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viernes, 2 de marzo de 2012

Sobre el capitalismo actual, el capitalismo monopolista de Estado y México

La realidad económica y política del mundo actual está determinada por los monopolios. En un estadio del capitalismo, cuando una o unas pocas empresas llegan a predominar en una rama industrial, controlando la producción, la distribución y el mercado, se dice que se ha formado un monopolio. En la actualidad las principales ramas de la economía mundial se encuentran firmemente monopolizadas, el monopolismo ha alcanzado incluso ramas que otrora se mantenían en la esfera de la libre competencia, como los alimentos, la ropa, etc. Esto imprime toda una serie de deformaciones al desarrollo del ciclo capitalista y exacerba las contradicciones que le son propias.

Julia Evelyn Martínez dice al respecto: “De acuerdo al estudio 'La red del control corporativo global' elaborado por Stefania Vitali, James B. Glattfelder y Stefano Battiston del Instituto Federal de Tecnología de Zurich (Revista New Scientist, octubre 2011), se trata de un sector de la economía mundial formado por 737 grupos económicos integrado por 1,318 empresas, que controlan el 80% de las corporaciones transnacionales mundiales. Estos grupos tienen como “núcleo duro” a 147 empresas (1% del total) que están estrechamente relacionadas entre sí mediante la propiedad accionaria y controlan el 40% de la riqueza total de este sector. Entre las 20 empresas más poderosas de este grupo se incluyen a Barclays Bank, JPMorgan Chase & Co, The Goldman Sachs Group, Deutsche Bank, Merrill Lynch & Co Inc, Credit Suisse Group, entre otros.” (Julia Evelyn Martínez, La democracia oligárquica, http://www.rebelion.org/noticia.php?id=145097&titular=la-democracia-olig%E1rquica- )

No se trata solamente de empresas muy grandes que pueden abarrotar el mercado con sus productos, sino de combinaciones financieras-industriales que pueden dirigir grandes masas de capital en la dirección elegida y así obtener superbeneficios, o sea, ganancias por encima de las ganancias promedio e imponer precios más elevados a sus productos, que son verdaderos tributos a la fuerza económica que estas combinaciones pueden desarrollar. Pronto estos consorcios se extienden a otras ramas y forman conglomerados industriales, financieros y de servicios que manejan cientos y hasta miles de millones en cada operación, cuentan con miles de empleados y representan las empresas con el mayor volumen de producción y con los productos más sofisticados y requeridos por los consumidores, aunque esto no quiere decir que los consorcios satisfagan las necesidades sociales, pues al ser monopolios, buscan limitar la producción para mantener altos los precios, lo que genera contradicciones insolubles.

Los propios apologistas del capitalismo se han apercibido de esto y han acuñado un término : plutonomía, que definen como “el crecimiento económico que es reforzado y aprovechado por la clase alta más rica de la sociedad. La plutonomía se refiere a una sociedad donde la mayor parte de la riqueza es controlada por una minoría siempre decreciente, a tal grado que el crecimiento económico de esa sociedad se vuelve dependiente de las fortunas de esa misma minoría rica.” (Traducido de http://www.investopedia.com/terms/p/plutonomy.asp#axzz1nmzpTExO ). (Ver Anexo 1)

El camino que el capitalismo monopolista ha seguido es el de una creciente centralización y concentración del capital, pero no a la manera de la época en que predominaba la “libre” competencia, sino a la manera monopolista, por medio de gigantescas fusiones y absorciones que involucran miles de millones de dólares, y que dejan en la calle a miles de trabajadores.

No significa esto que haya dejado de existir la “libre” competencia, ésta es aún la base del capitalismo, sólo que ahora el monopolismo, o sea, el imperialismo es su superestructura dominante. Además, los consorcios terminan por fundirse con el Estado, conformando un entramado de intereses comunes entre las instituciones estatales y el gobierno y las juntas directivas de los consorcios, a este estadio de la fase imperialista se le denomina capitalismo monopolista de Estado (CME); como afirma el sociólogo Geoffrey Geuens: “El capitalismo y la élite financiera no pueden existir sin la estructura del Estado, sin sus redes políticas y mediáticas, por lo que los gobernantes tienen una aplastante responsabilidad en la actual crisis económica” (Los rescates sólo benefician a los bancos, artículo de Marco Appel en la Revista Proceso núm. 1843 del 26 de febrero de 2012, pág. 48).

