada”, el 1.8 % del total de ese sector, concentró el 62.3% de la producción agrícola de ese sector, con 364 629 pesos por predio en promedio, en tanto que 606 839 predios, el 60.8% del total produjeron únicamente el 1.6% del total, es decir, en promedio 291 pesos por predio. Con respecto al sector de propiedad “ejidal”, 4 194 predios, es decir el 0.2% del total del sector generó el 7.4% de la producción, con un valor promedio por predio de 180 949 pesos, mientras 798 664 predios, el 43.2% generaron únicamente el 3.2% del valor de la producción con 409 pesos por predio. Creer, como lo hace el EZLN que la cuestión esencial del sector agrícola gira en torno al artículo 27 constitucional, sobre restringir o no la propiedad de la tierra es pasar por alto el quid del proceso en curso, que reside en la emancipación del proletariado rural y urbano. Como afirma Michel Gutelman : “la ilusión principal de los agraristas consiste en creer que la solución de los problemas agrarios está en otra modificación de las relaciones de propiedad y en otra distribución del ahorro nacional sin que sea necesario tocar a las relaciones de clase fundamentales ni al modo de producción capitalista en su conjunto y, muy en particular, a su manifestación más característica: el mercado”. El populismo mexicano nunca excedió ni ha excedido los límites teóricos y económicos del capitalismo. Es significativo que estas tendencias, que ya eran patentes desde hace más de 40 años, pasaran desapercibidas para el populismo en su formulación actual.
El EZLN, de manera harto significativa, equipara la liberación de las restricciones al comercio de la tierra ejidal con la privatización de las empresas estatales, que según él, las “tenía el Estado para apoyar el bienestar del pueblo” (§5). La industria estatal y paraestatal fue concebida y puesta en marcha a fin de brindar a la empresa capitalista insumos baratos, sobre todo energéticos y asumir el costo y el riesgo de la operación de ramas productivas poco rentables pero necesarias. La existencia de una industria operada por un Estado al servicio de la clase capitalista es una cuestión de la política y programa al interior de esa misma clase, como lo es también la cuestión del comercio con el exterior, abrir o no las fronteras, es decir, aplicar políticas proteccionistas o no, es un problema de la correlación de fuerzas al interior de la clase capitalista y de esta con la burguesía extranjera. Digan lo que digan los capitalistas, atenerse a su palabra es atenerse al dicho de un sector con su propio interés en la cuestión. O sea que la propiedad ejidal actuó como un sector paraestatal al servicio del desarrollo capitalista.
Identificar el viraje, en las políticas referentes a la industria estatal y al comercio exterior hacia una mayor participación de capital privado y extranjero, con una ruta hacia el desastre es un tanto melodramático, se oscurece de esta forma el hecho de que los costos y riesgos de las políticas económicas y sociales capitalistas siempre descansan en los hombros de los proletarios, lo mismo de la ciudad que del campo. Un movimiento que aspire a la supresión del capitalismo debe abogar, en principio, por el progreso del capitalismo, es decir, debe pronunciarse a favor de aquellas políticas que acercan al capitalismo a su fin, debe fortalecer la lucha independiente de todos los explotados por sus intereses y educarlos en la plena conciencia de la naturaleza de las contradicciones del capitalismo, alejando de ellos las fantasías populistas, por muy caras que les resulten. Un trabajo de tal magnitud es, ciertamente difícil, por múltiples motivos, de orden tanto teórico como práctico. Es ciertamente más cómodo hablar de que: “la Constitución ya está toda manoseada y cambiada. Ya no es la que tenía los derechos y las libertades del pueblo trabajador, sino que ahora están los derechos y las libertades de los neoliberalistas para tener sus grandes ganancias. Y los jueces están para servir a esos neoliberalistas, porque siempre dan su palabra a favor de ellos, y a los que no son ricos pues les tocan las injusticias, las cárceles, los cementerios”(§10).
Esto lleva al EZ al planteamiento ultra-revolucionario: “Y los partidos políticos electorales no nada más no defienden, sino que primero que nadie son los que se ponen al servicio de los extranjeros, principalmente de los de Estados Unidos, y son los que se encargan de engañarnos, haciéndonos que miramos para otro lado mientras venden todo y se quedan con la paga. Todos los partidos políticos electorales que hay ahorita, no nomás unos. Piensen ustedes si algo han hecho bien y verán que no, que puras robaderas y transas. Y vean cómo los políticos electorales siempre tienen sus buenas casas y sus buenos carros y sus lujos. Y todavía quieren que les damos las gracias y que otra vuelta votamos por ellos. Y es que de plano, como luego dicen, no tienen madre. Y no la tienen porque de por sí no tienen patria, sólo tienen cuentas bancarias” (§7), y, más adelante: “¿Estamos diciendo que la política no sirve? No, lo que queremos decir es que esa política no sirve.” etc. Planteamiento que olvida que la política no es una construcción arbitraria, sino producto del desarrollo de la lucha de clases, y que no puede hacerse como que puede ser barrida de un manotazo para empezar desde cero, una política verdaderamente de izquierda sería que a los políticos “izquierdistas” se les “tome la palabra” a sabiendas que no cumplirán, pero con la intención de exhibir sus contradicciones e inconsecuencias frente a las masas populares, cuyo retraso político es la fuente última de la sobrevivencia de la lacra política de la “izquierda” oportunista y colaboracionista. Aislar a la vanguardia del movimiento popular sólo sirve al partido conservador. Más útil es un deslinde teórico y programático como el que el EZ realiza con esta Sexta Declaración.
Conclusión.
El esfuerzo de esclarecimiento de sus puntos de vista teóricos que hace el EZLN es digno de reconocimiento, sobre todo en una época caracterizada por un tecno-burocratismo burgués tramposamente presentado por los aparatos ideológicos del Estado como “apolítico”, “ahistórico”, “sin ideología”, que en realidad ostenta la política e ideología burguesas-imperialistas al servicio de la clase capitalista en su desenvolvimiento histórico.
La historia, más que cualquier disquisición teórica confrontará al EZLN con las contradicciones que manifiesta, pues tal resolución se le presentará como una necesidad no sólo teórica o programática sino práctica e histórica.
El apartado IV de la Sexta Declaración de la Selva Lacandona constituye un análisis de la situación contemporánea de México: “Ahora les platicamos lo que está pasando en nuestro México” (§1). El EZLN retoma algunos puntos ya planteados anteriormente y los centra en hechos de la historia reciente del país.
Afirma el EZLN: “lo que vemos es que nuestro país está gobernado por los neoliberalistas” (§1). Más propiamente, como hemos sostenido antes, debiera hablarse de “imperialistas”, o si se prefiere, de neoimperialistas. El EZLN nos alerta, “los gobernantes que tenemos están destruyendo lo que es nuestra nación, nuestra patria mexicana” (§1). Afirma acertadamente que “su trabajo de estos malos gobernantes no es mirar por el bienestar del pueblo, sino que sólo están pendientes del bienestar de los capitalistas” (§1) ¿Cómo “destruyen la nación”estos “malos gobernantes”? “Hacen leyes como las del TLC que pasan a dejar en la miseria a muchos mexicanos, tanto campesinos y pequeños productores, porque son comidos por las grandes empresas agroindustriales; tanto como los obreros y pequeños empresarios, porque no pueden competir con las grandes trasnacionales que se meten sin que nadie les diga nada y hasta les dan las gracias, y ponen sus bajos salarios y sus altos precios” (§1). Es decir, el EZLN identifica mecánicamente la ruina del pequeño productor y comerciante con la ruina de la “nación”. Pero, ¿sobre qué base el EZLN habla de que los obreros “compiten” con las trasnacionales junto a los pequeños empresarios? Las trasnacionales también contratan trabajadores nacionales, además, bajo el capitalismo predomina la competencia, tanto entre los propios capitalistas por ganancias como entre los trabajadores por los empleos. Esta es, por decirlo en términos coloquiales, la ley de la selva capitalista, sin embargo; debe hacerse el señalamiento puntual de que el predominio de la gran industria, en medio de sus profundas contradicciones, constituye la situación más ventajosa para los proletarios rurales y urbanos, hablando en términos históricos, por cuanto hace posible su organización en tanto clase social; situación muy diferente a la que tiene lugar bajo el predominio de la pequeña producción, donde dicha organización es incomparablemente más difícil de lograr pues no solo se enfrenta a la competencia entre trabajadores, sino a la dispersión geográfica y laboral de los mismos y a las actitudes paternalistas típicas del pequeño patrono.
La situación, pues, no puede reducirse a la cuestión de si los salarios y precios son altos o bajos, sino que debe comprenderse en términos de la lucha de clases.
En el mismo párrafo, en consonancia con la tergiversación arriba mostrada habla de “algunas de las bases económicas de nuestro México, que eran el campo y la industria y el comercio nacionales, están bien destruidos y apenas quedan unos pocos escombros que seguro también van a vender” (§1) ¿Cuáles son las otras “bases económicas de nuestro México” aparte del campo, la industria y el comercio? ¿Los servicios? ¿Y estos no están “destruidos”? El EZLN aduce todo lo anterior sin aportar cifra o referencia alguna, apelando quizá a la percepción subjetiva que propalan en los medios de comunicación, misma que se desprende de la constante ruina de la pequeña producción.
El EZ confunde la destrucción de la pequeña producción con el avance de la gran producción capitalista, lo que le conduce indefectiblemente a ilusiones sobre supuestas ventajas de la pequeña producción frente a la grande. Dice el EZLN “y estas son grandes desgracias para nuestra patria. Porque pues en el campo ya no se producen los alimentos, sino sólo lo que venden los grandes capitalistas, y las buenas tierras son robadas con mañas y con el apoyo de los políticos” (§2), pasa por alto el EZ el hecho de que el país forma parte de la división internacional del trabajo y que, por lo tanto, la búsqueda de ganancias capitalistas orienta la producción, por ejemplo, si el grano extranjero es más barato, se deja de producir en el país y se aumenta la producción de otros bienes agropecuarios con mayor demanda, como hortalizas y fibras textiles. Avanza la tecnificación del campo, se fortalece la diferenciación del campesinado en burguesía y proletariado y con ello la posibilidad de sustituir las viejas formas precapitalistas y capitalistas poco desarrolladas que aún agobian la vida rural, se ha olvidado ya la siniestra lacra de los acaparadores, pero estos no son preferibles a la gran empresa agropecuaria, que representa, al menos, la posibilidad de la organización de masas en el medio rural.
Es de dudarse que el EZLN manifieste algún tipo de nostalgia por acaparadores, usureros, finqueros y demás sanguijuelas del campo, por lo cual resulta extraño esta añoranza por la producción campesina, esta idealización del atraso rural que ha sido el fermento tradicional de las formas más brutales de explotación a lo largo de la historia de América Latina y de buena parte del planeta. Dice el EZ: “que en el campo está pasando igual que cuando el porfirismo, nomás que, en lugar de hacendados, ahora son unas empresas extranjeras las que tienen al campesino bien jodido. Y donde antes había créditos y precios de protección, ahora sólo hay limosnas... y a veces ni eso” (§2), pero la diferencia entre estas épocas históricas no se trata solamente de una sustitución de un patrón por otro, en principio no olvidemos que bajo el porfirismo la concentración de la tierra y la ruina del campesinado se efectuaron todavía por medio de la fuerza, mientras que en la actualidad se hace por medio del dinero, lo que implica una base económica distinta para un caso y para otro. Por otro lado, el sólo hecho de la migración en masa que se registra y la diversificación y aumento de los cultivos nos hablan de una transformación profunda de las relaciones de producción rurales, transformación que comenzó precisamente con los Gobiernos liberales del siglo XIX, Juárez, Lerdo y Díaz. Se cometen errores graves cuando no se distingue lo que diferencia una época de otra y se idealizan ciertas épocas pasadas, como aquellas en que se concedían “créditos y precios de protección” mismos que a fin de cuentas sirvieron para empujar fuertemente el desarrollo del campo en el sentido capitalista y apuntalar la diferenciación de clases que ahora se lamenta, todo lo cual siempre se hizo en beneficio de los más ricos y no en el de los explotados.
No se crea que pasamos por alto las duras e incluso trágicas condiciones en que se realiza el paso a formas capitalistas de explotación en el campo: los despojos, el desarraigo, la ruina en masa, el hambre, etc., agravados especialmente por el despotismo político, fruto histórico del escaso desarrollo organizativo y teórico de los explotados en países como el nuestro, que constituye una especie de círculo vicioso; pero ha de tomarse en cuenta que el estancamiento del campo en formas de explotación atrasadas sólo puede generar condiciones mucho más dolorosas y sin salida para los explotados. En otras palabras, los trabajadores del campo deben comprender que su única esperanza de libertad se vislumbrará en el avance del capitalismo hasta sus últimas consecuencias, en la exacerbación de sus contradicciones internas, pues sólo de esta manera los explotados podrán ver claramente los límites de la explotación y podrán vislumbrar los caminos de su superación.
¿Se quiere decir con esto que los trabajadores del campo deben renunciar a sus reivindicaciones inmediatas y que debe cesar toda resistencia al Estado y al capital? De ninguna manera, sino al contrario. En condiciones de atraso, en igual medida es necesaria la organización de los explotados en asociaciones de producción, de consumo, de defensa de la ecología, organizaciones políticas, etc. Pero debe advertirse sin ambages que esto no frena el avance del capital, sino que incluso lo acelera, debe decirse sin subterfugios que la ruina crónica de la pequeña producción es ineludible. No debiera alimentarse en el “campesinado” una fe en el futuro de la pequeña producción, pues esta carece de sustento y solamente le convertiría en reserva política del gran capital, que paradójicamente es lo que se quiere evitar, pues no hay mejor forma de sabotear la organización de masas de los trabajadores rurales que fomentar el apego a la parcela, o sea, a la propiedad privada. La defensa de la pequeña explotación sólo sirve a los intereses del gran capitalista.
“En su lado el trabajador de la ciudad – continúa el EZLN – pues las fábricas cierran y se quedan sin trabajo, o se abren las que se llaman maquiladoras, que son del extranjero y que pagan una miseria por muchas horas de trabajo. Y entonces no importa el precio de los productos que necesita el pueblo porque, aunque está caro o barato pues no hay la paga” (§3) Se produce de esta manera una mezcla de definiciones confusas que es preciso esclarecer, al menos de forma sumarísima. En primer lugar, no es necesario que una “fábrica” cierre para desemplear trabajadores, se olvidan los despidos, o el menor ritmo de contratación con respecto al aumento de la población, ambos procesos tienen lugar. El nivel de empleo depende, en última instancia, del nivel de la tasa de ganancia capitalista: tanto gano, tanto exploto.
En segundo lugar, se diferencia sin mayor precisión entre “fábricas” y “maquiladoras”, sólo se indica que estas últimas “son del extranjero”. ¿Acaso las maquiladoras no son fábricas? ¿Acaso los extranjeros no son dueños también de bancos, comercios y “fábricas”? Conviene hacer una breve puntualización sobre estos términos, introduciendo algunas definiciones.
La producción capitalista toma históricamente como punto de partida en la industria al pequeño taller artesano que desplaza al taller gremial del monopolio de la industria. Conforme progresa la organización del taller, éste eventualmente se transforma en manufactura, un gran taller que reúne un mayor número de trabajadores asalariados, que pueden o bien fabricar un mismo producto final o bien repartirse los distintos procesos para obtenerlo, desarrollando la división del trabajo al interior del centro de trabajo. La introducción de la máquina-herramienta acelera la división del trabajo y va diluyendo la especialización del trabajador, de modo que este va quedando apartado de los medios de producción, lo cual se logra en definitiva con la introducción de una fuente de poder central, el molino de agua, el de viento, la máquina de vapor, de combustión interna, eléctrica, etc. Se establece así la fábrica propiamente dicha. Las fábricas también se especializan y con el progreso de la división del trabajo nacional y luego internacional, los distintos pasos de las cadenas de producción se reparten en distintas fábricas o manufacturas repartidas a lo largo y ancho del país o entre muchos países. Las “maquiladoras” no son sino fábricas y manufacturas que realizan determinados procesos fraccionarios en la producción de artículos en cadenas de producción internacionales. Algunas maquiladoras son extranjeras, otras son nacionales, lo que ha llamado la atención sobre ellas es el hecho de que se encuentran fuertemente ligadas al capital imperial-monopolista y de que por lo tanto poseen una gran movilidad, trasladando sus operaciones ahí donde encuentran condiciones propicias: bajos salarios, regulaciones laxas, protección del Estado, etc. No tiene sentido entonces oponer las “fábricas” a las “maquiladoras”, pues unas y otras son eslabones de la misma cadena: la división internacional del trabajo. El esquema maquilador es el producto necesario del desenvolvimiento de la industria bajo el capitalismo imperialista contemporáneo.
Es incorrecto también, por lo tanto, suponer que tal profundización de la división del trabajo por sí sola supone que se “pague una miseria por muchas horas de trabajo” y que ya no importen los precios “pues no hay la paga”. La lucha por el salario es un factor más de la ecuación, pues el salario tiene dos límites móviles, a saber: un límite fisiológico y uno histórico-cultural, el primero comprende la cantidad de bienes necesarios para restituir la fuerza de trabajo del obrero y para su reproducción, es decir para el sostenimiento de una familia trabajadora, el segundo límite consiste de los bienes necesarios para satisfacer las necesidades espirituales (diversión, estudio, etc.) que los trabajadores han arrancado a los capitalistas en la lucha de clases. Y estos límites valen tanto para el sistema maquilador como para la fábrica que burdamente llamaremos “tradicional”. Por otro lado, las empresas del sistema “tradicional” también migran en circunstancias desfavorables, sólo que lo hacen con menos facilidad que las maquiladoras. Estas constituyen una organización del trabajo propia de la forma actual de la internacionalización del capital.
¿Sobre qué base el EZLN opone una “industria nacional” a la trasnacional en lo que respecta al asalariado? Dice: “Y si alguien se trabajaba en una pequeña o mediana empresa, pues ya no porque se cerró y la compró una gran trasnacional. Y si alguien tenía un pequeño negocio, pues también se desapareció o se puso a trabajar clandestinamente para las grandes empresas que los explotan una barbaridad, y hasta ponen a trabajar a los niños y niñas. Y si el trabajador estaba en un sindicato para demandar sus derechos legalmente, pues no, que ahora el mismo sindicato le dice que hay que apechugar que bajan el salario o la jornada de trabajo o quitan prestaciones, porque si no pues la empresa cierra y se va para otro país” (§3).