Los mecanismos de control político y social son evidentes: “Esta oligarquía global ejerce un refinado autoritarismo sobre los sistemas políticos regionales y nacionales, mediante un intrincado sistema de relaciones de poder, que estaría formado al menos por cuatro pilares: a) las políticas económicas y financieras dictadas por el Banco Mundial y el FMI ; b) el control de los medios de comunicación social para alienar a los pueblos en una cultura del sometimiento cultural e ideológico a los intereses de la oligarquía global; c) la carrera armamentista y la creciente militarización de los países y regiones, y d) las alianzas con las oligarquías nacionales o sub-regionales.” (Julia Evelyn Martínez, La democracia oligárquica, http://www.rebelion.org/noticia.php?id=145097&titular=la-democracia-olig%E1rquica- ).

No obstante, en amplios círculos predomina la visión de un régimen capitalista en la cual la “esfera económica” está separada de la “esfera política”, sigue Geuens: “La percepción general que comparte un amplio espectro ideológico, desde la derecha liberal hasta una parte del movimiento altermundista, indica que hay una separación muy nítida entre el Estado y el mundo de las finanzas. Para los liberales esta separación entre la política y las finanzas, entre el interés público y el privado, permite que el sistema funciones correctamente. Los altermundistas no están de acuerdo: consideran que el Estado es víctima de los intereses financieros y le exigen que retorne el control del mercado; sin embargo, al final comparten con los primeros la misma presunción” (Los rescates sólo benefician a los bancos, artículo de Marco Appel en la Revista Proceso núm. 1843 del 26 de febrero de 2012, pág. 48).

La crisis declarada en 2008 y que continúa en éste año de 2012 ha significado un jalón histórico para el desenvolvimiento del imperialismo. La ola de quiebras de empresas financieras, industriales y comerciales llevó al fortalecimiento de las más poderosas y más cercanas al Estado, pero además significó un paso evolutivo del Capitalismo Monopolista de Estado (CME), que se reforzó más allá de todo límite previo con los gigantescos rescates que hicieron los gobiernos, que involucraron cifras astronómicas, del orden de millones de millones de dólares y euros, para sacar a flote a empresas como General Motors (GM), Fanny Mae y Freddy Mac (paraestatales financieras inmobiliarias), y sobre todo grupos financieros como Goldman Sachs (banco de inversiones), en EU, pero también en Europa, e incluso en países como México, como fue el caso de Comercial Mexicana y de Cemex, aunque en nuestro país los rescates bancarios tienen larga data, pues en quince años se les han destinado 889 mil 403 millones de pesos a los bancos (La Jornada 17 de febrero de 2012), que en su mayoría han sido extranjerizados, pasando a manos del capital español, estadunidense y canadiense; sin mencionar otras empresas, como Aeroméxico y Mexicana de Aviación, “rescatadas” una y otra vez con cargo al presupuesto federal.

A raíz de estos procesos, el capital en México, como en el resto del mundo, ha verificado un proceso acelerado de concentración y centralización, al grado tal que en nuestro país la economía en su conjunto se halla controlada por un grupo reducido de empresas monopólicas, la mayoría transnacionales extranjeras. Como indican los datos que presenta David Márquez Ayala: “La revista Expansión (CNN) publica en su número del 21 de junio su compendio anual de las 500 mayores empresas que operan en México y que tienen información accesible. [...]

“Como porcentaje del PIB (11.823 billones de pesos en 2009), las ventas netas de las 500 [mayores empresas] (8.303 billones) representaron el 70.2%, concentración de suyo excesiva que se hace más patente si consideramos que tan sólo las 156 empresas privadas con mayores ventas representan el 50% del PIB, esto es, la mitad de la producción anual de bienes y servicios en el país, y que muchas de ellas pertenecen a los mismos dueños o grupos.