¿Sobre qué base el EZLN correlaciona “empresa nacional” con bienestar y derechos de los trabajadores? Su carácter “nacional” jamás le impidió al capitalismo mexicano explotar sin tregua y por todos los medios a su alcance al proletariado rural y urbano y a otras capas subordinadas. No debieran olvidarse las represiones masivas, la cacería de “subversivos”, los sindicatos blancos, los asesinatos de dirigentes y militantes sindicales, todo aquello que marcó el despotismo capitalista desde el porfirismo. ¿Considera el EZLN que la burguesía “nacional” era o es ajena a lo anterior? El aplastamiento de los trabajadores no es algo nuevo en México, el EZLN apela a los lugares comunes del pequeño productor que disfrutó de cierto bienestar y progreso material en las décadas posteriores a la reforma agraria cardenista, misma que entró en crisis hacia los años 1970s, cuando comenzó un proceso de restructuración del capitalismo a escala mundial, pero omite resaltar que el peso de este progreso capitalista siempre recayó sobre el proletariado rural y urbano y ciertas capas “campesinas” en vías de proletarización y que, por lo tanto, es un error colocar en el mismo grupo a estas clases con los grandes capitalistas, beneficiarios casi exclusivos de ese progreso. Las ventajas, mínimas, logradas por los trabajadores en esa época fueron arrancadas en la lucha, no pocas veces sangrienta, contra la ganancia capitalista. La pérdida de derechos y la baja de salarios que efectivamente se han producido dudosamente pueden atribuirse en exclusiva a una supuesta “destrucción económica” que es en realidad una restructuración de la división del trabajo bajo condiciones capitalistas, sino que conviene valorar el efecto del retroceso político y organizativo, al estancamiento y desmoralización del movimiento sindical, vinculados a dicha restructuración.
Extrae de todo esto el EZLN una conclusión inexacta muy propia del populismo, que ya hemos visto con anterioridad, “que, como la economía del pueblo está bien jodida tanto en el campo como en la ciudad, pues muchos mexicanos y mexicanas tienen que dejar su patria... e irse a buscar trabajo en otro país que es Estados Unidos, y ahí no los tratan bien, sino que los explotan, los persiguen y los desprecian y hasta los matan”(§4), conclusión que se empata muy bien con todo lo anterior.
Se resucita aquí la mítica economía popular de los antiguos populistas en la forma de la “economía del pueblo”, como algo opuesto a la economía capitalista. Pero no existe tal economía del pueblo separada de la capitalista, el mercado de bienes y de fuerza de trabajo liga indisolublemente a los distintos actores sociales en una única organización socioeconómica. También extrae el EZ de esta concepción errónea otro elemento inexacto: que la ruina de esta “economía del pueblo” es la causa de la migración desde el país hacia el extranjero y omite citar la migración desde el campo mexicano a las ciudades mexicanas, proceso aún vigente. El capitalismo se ha asentado ya en el campo a raíz de la creciente división del trabajo y el correspondiente intercambio de mercancías que fueron propiciados de manera importante por la reforma agraria, y la migración del campo es un subproducto de este proceso, originado por la proletarización de una gran masa de campesinos que son arruinados por la concurrencia capitalista. Es pues, la restructuración de las relaciones sociales del campo en función de los intereses del capital la fuente de la migración, migración que es una de las pocas armas en manos del proletariado rural para atemperar la disparidad entre el campo y la ciudad. No es plausible pues, buscar el origen de la migración en la ruina de una supuesta “economía del pueblo”, a menos que tal término se refiera a los ingresos de los trabajadores, en cuyo caso sería mejor decirlo así, en vez de inventar algo llamado “economía popular”. Por lo que respecta a la migración de origen rural y urbano hacia los EU, sólo puede tener su origen en las disparidades de las condiciones de vida entre ambos países, de otro modo no se explica que muchos mexicanos continúen intentando migrar si “los explotan, los persiguen y los desprecian y hasta los matan” (§4) pues en México también se persigue, desprecia y mata, ¿aducirá el EZLN que los migrantes persiguen un espejismo?
El propio EZLN lo constata cuando afirma que: “el neoliberalismo que nos imponen los malos gobiernos pues no ha mejorado la economía, al contrario, el campo está muy necesitado y en las ciudades no hay trabajo” (§4). “Y lo que está pasando es que México se está convirtiendo nomás en donde nacen un rato, y otro rato se mueren, los que trabajan para la riqueza de los extranjeros, principalmente de los gringos ricos” (§4), así se llega a una conclusión exacta y que merecería mayor desarrollo: “Por eso decimos que México está dominado por Estados Unidos” (§4).
Más adelante, dice el EZ: “pero no sólo pasa esto, sino que también el neoliberalismo cambió a la clase política de México, o sea a los políticos, porque los hizo como que son empleados de una tienda, que tienen que hacer todo lo posible por vender todo y bien barato” (§5). En momento alguno la “clase política” en la historia reciente del país ha dejado de estar al servicio del orden capitalista (que no necesariamente a las órdenes de los capitalistas), si se quiere decir que el Estado en su orientación actual se encuentra más dominado por el imperialismo que en épocas pasadas, pues simplemente debiera decirse así, en vez de pretender que bajo los gobiernos priístas se estaba lejos de la órbita del dominio imperialista. México ha sido un país dependiente desde su independencia de España, primero del capital inglés y luego del estadounidense, las políticas de autodeterminación se han arrancado en el curso de la lucha de clases. Asimismo, la política de privatizaciones-estatizaciones siempre se ha realizado en función de los intereses del orden capitalista, pretender que un gobierno “progresista” estatiza a ultranza y uno “reaccionario” vende a rajatabla, es un juicio demasiado simplista de una situación compleja, lo que debiera juzgarse en todo caso es si la política implementada hace avanzar al capitalismo o lo retrasa, de si sirve a una fracción avanzada del capital o a una retrasada.
Bajo una óptica poco elaborada se evalúa la modificación del artículo 27 constitucional: “cambiaron las leyes... y se pudieran vender las tierras ejidales y comunales. Eso fue el Salinas de Gortari, y él y sus bandas dijeron que es por el bien del campo y del campesino, y que así va a prosperar y a vivir mejor” (§5) Y se pregunta ingenuamente el EZLN: “¿Acaso ha sido así?” Se olvida o ignora que la cuestión fundamental en lo que respecta a la posición del Estado y el gran capital frente a la reforma agraria. El reparto de tierras y la creación de ejidos, a pesar de la retórica del grupo gobernante, no se concibió como la solución de los problemas de los campesinos a largo plazo, sino como un medio de desactivar su potencial revolucionario y asegurar así la estabilidad política del capitalismo, darle una base socioeconómica para consolidar sus fundamentos económicos y sacar todo el provecho posible de la descomposición del semi-proletariado “ejidal”. Si como hace el EZLN, observamos la cuestión desde el punto de vista del bienestar material del “campesinado”, compartiremos la misma conclusión que formula: “El campo mexicano está peor que nunca y los campesinos más jodidos que cuando Porfirio Díaz” (§5). Suponer que estos procesos debieran haber supuesto una bonanza perpetua y creciente para el “campesinado” es poco más que una postura que no se encuadra en una comprensión razonada, sino un esquema ideológico de clase, de clase pequeño-productora. El contenido de estos procesos carecía de un carácter distinto al del capitalismo; la creación de ejidos, en principio inalienables, sólo dificultó el proceso de diferenciación del campesinado en burguesía y proletariado, pero no lo suprimió, como quería hacer creer la demagogia priísta. Como muestra F. Omar Lerda ya en el año de 1984 , la información correspondiente al año 1970 arrojaba los indicios de un avanzado proceso de descomposición de los agricultores, tanto al interior del “sector privado” como en el “sector ejidal”, con la presencia de una gran burguesía agrícola minoritaria y una masa inmensa de obreros con parcela y una serie de estratos intermedios que dependen en menor o mayor medida del goce de salarios, complementados con la explotación de pequeñas parcelas, propias, ejidales o arrendadas, es decir, hacia 1970 , 18 375 predios de propiedad “privada”, el 1.8 % del total de ese sector, concentró el 62.3% de la producción agrícola de ese sector, con 364 629 pesos por predio en promedio, en tanto que 606 839 predios, el 60.8% del total produjeron únicamente el 1.6% del total, es decir, en promedio 291 pesos por predio. Con respecto al sector de propiedad “ejidal”, 4 194 predios, es decir el 0.2% del total del sector generó el 7.4% de la producción, con un valor promedio por predio de 180 949 pesos, mientras 798 664 predios, el 43.2% generaron únicamente el 3.2% del valor de la producción con 409 pesos por predio. Creer, como lo hace el EZLN que la cuestión esencial del sector agrícola gira en torno al artículo 27 constitucional, sobre restringir o no la propiedad de la tierra es pasar por alto el quid del proceso en curso, que reside en la emancipación del proletariado rural y urbano. Como afirma Michel Gutelman : “la ilusión principal de los agraristas consiste en creer que la solución de los problemas agrarios está en otra modificación de las relaciones de propiedad y en otra distribución del ahorro nacional sin que sea necesario tocar a las relaciones de clase fundamentales ni al modo de producción capitalista en su conjunto y, muy en particular, a su manifestación más característica: el mercado”. El populismo mexicano nunca excedió ni ha excedido los límites teóricos y económicos del capitalismo. Es significativo que estas tendencias, que ya eran patentes desde hace más de 40 años, pasaran desapercibidas para el populismo en su formulación actual.
El EZLN, de manera harto significativa, equipara la liberación de las restricciones al comercio de la tierra ejidal con la privatización de las empresas estatales, que según él, las “tenía el Estado para apoyar el bienestar del pueblo” (§5). La industria estatal y paraestatal fue concebida y puesta en marcha a fin de brindar a la empresa capitalista insumos baratos, sobre todo energéticos y asumir el costo y el riesgo de la operación de ramas productivas poco rentables pero necesarias. La existencia de una industria operada por un Estado al servicio de la clase capitalista es una cuestión de la política y programa al interior de esa misma clase, como lo es también la cuestión del comercio con el exterior, abrir o no las fronteras, es decir, aplicar políticas proteccionistas o no, es un problema de la correlación de fuerzas al interior de la clase capitalista y de esta con la burguesía extranjera. Digan lo que digan los capitalistas, atenerse a su palabra es atenerse al dicho de un sector con su propio interés en la cuestión. O sea que la propiedad ejidal actuó como un sector paraestatal al servicio del desarrollo capitalista.
Identificar el viraje, en las políticas referentes a la industria estatal y al comercio exterior hacia una mayor participación de capital privado y extranjero, con una ruta hacia el desastre es un tanto melodramático, se oscurece de esta forma el hecho de que los costos y riesgos de las políticas económicas y sociales capitalistas siempre descansan en los hombros de los proletarios, lo mismo de la ciudad que del campo. Un movimiento que aspire a la supresión del capitalismo debe abogar, en principio, por el progreso del capitalismo, es decir, debe pronunciarse a favor de aquellas políticas que acercan al capitalismo a su fin, debe fortalecer la lucha independiente de todos los explotados por sus intereses y educarlos en la plena conciencia de la naturaleza de las contradicciones del capitalismo, alejando de ellos las fantasías populistas, por muy caras que les resulten. Un trabajo de tal magnitud es, ciertamente difícil, por múltiples motivos, de orden tanto teórico como práctico. Es ciertamente más cómodo hablar de que: “la Constitución ya está toda manoseada y cambiada. Ya no es la que tenía los derechos y las libertades del pueblo trabajador, sino que ahora están los derechos y las libertades de los neoliberalistas para tener sus grandes ganancias. Y los jueces están para servir a esos neoliberalistas, porque siempre dan su palabra a favor de ellos, y a los que no son ricos pues les tocan las injusticias, las cárceles, los cementerios”(§10).
Esto lleva al EZ al planteamiento ultra-revolucionario: “Y los partidos políticos electorales no nada más no defienden, sino que primero que nadie son los que se ponen al servicio de los extranjeros, principalmente de los de Estados Unidos, y son los que se encargan de engañarnos, haciéndonos que miramos para otro lado mientras venden todo y se quedan con la paga. Todos los partidos políticos electorales que hay ahorita, no nomás unos. Piensen ustedes si algo han hecho bien y verán que no, que puras robaderas y transas. Y vean cómo los políticos electorales siempre tienen sus buenas casas y sus buenos carros y sus lujos. Y todavía quieren que les damos las gracias y que otra vuelta votamos por ellos. Y es que de plano, como luego dicen, no tienen madre. Y no la tienen porque de por sí no tienen patria, sólo tienen cuentas bancarias” (§7), y, más adelante: “¿Estamos diciendo que la política no sirve? No, lo que queremos decir es que esa política no sirve.” etc. Planteamiento que olvida que la política no es una construcción arbitraria, sino producto del desarrollo de la lucha de clases, y que no puede hacerse como que puede ser barrida de un manotazo para empezar desde cero, una política verdaderamente de izquierda sería que a los políticos “izquierdistas” se les “tome la palabra” a sabiendas que no cumplirán, pero con la intención de exhibir sus contradicciones e inconsecuencias frente a las masas populares, cuyo retraso político es la fuente última de la sobrevivencia de la lacra política de la “izquierda” oportunista y colaboracionista. Aislar a la vanguardia del movimiento popular sólo sirve al partido conservador. Más útil es un deslinde teórico y programático como el que el EZ realiza con esta Sexta Declaración.
Conclusión.
El esfuerzo de esclarecimiento de sus puntos de vista teóricos que hace el EZLN es digno de reconocimiento, sobre todo en una época caracterizada por un tecno-burocratismo burgués tramposamente presentado por los aparatos ideológicos del Estado como “apolítico”, “ahistórico”, “sin ideología”, que en realidad ostenta la política e ideología burguesas-imperialistas al servicio de la clase capitalista en su desenvolvimiento histórico.
La historia, más que cualquier disquisición teórica confrontará al EZLN con las contradicciones que manifiesta, pues tal resolución se le presentará como una necesidad no sólo teórica o programática sino práctica e histórica.
jueves, 7 de enero de 2010
La Sexta Declaración de la Selva Lacandona: ¿Una apología del capitalismo?
Parte I de II: La Sexta y el capitalismo.
En junio de 2005 se publicó la Sexta Declaración de la Selva Lacandona del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN). El apartado III es una exposición de la concepción zapatista de la organización social contemporánea del mundo y nos brinda una mirada a la ideología del zapatismo chiapaneco.
“Ahora vamos a explicarles – comienza la Sexta- cómo es que vemos nosotros los zapatistas lo que pasa en el mundo” (§1). Se identifica al capitalismo como la organización social dominante: “Pues vemos que el capitalismo es el que está más fuerte ahorita.” (§1). Pero más adelante se caracteriza inexactamente al capitalismo como “un sistema social, o sea una forma como en una sociedad están organizadas las cosas y las personas” (§1), pues una organización social no es una organización de las cosas; el valor, el precio, y las demás categorías económicas no emanan de la naturaleza física de los objetos, sino de las relaciones entre quienes las producen. Dicha concepción de la economía como relación entre cosas fue denunciada en su tiempo por Marx como el “fetichismo de la mercancía”. Esta concepción en la Sexta conduce a afirmar que: “En el capitalismo hay unos que tienen dinero, o sea capital y fábricas y tiendas y campos y muchas cosas, y hay otros que no tienen nada, sino que sólo tienen su fuerza y su conocimiento para trabajar; y en el capitalismo mandan los que tienen el dinero y las cosas, y obedecen los que nomás tienen su capacidad de trabajo.” (§1) Es decir, se asigna a las cosas un poder sobre los hombres que emana de una fuerza oculta y misteriosa al entendimiento. Se separa capital, fábricas y demás como formas del “dinero”, siendo que el mismo dinero y las “cosas” no son sino otras tantas formas del capital, éste último, en tanto que magnitud social, como relación social objetiva, se encuentra representado por determinadas cantidades de mercancías, cuyos precios se expresan en “dinero”. Es decir, de trabajo humano “materializado”. Es la posesión de determinada cantidad de capital la que determina “quién manda” y “quién obedece”, no porque las cosas por sí mismas lo determinen, sino porque el capital es una relación social jerárquica.
Afirma en sentido semejante el EZLN: “el capitalismo quiere decir que hay unos pocos que tienen grandes riquezas, pero no es que se sacaron un premio, o que se encontraron un tesoro, o que heredaron de un pariente, sino que esas riquezas las obtienen de explotar el trabajo de muchos” (§2) Aquí se ve con claridad lo dicho anteriormente, ¿acaso los tesoros, las herencias y los premios tienen sentido fuera de una sociedad basada en la explotación? Lo tendrían si “la riqueza” (el valor) emanara, por decirlo así, de los propios objetos y no de determinadas relaciones en las que tales objetos adquieren significado o valor.
Esta concepción fetichista de la explotación lleva al EZLN a caracterizarla como “injusta” (§2): “el capitalismo se basa en la explotación de los trabajadores (...) Esto se hace con injusticias porque al trabajador no le pagan cabal lo que es su trabajo, sino que apenas le dan un salario para que coma un poco y se descanse un tantito, y al otro día vuelta a trabajar en el explotadero, que sea en el campo o en la ciudad” (§2). En realidad, el salario es la justicia en el capitalismo y, por tanto, ya el salario pagado en lo justo, “cabalmente”, representa explotación, pues nunca incluye el valor completo del trabajo, sino sólo de la fuerza de trabajo, sin explotación asalariada no se puede hablar de capitalismo ya que no se podría hablar de ganancia capitalista y por tanto, de orden capitalista.
Esto constituye una concepción moralista y romántica de la organización capitalista: “Y también el capitalismo hace su riqueza con despojo, o sea con robo (...) es un sistema donde los robadores están libres y son admirados y puestos como ejemplo” (§3). Pero se pasa por alto que, en primer lugar, la dominación de los capitalistas también se expresa en el plano jurídico-político de la sociedad, y que por tanto, la posesión de riquezas condiciona un marco jurídico al servicio de la clase capitalista, un marco que busca adecuarse para favorecer el aumento de la ganancia y el mantenimiento de la explotación capitalista. En otras palabras, lo que para unos es “despojo”, para otros es “progreso”. Claro, se dirá, el “robo”, el “despojo”, tipificados como tales por la propia ley se emplean, sistemáticamente en muchos casos, para aumentar el capital; pero ha de responderse que esto incrementa la explotación, no la crea, puede decirse que incluso el capitalismo más honrado es expoliador de la fuerza de trabajo y de la naturaleza.