“En nuestro listado sintético de las 22 empresas más importantes (con ventas de 80 mil millones de pesos o más) el valor de sus ventas representó el 35.2% del PIB; y quitando a las dos empresas públicas en este rango (Pemex y CFE) las ventas de las 20 mayores compañías privadas representaron el 24.1% del PIB. De las 20, siete son extranjeras y 13 mexicanas No obstante su enorme peso económico, las 500 sólo generan el 21.1% del empleo formal del país (trabajadores asegurados en el IMSS), las 22 generan el 8.7%, y las 20 privadas el 7.1%.” (David Márquez Ayala, Reporte Económico del 28 de junio de 2010 en http://vectoreconomico.com.mx/ ) (Ver Anexo 2).


Aunque nuestro país no es un país imperialista, la influencia del imperialismo estadunidense, europeo y japonés ha reproducido la estructura monopolista que rige en el resto del mundo. El capitalismo en México está unido por mil hilos financieros, comerciales y tecnológicos a los grandes centros del capital mundial, al grado de que puede considerarse una semi-colonia financiera de los EU. Pues como dice F. Castro:

“[...] los procesos de internacionalización de la vida económica han llegado a un grado tal, que los cambios que se producen en sólo uno o varios países altamente desarrollados, pueden, a través de una densa y sensible red de vínculos de dependencia hoy existentes, transmitir sus impulsos de auge o depresión a decenas y decenas de países, de hecho prácticamente a todo el mundo.” (Fidel Castro, La crisis económica y social del mundo, La Habana, Cuba, 1983, pág. 12).

El CME es una superestructura dominante a escala mundial.

De la misma manera, los monopolios en México se han fusionado crecientemente con el Estado, creando una estructura tipo CME, tal fusión se ha realizado por medio de los rescates financieros, la adjudicación de contratos, la devolución de impuestos (“Encabezados por empresas televisoras, proveedoras de servicios de telefonía y telecomunicaciones, así como por fabricantes y distribuidores de cerveza, un reducido grupo de 2 mil 550 compañías, que equivalen a 0.18 por ciento del padrón total de contribuyentes, logró devoluciones de impuestos por 174 mil 228 millones de pesos en sólo un año” (La Jornada, 17 de febrero de 2012) y por medio de los nexos personales de los funcionarios del Estado y las juntas de los consorcios, ejemplo de esto, Francisco Gil Díaz, antiguo secretario de Hacienda, después frustrado consejero de HSBC y hoy funcionario de Movistar. Este caso se repite de manera decuplicada en otros países, pues no es una cuestión anecdótica y coyuntural sino una condición estructural del imperialismo en su forma concreta actual como CME (véase Anexo 3).

La crisis económica ha acelerado este proceso, y ha desatado una feroz competencia entre los monopolios, la lucha más encarnizada se libra en el terreno de las telecomunicaciones. Debido a los avances tecnológicos, se ha hecho posible la televisión digital, que podría transmitir internet, telefonía y datos, asimismo la línea telefónica podría servir para transmisión de televisión, incluso el tendido eléctrico podría emplearse para una red de televisión e internet. Pero los monopolios televisivos no quieren ceder frente a las empresas de telefonía, que serían también empresas de distribución de contenidos. Y viceversa, las empresas telefónicas no desean ceder terreno en “su” mercado a las empresas televisoras. Eso ha desatado la lucha, que en los hechos es una competencia por avasallar a los rivales; el monopolio se ha transformado en un freno al avance tecnológico, al grado de que el Estado, fusionado con estos intereses ha puesto su propia capacidad de distribución de contenidos al servicio de los consorcios al liquidar la empresa estatal de Luz y Fuerza del Centro, al privatizar la red de fibra óptica de CFE y al comenzar el remplazo de la red de transmisión de cobre por una red de cable de aluminio, que no es apta para la transmisión de datos y de esta manera evitar la competencia con los monopolios (La Jornada 16 de enero de 2012 http://www.jornada.unam.mx/2012/01/16/politica/002n1pol )

El resultado es la explotación incrementada de los trabajadores mexicanos, a la explotación que sufren en los centros de trabajo, se suma el precio de monopolio de casi todos los bienes y servicios que usa, desde los productos de limpieza y alimentos hasta la telefonía y el transporte, lo que redunda en su gradual empobrecimiento en beneficio de los monopolios, que explotan al conjunto de la sociedad.