El fetichismo de la mercancía y la concepción romántica de las relaciones sociales capitalistas y de su jurisprudencia llevan al EZLN a afirmar que: “Y, además de explotar y despojar, el capitalismo reprime porque encarcela y mata a los que se rebelan contra la injusticia” (§4). Más bien, debiera decirse: el capitalismo reprime a los que se oponen a la propiedad burguesa, o sea, a aquella forma de propiedad que priva a las mayorías hasta de lo indispensable para que unos pocos sean ricos.
Dice el EZ: “Al capitalismo lo que más le interesa son las mercancías, porque cuando se compran y se venden dan ganancias”(§5). Y más adelante: “el capitalismo todo lo convierte en mercancías (...) todo se tiene que poder comprar y vender” (§5), pero hace falta indicar con claridad que es la producción de mercancías la que ha creado al capitalismo, primero ha sido el huevo (la mercancía) y luego la gallina (el capitalismo) y no al revés, como pudiera creerse si no se lee con cuidado lo que dice el EZLN. El capitalismo no es un agente externo que llega de las alturas a trastocar el idílico mundo campesino, es, por el contrario, el producto del desarrollo de la sociedad en un momento dado, concretamente hablando, es, en México la culminación de todo un periodo histórico de destrucción de las comunidades agrícolas heredadas de la época prehispánica y que arranca con la invasión española. El EZLN saca una conclusión acertada: “Y todo lo esconde (el capitalismo) detrás de las mercancías para que no veamos la explotación que hace” (§5) y después: “las mercancías se compran y se venden en un mercado. Y resulta que el mercado, además de servir para comprar y vender, también sirve para esconder la explotación de los trabajadores” (§5). Siempre que se conciba dicha explotación como una relación social objetiva e históricamente determinada, la conclusión es justa, y de hecho constituye una denuncia muy didáctica de la concepción fetichista de las mercancías.
Acomete entonces el EZLN la explicación de la expansión propia del capitalismo. Dice: “O sea que en el mercado vemos mercancías, pero no vemos la explotación con la que se hicieron. Y entonces el capitalismo necesita muchos mercados... o un mercado muy grande, un mercado mundial.” (§6). Una y otra cosa son ciertas, pero el EZLN no acierta a dar el paso final y decir entonces que la explotación engendra explotación incrementada, que la búsqueda de ganancias nunca se detiene pues el estancamiento del progreso capitalista es peligroso y se hace necesaria una expansión agresiva y a gran escala de las relaciones de producción capitalistas así como la sujeción de sistemas de producción no capitalistas a lo largo y ancho del planeta. El fetichismo de la mercancía no es un afán de simulación, sino el producto de una dinámica acelerada de acumulación de capitales.
Pero el EZLN parece concebir al capitalismo como un ente ajeno al desarrollo histórico del mundo, o por lo menos como algo fortuito. Afirma: “Y entonces resulta que el capitalismo de ahora no es igual que antes, que están los ricos contentos explotando a los trabajadores en sus países, sino que ahora está en un paso que se llama Globalización Neoliberal. Esta globalización quiere decir que ya no sólo en un país dominan a los trabajadores o en varios, sino que los capitalistas tratan de dominar todo en todo el mundo. Y entonces al mundo, o sea al planeta Tierra, también se le dice que es el ‘el globo terráqueo’ y por eso se dice ‘globalización’ o sea todo el mundo.” (§7) Lo cual es inexacto, el carácter expansivo del capitalismo subyace en sus mismos orígenes y continúa a la fecha solo que ha pasado por diferentes etapas; su expansión inicial corrió por cuenta de un mínimo de inversiones y un gran intercambio de mercancías, predominaban los productores individuales y los precios se determinaban por el precio de producción y por el precio de mercado, pero los capitalistas sólo estaban “contentos explotando en sus países” por cuanto sus medios les impedían llegar más lejos. En cuanto se constituyeron gigantescos consorcios monopolistas, gracias a la centralización y a la concentración de capitales antes dispersos, hacia los años 1870-1900, se impuso el precio de monopolio, la explotación de unos capitalistas sobre otros. El ascenso de los imperios capitalistas, EU, Inglaterra, Francia y Alemania y el Japón, se dio por la competencia de los grandes monopolios nacionales por las áreas de influencia geopolítica, las fuentes de materias primas y los mercados coloniales. Esta etapa, continuación necesaria, objetiva, de la anterior, se denomina internacionalización del capital, expansión imperialista del capital, o simplemente, imperialismo. El EZLN retoma de los economistas vulgares el término de “Globalización Neoliberal”, que nada nos dice del dominio del capital monopolista sobre el conjunto de la economía mundial, ni del carácter predominantemente imperialista de dicha economía, es decir, de la dominación y explotación de la mayor parte del planeta por unos países “avanzados”. Hablar de “globalización” induce a pensar en una expansión uniforme de las relaciones capitalistas en toda la Tierra, cuando el proceso en realidad es una expansión a tirones, desigual y desproporcionada, guiada por la lucha entre monopolios y entre las distintas fracciones de las clases capitalistas de los diferentes países. La desigualdad o desproporcionalidad de la producción es también una característica del capitalismo desde sus albores, y no es privativa de esta época, como a veces se aduce. En cuanto a lo de “neoliberal”, dice el EZLN: “Y el neoliberalismo pues es la idea de que el capitalismo está libre para dominar todo el mundo y ni modos, pues hay que resignarse y conformarse y no hacer bulla, o sea no rebelarse. O sea que el neoliberalismo es como la teoría, el plan pues de la globalización capitalista. Y el neoliberalismo tiene sus planes económicos, militares y culturales. En todos esos planes de lo que se trata es de dominar a todos, y el que no obedece pues lo reprimen o lo apartan para que no pase sus ideas de rebelión a otros.” (§8). Pero la realidad es que no existe tal plan de dominación, sino muchos planes, muchas veces opuestos entre sí y que poco o nada tienen que ver con el pensamiento liberal y todo que ver con la lógica del imperialismo. La viejísima fábula izquierdista del lobo liberal que corrompió a la pequeña producción hace culpables del surgimiento del capitalismo en el siglo XIX a las teorías de Smith y Ricardo, cuando ellos únicamente descubrieron algunas leyes de su funcionamiento, Smith apologizó el orden naciente, Ricardo avanzó en su conversión en objeto de estudio de la ciencia, nada menos... y nada más. El orden imperialista es de hecho la negación del liberalismo, por cuando subordina al mercado a una estructura de monopolios que expolian al conjunto de la sociedad por medio de una estructura jerarquizada de precios monopólicos.
Afirma el EZLN: “Entonces, en la globalización neoliberal, los grandes capitalistas que viven en los países que son poderosos, como Estados Unidos, quieren que todo el mundo se hace como una gran empresa donde se producen mercancías y como un gran mercado. Un mercado mundial, un mercado para comprar y vender todo lo del mundo y para esconder toda la explotación de todo el mundo. Entonces los capitalistas globalizados se meten a todos lados, o sea a todos los países, para hacer sus grandes negocios o sea sus grandes explotaciones. Y entonces no respetan nada y se meten como quiera. O sea que como que hacen una conquista de otros países. Por eso los zapatistas decimos que la globalización neoliberal es una guerra de conquista de todo el mundo, una guerra mundial, una guerra que hace el capitalismo para dominar mundialmente. Y entonces esa conquista a veces es con ejércitos que invaden un país y a la fuerza lo conquistan. Pero a veces es con la economía, o sea que los grandes capitalistas meten su dinero en otro país o le prestan dinero, pero con la condición de que obedezca lo que ellos dicen. Y también se meten con sus ideas, o sea con la cultura capitalista que es la cultura de la mercancía, de la ganancia, del mercado.” (§9) Y aquí queda claro que por “neoliberalismo” debe entenderse una “guerra de conquista de los países poderosos”, claramente se advierte cómo los conceptos de globalización y neoliberalismo castran este párrafo pues impiden ver que los países poderosos no sólo hacen la guerra a los explotados, sino que pelean entre sí por el botín, que tal sojuzgamiento del mundo procede de muchos centros antagónicos entre sí y que por tanto se da en medio de una lucha cruenta y/o incruenta pero siempre sin cuartel entre naciones; que, a fin de cuentas, es una lucha entre poderosos grupos capitalistas monopolistas.
La concepción romántica del EZ del proceso de acumulación del capital trasmina toda la concepción del proceso de expansión del capitalismo en extensión, pero también sobre el proceso de expansión en intensidad, esto es, la incorporación de nuevos procesos productivos y de nuevas capas de población a la dinámica de la explotación capitalista en países que ya son capitalistas. Esto se trasluce claramente cuando el EZLN afirma: “el capitalismo hace como quiere, o sea que destruye y cambia lo que no le gusta y elimina lo que le estorba. Por ejemplo, le estorban los que no producen ni compran ni venden las mercancías de la modernidad, o los que se rebelan a este orden. Y a esos que no le sirven, pues los desprecia.” (§10). ¿En qué consiste ese desprecio?, “el capitalismo neoliberal también quita las leyes que no lo dejan hacer muchas explotaciones y tener muchas ganancias. Por ejemplo, imponen que todo se pueda comprar y vender, y como el capitalismo tiene todo el dinero, pues lo compra todo. Entonces como que el capitalismo destruye a los países que conquista con la globalización neoliberal, pero también como que quiere volver a acomodar todo o hacerlo de nuevo pero a su modo, o sea de modo que lo beneficie y sin lo que le estorba.”(§10). Esto es fundamentalmente exacto, pero omite una cuestión al menos, ¿qué son esas mercancías de la modernidad según el EZLN?, ¿teléfonos celulares y computadoras?, los productos de la agricultura también son mercancías, y las mercancías sólo se diferencian, en términos económicos, por su precio, es decir, por la posibilidad de intercambiarse unas por otras en determinadas proporciones, su valor de uso o utilidad las hace objetos del consumo y hace necesario el intercambio, pero no crea categorías diferentes de mercancías en términos de la economía política como no sea en la distinción entre consumo productivo (máquinas, materias primas) y consumo no productivo (bienes de consumo), que nada tienen que ver con algo llamado “modernidad”.
Por ejemplo, un teléfono celular tiene un uso diferente que doscientos kilos de grano de maíz, pero suponiendo que se ha invertido la misma cantidad de trabajo en producirlos, entonces un acaparador de maíz podrá intercambiar esos doscientos kilos por el teléfono celular y ¿de dónde obtuvo el acaparador el maíz? Pues de un determinado número de agricultores proletarios o semiproletarios que le han incorporado el valor a ese maíz. El hecho es que en la categoría de mercancías no se reconoce tal concepto de “mercancías de la modernidad”, desde el pequeño agricultor hasta el más poderoso banquero o industrial se encuentran ya inmersos en el sistema de relaciones capitalistas en la medida en que recurren al mercado de mercancías y de trabajo para satisfacer sus necesidades, dondequiera que tenga lugar el uso de dinero, dondequiera se establezca la compraventa de trabajo asalariado se dice que el capitalismo es generado.
La diferencia tiene lugar en la cuestión de la división internacional del trabajo, en la que los países imperialistas se reservan la producción más rentable, pues tienen grandes empresas con un gran nivel tecnológico, que pueden fabricar productos y dar servicios que nadie más puede proveer, lo que les permite obtener grandes ganancias. Pero necesariamente estos productos y servicios tienen que intercambiarse por los productos de los países coloniales y semicoloniales, de lo contrario ni cabe hablar de un mercado mundial.
Por ello, para el capitalismo no hay realmente despreciables, siempre se puede explotar algo a cualquiera, incluso la masa de desocupados son útiles como reserva de brazos y cerebros y un medio para mantener bajos los salarios (y altas las ganancias) por la competencia entre trabajadores; el “desprecio” no es otra cosa que un efecto concomitante de la explotación.
El problema es que el EZLN ve al capitalismo como un fenómeno espurio y ajeno a las capas campesinas y/o indígenas y a los países sojuzgados por el imperialismo, lo cual constituye un error. El capitalismo se ha desarrollado ya en el seno de estos grupos y países alrededor del mundo. Aduciré en apoyo de esta hipótesis el hecho, por todo el mundo aceptado y que considero no requiere mayor comprobación de la ingente migración hacia las ciudades y hacia los países capitalistas imperialistas. En México, el proceso es patente, desde el campo hacia la ciudad migran no solo mestizos sino indígenas, y también lo hacen con dirección a los EU. Es decir, el campo mexicano ha sufrido, a raíz de la reforma agraria, un potente proceso de diferenciación de los campesinos en burguesía por un lado y proletariado por otro. Este proceso sería el origen de la pobreza rural (y urbana también), que es otra forma de decir el origen de un mercado rural, o igualmente, del capitalismo en el campo. El punto es, entonces, que el capitalismo ha surgido en el campo como en la ciudad y no por obra de los neoliberalistas; que tal destrucción “ de la cultura, del idioma, del sistema económico”, etc., viene desde dentro mismo del país, aunque se ha acelerado por factores externos, y es, contra lo que piensa el EZLN, un proceso que viene de lejos, pues prácticamente comienza con la invasión española, pero incluso hunde sus raíces en el pasado prehispánico en que se conformaron los actuales pueblos y localidades mexicanos.
“O sea que queda destruido todo lo que hace que un país sea un país” (§10). No, lo que queda destruido son los viejos ordenes capitalistas poco desarrollados o precapitalistas, lo que hace la internacionalización de capitales es subordinar este proceso a los intereses de grupos monopolistas extranjeros, pero el proceso ya existiría incluso sin su concurso.
La “globalización neoliberal quiere destruir a las naciones del mundo y que solo queda una sola nación o país, o sea el país del dinero, del capital.”(§11) Clama el EZLN. Y sigue: “Y el capitalismo quiere entonces que todo sea como él quiere, o sea según su modo, y lo que es diferente pues no le gusta, y lo ataca, o lo aparta en un rincón y hace como que no existe.” (§11). Pero no es así, lo que se ve amenazado son las formas inferiores del capitalismo y las subsistencias precapitalistas, a saber, la producción artesana, la explotación campesina y el pequeño comercio. Es decir, el pequeño capitalista confunde su propio hundimiento con el hundimiento de la sociedad toda y protesta, como lo hace aquí el EZLN contra la gran producción que lo amenaza. Así lo hicieron en su momento los economistas románticos contra la expansión de la gran industria en la Europa continental a principios del siglo XIX, predicando contra “el mal ejemplo de Inglaterra”, también elevaron su indignación los populistas rusos a fines del mismo siglo contra “el mal ejemplo de Europa Occidental” y así claman hoy los populistas mexicanos contra “la invasión del neoliberalismo”. Y todos, unánimemente, culpan a Smith y a Ricardo de la debacle de la pequeña producción. No se atina a reconocer el hecho fundamental de que el progreso del capitalismo no tiene por qué corresponderse con el bienestar y progreso de todas las clases y capas de la sociedad capitalista, sino más bien al contrario, mercado = pobreza de la mayoría = enriquecimiento de la minoría.
Al igual que las anteriores corrientes de pensamiento populista, la crítica que hace el EZLN de las contradicciones del capitalismo es del todo justa: “Entonces, como quien dice que resumiendo, el capitalismo de la globalización neoliberal se basa en la explotación, el despojo, el desprecio y la represión a los que no se dejan. O sea igual que antes, pero ahora globalizado, mundial.” (§12) Lo es también su reconocimiento del valor de la lucha coaligada de todos los explotados: “los explotados de cada país pues no se conforman... sino que se rebelan y no se dejan ser eliminados... y no solo en un país, sino que donde quiera abundan, o sea que, así como hay una globalización neoliberal, hay una globalización de la rebeldía” (§13). Este mismo reconocimiento coexiste con la visión apocalíptica propia del pequeño burgués que mira con horror la destrucción de su pequeño mundo por la gran producción mecanizada: “nos produce gran asombro por ver la estupidez de los neoliberalistas que quieren destruir toda la humanidad con sus guerras y explotaciones, pero también nos produce gran contento ver que donde quiera salen resistencias y rebeldías...” (§16).
¿Qué propone exactamente el EZLN? ¿La “salvación” de la pequeña producción o, por el contrario, quebrar el dominio imperialista? Ambos planteamientos se encuadran igualmente en el “anticapitalismo”. Esta cuestión aún demanda una respuesta concreta.
En junio de 2005 se publicó la Sexta Declaración de la Selva Lacandona del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN). El apartado III es una exposición de la concepción zapatista de la organización social contemporánea del mundo y nos brinda una mirada a la ideología del zapatismo chiapaneco.
“Ahora vamos a explicarles – comienza la Sexta- cómo es que vemos nosotros los zapatistas lo que pasa en el mundo” (§1). Se identifica al capitalismo como la organización social dominante: “Pues vemos que el capitalismo es el que está más fuerte ahorita.” (§1). Pero más adelante se caracteriza inexactamente al capitalismo como “un sistema social, o sea una forma como en una sociedad están organizadas las cosas y las personas” (§1), pues una organización social no es una organización de las cosas; el valor, el precio, y las demás categorías económicas no emanan de la naturaleza física de los objetos, sino de las relaciones entre quienes las producen. Dicha concepción de la economía como relación entre cosas fue denunciada en su tiempo por Marx como el “fetichismo de la mercancía”. Esta concepción en la Sexta conduce a afirmar que: “En el capitalismo hay unos que tienen dinero, o sea capital y fábricas y tiendas y campos y muchas cosas, y hay otros que no tienen nada, sino que sólo tienen su fuerza y su conocimiento para trabajar; y en el capitalismo mandan los que tienen el dinero y las cosas, y obedecen los que nomás tienen su capacidad de trabajo.” (§1) Es decir, se asigna a las cosas un poder sobre los hombres que emana de una fuerza oculta y misteriosa al entendimiento. Se separa capital, fábricas y demás como formas del “dinero”, siendo que el mismo dinero y las “cosas” no son sino otras tantas formas del capital, éste último, en tanto que magnitud social, como relación social objetiva, se encuentra representado por determinadas cantidades de mercancías, cuyos precios se expresan en “dinero”. Es decir, de trabajo humano “materializado”. Es la posesión de determinada cantidad de capital la que determina “quién manda” y “quién obedece”, no porque las cosas por sí mismas lo determinen, sino porque el capital es una relación social jerárquica.