El trabajador mexicano se resiente de los efectos de la crisis en múltiples maneras, como desempleo masivo, y cuando está empleado como jornada ampliada de trabajo (formación de plusvalor absoluto) y como jornada de trabajo intensiva (formación de plusvalor relativo), además, conforme los recursos del Estado se destinan a los monopolios, se deja de invertir en infraestructura, educación y salud públicas, lo que obliga al trabajador a desembolsar sumas extra en médicos privados y escuelas privadas, que en México han proliferado en desmedro de la sanidad pública y de la educación de niños y jóvenes. El monopolismo en México tienen su contrapartida en el incremento de la precariedad del conjunto de los trabajadores, precariedad laboral, sanitaria y educativa, lo que redunda en el retroceso neto de la calidad de esa misma fuerza de trabajo, que se vuelve menos productiva, con lo que el país en su conjunto pierde terreno en la división internacional del trabajo, lo que lleva a un círculo vicioso en el cual conforme la fuerza de trabajo está menos desarrollada el gran capital prefiere volverse importador de artículos, pues resultan más competitivos los extranjeros, y los trabajadores mexicanos acaban volcándose al pequeño comercio informal, creado en gran parte por los mismos monopolios, que en el marco de su competencia crean gigantescas estructuras de venta al menudeo, por catálogo, etc, a fin de ganar hasta el último trozo del mercado disponible; según datos oficiales, los trabajadores “informales” o más bien, precarios, suman la monstruosa cifra de 14 millones, contra los 13.2 millones que cotizan en el IMSS (La Jornada, 11 de febrero de 2012).

Esto tiene efectos notables en la política, pues se traduce en una creciente corporativización de las organizaciones políticas, que en vez de representar a grupos de ciudadanos con determinados intereses, se tornan en otros tantos apéndices del Estado, o sea, del CME; este proceso de asimilación se ha observado en los últimos años incluso en los movimientos y partidos de izquierda, y todo indica que es un proceso que continuará este año en el marco de la elección federal de 2012 a través de la hegemonía del ala derecha en los partidos de izquierda. El paso esencial de este proceso es la homogeneización de los partidos y organizaciones, de manera que las diferencias se vuelven meramente de matiz, y no de programa, pues la izquierda renuncia a cualquier alusión a la lucha de clases y sus partidos y organizaciones sufren entonces un proceso acelerado de burocratización, predominando las estructuras por encima de cualquier otra consideración; proceso que es debidamente seguido y auspiciado por el Estado y los grupos de poder nacional, para quienes la neutralización de la izquierda reviste un interés estratégico crucial. El trabajador, el proletario, pasa primero a ser un ciudadano en abstracto, y luego deja de serlo también, en los hechos, para convertirse sólo en un votante que tiene frente a sí opciones equivalentes, igualmente “buenas” o igualmente “malas”.

Como advirtió Luis Javier Garrido:

“3. El modelo político neoliberal, que se ha ido imponiendo al mundo entero, como sustento de una organización económica que privilegia los intereses de las grandes corporaciones por sobre los derechos de los pueblos, supone construir sistemas de partidos (de preferencia bipartidistas) en los que las distintas formaciones políticas no tengan diferencias sustanciales entre sí y avalen el modelo económico dominante plegándose a los dictados de los grandes intereses globales. Ese ha sido un objetivo de las mafias en el poder en México, en el que han estado coludidos los chuchos, y que ahora buscan acelerar: aniquilar al PRD como posible proyecto de izquierda, al no existir ya diferencias programáticas entre los tres principales partidos y carecer los mexicanos de las posibilidades de una verdadera alternancia, por lo que la estrategia de las alianzas PAN-PRD cumple un papel significativo en ese proceso.

“4. Las alianzas entre partidos opuestos constituyen de esta manera un candado de seguridad para proteger los intereses dominantes, y es también con ese objetivo que los grupos mafiosos que controlan el poder económico y político en México las están impulsando. Los partidos que se alían no pueden tener una propuesta común más que en aspectos irrelevantes, pero renuncian además en esta coyuntura a esgrimir sus tesis propias que son encerradas en un cajón, acelerándose el proceso de acceso a cargos públicos… y de claudicaciones.” (Luis Javier Garrido, Las “alianzas” (de nuevo), La Jornada, 15 de octubre de 2010).