Afirma en sentido semejante el EZLN: “el capitalismo quiere decir que hay unos pocos que tienen grandes riquezas, pero no es que se sacaron un premio, o que se encontraron un tesoro, o que heredaron de un pariente, sino que esas riquezas las obtienen de explotar el trabajo de muchos” (§2) Aquí se ve con claridad lo dicho anteriormente, ¿acaso los tesoros, las herencias y los premios tienen sentido fuera de una sociedad basada en la explotación? Lo tendrían si “la riqueza” (el valor) emanara, por decirlo así, de los propios objetos y no de determinadas relaciones en las que tales objetos adquieren significado o valor.
Esta concepción fetichista de la explotación lleva al EZLN a caracterizarla como “injusta” (§2): “el capitalismo se basa en la explotación de los trabajadores (...) Esto se hace con injusticias porque al trabajador no le pagan cabal lo que es su trabajo, sino que apenas le dan un salario para que coma un poco y se descanse un tantito, y al otro día vuelta a trabajar en el explotadero, que sea en el campo o en la ciudad” (§2). En realidad, el salario es la justicia en el capitalismo y, por tanto, ya el salario pagado en lo justo, “cabalmente”, representa explotación, pues nunca incluye el valor completo del trabajo, sino sólo de la fuerza de trabajo, sin explotación asalariada no se puede hablar de capitalismo ya que no se podría hablar de ganancia capitalista y por tanto, de orden capitalista.
Esto constituye una concepción moralista y romántica de la organización capitalista: “Y también el capitalismo hace su riqueza con despojo, o sea con robo (...) es un sistema donde los robadores están libres y son admirados y puestos como ejemplo” (§3). Pero se pasa por alto que, en primer lugar, la dominación de los capitalistas también se expresa en el plano jurídico-político de la sociedad, y que por tanto, la posesión de riquezas condiciona un marco jurídico al servicio de la clase capitalista, un marco que busca adecuarse para favorecer el aumento de la ganancia y el mantenimiento de la explotación capitalista. En otras palabras, lo que para unos es “despojo”, para otros es “progreso”. Claro, se dirá, el “robo”, el “despojo”, tipificados como tales por la propia ley se emplean, sistemáticamente en muchos casos, para aumentar el capital; pero ha de responderse que esto incrementa la explotación, no la crea, puede decirse que incluso el capitalismo más honrado es expoliador de la fuerza de trabajo y de la naturaleza.
El fetichismo de la mercancía y la concepción romántica de las relaciones sociales capitalistas y de su jurisprudencia llevan al EZLN a afirmar que: “Y, además de explotar y despojar, el capitalismo reprime porque encarcela y mata a los que se rebelan contra la injusticia” (§4). Más bien, debiera decirse: el capitalismo reprime a los que se oponen a la propiedad burguesa, o sea, a aquella forma de propiedad que priva a las mayorías hasta de lo indispensable para que unos pocos sean ricos.
Dice el EZ: “Al capitalismo lo que más le interesa son las mercancías, porque cuando se compran y se venden dan ganancias”(§5). Y más adelante: “el capitalismo todo lo convierte en mercancías (...) todo se tiene que poder comprar y vender” (§5), pero hace falta indicar con claridad que es la producción de mercancías la que ha creado al capitalismo, primero ha sido el huevo (la mercancía) y luego la gallina (el capitalismo) y no al revés, como pudiera creerse si no se lee con cuidado lo que dice el EZLN. El capitalismo no es un agente externo que llega de las alturas a trastocar el idílico mundo campesino, es, por el contrario, el producto del desarrollo de la sociedad en un momento dado, concretamente hablando, es, en México la culminación de todo un periodo histórico de destrucción de las comunidades agrícolas heredadas de la época prehispánica y que arranca con la invasión española. El EZLN saca una conclusión acertada: “Y todo lo esconde (el capitalismo) detrás de las mercancías para que no veamos la explotación que hace” (§5) y después: “las mercancías se compran y se venden en un mercado. Y resulta que el mercado, además de servir para comprar y vender, también sirve para esconder la explotación de los trabajadores” (§5). Siempre que se conciba dicha explotación como una relación social objetiva e históricamente determinada, la conclusión es justa, y de hecho constituye una denuncia muy didáctica de la concepción fetichista de las mercancías.
Acomete entonces el EZLN la explicación de la expansión propia del capitalismo. Dice: “O sea que en el mercado vemos mercancías, pero no vemos la explotación con la que se hicieron. Y entonces el capitalismo necesita muchos mercados... o un mercado muy grande, un mercado mundial.” (§6). Una y otra cosa son ciertas, pero el EZLN no acierta a dar el paso final y decir entonces que la explotación engendra explotación incrementada, que la búsqueda de ganancias nunca se detiene pues el estancamiento del progreso capitalista es peligroso y se hace necesaria una expansión agresiva y a gran escala de las relaciones de producción capitalistas así como la sujeción de sistemas de producción no capitalistas a lo largo y ancho del planeta. El fetichismo de la mercancía no es un afán de simulación, sino el producto de una dinámica acelerada de acumulación de capitales.
Pero el EZLN parece concebir al capitalismo como un ente ajeno al desarrollo histórico del mundo, o por lo menos como algo fortuito. Afirma: “Y entonces resulta que el capitalismo de ahora no es igual que antes, que están los ricos contentos explotando a los trabajadores en sus países, sino que ahora está en un paso que se llama Globalización Neoliberal. Esta globalización quiere decir que ya no sólo en un país dominan a los trabajadores o en varios, sino que los capitalistas tratan de dominar todo en todo el mundo. Y entonces al mundo, o sea al planeta Tierra, también se le dice que es el ‘el globo terráqueo’ y por eso se dice ‘globalización’ o sea todo el mundo.” (§7) Lo cual es inexacto, el carácter expansivo del capitalismo subyace en sus mismos orígenes y continúa a la fecha solo que ha pasado por diferentes etapas; su expansión inicial corrió por cuenta de un mínimo de inversiones y un gran intercambio de mercancías, predominaban los productores individuales y los precios se determinaban por el precio de producción y por el precio de mercado, pero los capitalistas sólo estaban “contentos explotando en sus países” por cuanto sus medios les impedían llegar más lejos. En cuanto se constituyeron gigantescos consorcios monopolistas, gracias a la centralización y a la concentración de capitales antes dispersos, hacia los años 1870-1900, se impuso el precio de monopolio, la explotación de unos capitalistas sobre otros. El ascenso de los imperios capitalistas, EU, Inglaterra, Francia y Alemania y el Japón, se dio por la competencia de los grandes monopolios nacionales por las áreas de influencia geopolítica, las fuentes de materias primas y los mercados coloniales. Esta etapa, continuación necesaria, objetiva, de la anterior, se denomina internacionalización del capital, expansión imperialista del capital, o simplemente, imperialismo. El EZLN retoma de los economistas vulgares el término de “Globalización Neoliberal”, que nada nos dice del dominio del capital monopolista sobre el conjunto de la economía mundial, ni del carácter predominantemente imperialista de dicha economía, es decir, de la dominación y explotación de la mayor parte del planeta por unos países “avanzados”. Hablar de “globalización” induce a pensar en una expansión uniforme de las relaciones capitalistas en toda la Tierra, cuando el proceso en realidad es una expansión a tirones, desigual y desproporcionada, guiada por la lucha entre monopolios y entre las distintas fracciones de las clases capitalistas de los diferentes países. La desigualdad o desproporcionalidad de la producción es también una característica del capitalismo desde sus albores, y no es privativa de esta época, como a veces se aduce. En cuanto a lo de “neoliberal”, dice el EZLN: “Y el neoliberalismo pues es la idea de que el capitalismo está libre para dominar todo el mundo y ni modos, pues hay que resignarse y conformarse y no hacer bulla, o sea no rebelarse. O sea que el neoliberalismo es como la teoría, el plan pues de la globalización capitalista. Y el neoliberalismo tiene sus planes económicos, militares y culturales. En todos esos planes de lo que se trata es de dominar a todos, y el que no obedece pues lo reprimen o lo apartan para que no pase sus ideas de rebelión a otros.” (§8). Pero la realidad es que no existe tal plan de dominación, sino muchos planes, muchas veces opuestos entre sí y que poco o nada tienen que ver con el pensamiento liberal y todo que ver con la lógica del imperialismo. La viejísima fábula izquierdista del lobo liberal que corrompió a la pequeña producción hace culpables del surgimiento del capitalismo en el siglo XIX a las teorías de Smith y Ricardo, cuando ellos únicamente descubrieron algunas leyes de su funcionamiento, Smith apologizó el orden naciente, Ricardo avanzó en su conversión en objeto de estudio de la ciencia, nada menos... y nada más. El orden imperialista es de hecho la negación del liberalismo, por cuando subordina al mercado a una estructura de monopolios que expolian al conjunto de la sociedad por medio de una estructura jerarquizada de precios monopólicos.
Afirma el EZLN: “Entonces, en la globalización neoliberal, los grandes capitalistas que viven en los países que son poderosos, como Estados Unidos, quieren que todo el mundo se hace como una gran empresa donde se producen mercancías y como un gran mercado. Un mercado mundial, un mercado para comprar y vender todo lo del mundo y para esconder toda la explotación de todo el mundo. Entonces los capitalistas globalizados se meten a todos lados, o sea a todos los países, para hacer sus grandes negocios o sea sus grandes explotaciones. Y entonces no respetan nada y se meten como quiera. O sea que como que hacen una conquista de otros países. Por eso los zapatistas decimos que la globalización neoliberal es una guerra de conquista de todo el mundo, una guerra mundial, una guerra que hace el capitalismo para dominar mundialmente. Y entonces esa conquista a veces es con ejércitos que invaden un país y a la fuerza lo conquistan. Pero a veces es con la economía, o sea que los grandes capitalistas meten su dinero en otro país o le prestan dinero, pero con la condición de que obedezca lo que ellos dicen. Y también se meten con sus ideas, o sea con la cultura capitalista que es la cultura de la mercancía, de la ganancia, del mercado.” (§9) Y aquí queda claro que por “neoliberalismo” debe entenderse una “guerra de conquista de los países poderosos”, claramente se advierte cómo los conceptos de globalización y neoliberalismo castran este párrafo pues impiden ver que los países poderosos no sólo hacen la guerra a los explotados, sino que pelean entre sí por el botín, que tal sojuzgamiento del mundo procede de muchos centros antagónicos entre sí y que por tanto se da en medio de una lucha cruenta y/o incruenta pero siempre sin cuartel entre naciones; que, a fin de cuentas, es una lucha entre poderosos grupos capitalistas monopolistas.
La concepción romántica del EZ del proceso de acumulación del capital trasmina toda la concepción del proceso de expansión del capitalismo en extensión, pero también sobre el proceso de expansión en intensidad, esto es, la incorporación de nuevos procesos productivos y de nuevas capas de población a la dinámica de la explotación capitalista en países que ya son capitalistas. Esto se trasluce claramente cuando el EZLN afirma: “el capitalismo hace como quiere, o sea que destruye y cambia lo que no le gusta y elimina lo que le estorba. Por ejemplo, le estorban los que no producen ni compran ni venden las mercancías de la modernidad, o los que se rebelan a este orden. Y a esos que no le sirven, pues los desprecia.” (§10). ¿En qué consiste ese desprecio?, “el capitalismo neoliberal también quita las leyes que no lo dejan hacer muchas explotaciones y tener muchas ganancias. Por ejemplo, imponen que todo se pueda comprar y vender, y como el capitalismo tiene todo el dinero, pues lo compra todo. Entonces como que el capitalismo destruye a los países que conquista con la globalización neoliberal, pero también como que quiere volver a acomodar todo o hacerlo de nuevo pero a su modo, o sea de modo que lo beneficie y sin lo que le estorba.”(§10). Esto es fundamentalmente exacto, pero omite una cuestión al menos, ¿qué son esas mercancías de la modernidad según el EZLN?, ¿teléfonos celulares y computadoras?, los productos de la agricultura también son mercancías, y las mercancías sólo se diferencian, en términos económicos, por su precio, es decir, por la posibilidad de intercambiarse unas por otras en determinadas proporciones, su valor de uso o utilidad las hace objetos del consumo y hace necesario el intercambio, pero no crea categorías diferentes de mercancías en términos de la economía política como no sea en la distinción entre consumo productivo (máquinas, materias primas) y consumo no productivo (bienes de consumo), que nada tienen que ver con algo llamado “modernidad”.
Por ejemplo, un teléfono celular tiene un uso diferente que doscientos kilos de grano de maíz, pero suponiendo que se ha invertido la misma cantidad de trabajo en producirlos, entonces un acaparador de maíz podrá intercambiar esos doscientos kilos por el teléfono celular y ¿de dónde obtuvo el acaparador el maíz? Pues de un determinado número de agricultores proletarios o semiproletarios que le han incorporado el valor a ese maíz. El hecho es que en la categoría de mercancías no se reconoce tal concepto de “mercancías de la modernidad”, desde el pequeño agricultor hasta el más poderoso banquero o industrial se encuentran ya inmersos en el sistema de relaciones capitalistas en la medida en que recurren al mercado de mercancías y de trabajo para satisfacer sus necesidades, dondequiera que tenga lugar el uso de dinero, dondequiera se establezca la compraventa de trabajo asalariado se dice que el capitalismo es generado.
La diferencia tiene lugar en la cuestión de la división internacional del trabajo, en la que los países imperialistas se reservan la producción más rentable, pues tienen grandes empresas con un gran nivel tecnológico, que pueden fabricar productos y dar servicios que nadie más puede proveer, lo que les permite obtener grandes ganancias. Pero necesariamente estos productos y servicios tienen que intercambiarse por los productos de los países coloniales y semicoloniales, de lo contrario ni cabe hablar de un mercado mundial.
Por ello, para el capitalismo no hay realmente despreciables, siempre se puede explotar algo a cualquiera, incluso la masa de desocupados son útiles como reserva de brazos y cerebros y un medio para mantener bajos los salarios (y altas las ganancias) por la competencia entre trabajadores; el “desprecio” no es otra cosa que un efecto concomitante de la explotación.
El problema es que el EZLN ve al capitalismo como un fenómeno espurio y ajeno a las capas campesinas y/o indígenas y a los países sojuzgados por el imperialismo, lo cual constituye un error. El capitalismo se ha desarrollado ya en el seno de estos grupos y países alrededor del mundo. Aduciré en apoyo de esta hipótesis el hecho, por todo el mundo aceptado y que considero no requiere mayor comprobación de la ingente migración hacia las ciudades y hacia los países capitalistas imperialistas. En México, el proceso es patente, desde el campo hacia la ciudad migran no solo mestizos sino indígenas, y también lo hacen con dirección a los EU. Es decir, el campo mexicano ha sufrido, a raíz de la reforma agraria, un potente proceso de diferenciación de los campesinos en burguesía por un lado y proletariado por otro. Este proceso sería el origen de la pobreza rural (y urbana también), que es otra forma de decir el origen de un mercado rural, o igualmente, del capitalismo en el campo. El punto es, entonces, que el capitalismo ha surgido en el campo como en la ciudad y no por obra de los neoliberalistas; que tal destrucción “ de la cultura, del idioma, del sistema económico”, etc., viene desde dentro mismo del país, aunque se ha acelerado por factores externos, y es, contra lo que piensa el EZLN, un proceso que viene de lejos, pues prácticamente comienza con la invasión española, pero incluso hunde sus raíces en el pasado prehispánico en que se conformaron los actuales pueblos y localidades mexicanos.
“O sea que queda destruido todo lo que hace que un país sea un país” (§10). No, lo que queda destruido son los viejos ordenes capitalistas poco desarrollados o precapitalistas, lo que hace la internacionalización de capitales es subordinar este proceso a los intereses de grupos monopolistas extranjeros, pero el proceso ya existiría incluso sin su concurso.
La “globalización neoliberal quiere destruir a las naciones del mundo y que solo queda una sola nación o país, o sea el país del dinero, del capital.”(§11) Clama el EZLN. Y sigue: “Y el capitalismo quiere entonces que todo sea como él quiere, o sea según su modo, y lo que es diferente pues no le gusta, y lo ataca, o lo aparta en un rincón y hace como que no existe.” (§11). Pero no es así, lo que se ve amenazado son las formas inferiores del capitalismo y las subsistencias precapitalistas, a saber, la producción artesana, la explotación campesina y el pequeño comercio. Es decir, el pequeño capitalista confunde su propio hundimiento con el hundimiento de la sociedad toda y protesta, como lo hace aquí el EZLN contra la gran producción que lo amenaza. Así lo hicieron en su momento los economistas románticos contra la expansión de la gran industria en la Europa continental a principios del siglo XIX, predicando contra “el mal ejemplo de Inglaterra”, también elevaron su indignación los populistas rusos a fines del mismo siglo contra “el mal ejemplo de Europa Occidental” y así claman hoy los populistas mexicanos contra “la invasión del neoliberalismo”. Y todos, unánimemente, culpan a Smith y a Ricardo de la debacle de la pequeña producción. No se atina a reconocer el hecho fundamental de que el progreso del capitalismo no tiene por qué corresponderse con el bienestar y progreso de todas las clases y capas de la sociedad capitalista, sino más bien al contrario, mercado = pobreza de la mayoría = enriquecimiento de la minoría.
Al igual que las anteriores corrientes de pensamiento populista, la crítica que hace el EZLN de las contradicciones del capitalismo es del todo justa: “Entonces, como quien dice que resumiendo, el capitalismo de la globalización neoliberal se basa en la explotación, el despojo, el desprecio y la represión a los que no se dejan. O sea igual que antes, pero ahora globalizado, mundial.” (§12) Lo es también su reconocimiento del valor de la lucha coaligada de todos los explotados: “los explotados de cada país pues no se conforman... sino que se rebelan y no se dejan ser eliminados... y no solo en un país, sino que donde quiera abundan, o sea que, así como hay una globalización neoliberal, hay una globalización de la rebeldía” (§13). Este mismo reconocimiento coexiste con la visión apocalíptica propia del pequeño burgués que mira con horror la destrucción de su pequeño mundo por la gran producción mecanizada: “nos produce gran asombro por ver la estupidez de los neoliberalistas que quieren destruir toda la humanidad con sus guerras y explotaciones, pero también nos produce gran contento ver que donde quiera salen resistencias y rebeldías...” (§16).
¿Qué propone exactamente el EZLN? ¿La “salvación” de la pequeña producción o, por el contrario, quebrar el dominio imperialista? Ambos planteamientos se encuadran igualmente en el “anticapitalismo”. Esta cuestión aún demanda una respuesta concreta.
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