Por “modelo político neoliberal”, en la terminología de Garrido, debe entenderse la estructura de control y dominación política del CME tal como se la ha planteado en este trabajo.

Los efectos en la clase proletaria y en el conjunto de los trabajadores que tiene el desarrollo del CME son amplios y de largo alcance, al recrudecimiento de la explotación en el proceso de producción se suma la precariedad, la inseguridad laboral y el empeoramiento de las condiciones de salud, educación y seguridad; y ahora el cierre, en el terreno de los hechos, de los caminos políticos para expresar su malestar y poner en práctica sus ideas; el proletario y el trabajador en general se convierten en engranes del sistema capitalista fuera de la fábrica, dondequiera que se hallen se tornan en rehenes del proceso de acumulación mundial del capital, proceso en el cual unos países sojuzgan a otros y los trabajadores son explotados tanto por la burguesía “nativa” y el Estado nacional, como por los grandes capitalistas de los países imperialistas y por los propios Estados imperialistas (Véase http://www.jornada.unam.mx/2012/03/02/politica/005n1pol ).

Este proceso continuará previsiblemente en nuestro país, alentado por los proyectos de privatización de la energía y la lucha por el monopolio de las telecomunicaciones, así como por la lucha que se entabla cada año en torno al reparto de la renta petrolera, que es la fuente última de recursos para sostener la estructura del CME y en torno a la cual se forman los grupos de poder estatal-capitalistas, que pugnan por un nuevo reparto de esos recursos que sólo en el papel son bienes de la nación. La lucha electoral federal es, en última instancia, una lucha en torno al presupuesto del Gobierno federal, y en principal medida en torno a cual grupo se llevará la mayor parte de la renta petrolera, a través de contratos, créditos fiscales y devoluciones de impuestos. Muy probablemente observaremos en lo sucesivo un recrudecimiento de estas tendencias atizadas por la crisis que continúa, y que ha servido ampliamente para que los monopolios afiancen su control sobre la sociedad y su entrelazamiento con el Estado. La crisis, en tanto que esfuerzo purificador del propio sistema capitalista, barre con las formas atrasadas de capital, reforzando al CME, no obstante, éstas formas atrasadas se reconstruyen constantemente, brindando al CME una base de la cual extraer nuevas fuerzas y recursos.

Frente a esto sólo queda a los trabajadores desplegar todo género de luchas en los distintos planos de la vida social, pues el predominio del CME es social en el sentido más amplio y no puramente económico, un lugar central en esta lucha lo ocupa la lucha contra la corporativización de las organizaciones de masas de la izquierda, proceso que, como ya se ha indicado arriba, es inherente al CME, y es la herramienta principal que emplea para despojar a los trabajadores de toda iniciativa política que signifique un reto para el capital; la corporativización induce la despolitización y con ella se afianza el predominio del CME en la política y, por ende, en el conjunto de la vida social.

La crisis actual del capitalismo es la crisis del imperialismo a escala planetaria, o sea, del capitalismo monopolista de Estado. El CME, pues, no implica una superación espontánea de las contradicciones capitalistas, como quieren hacer parecer sus apologistas, por el contrario, representa la forma presente que asume la decadencia del capitalismo con todas sus contradicciones exacerbadas, esto significa que la caracterización correcta del CME es el único camino para fundamentar una estrategia y unas tácticas coherentes y consecuentes.








Anexo 1

Artículos de Víctor Hernández publicados originalmente en SDP Noticias en el año de 2010 acerca del Memorando de Citigroup sobre “Plutonomía”, retomados en diferentes blogs y en http://es.scribd.com/doc/46098078/Plutonomia-1-8 , aunque no todos se encuentran ya en línea.

Plutonomía - Parte 1: El sistema que pone en peligro a la clase media
Víctor Hernández
19 de julio, 2010

Michael Moore menciona brevemente en su documental Capitalism: A Love Story el tema de la Plutonomía. Considero que el tema amerita comentarse más a detalle.

Octubre 16 de 2005. Citigroup, el banco más grande del mundo y dueño de Banamex, envía a sus clientes más ricos un memorandum llamado "Estrategia de inversión - Plutonomía :Comprando lujo, explicando desbalances globales." El memo se puede leer en esta dirección:

http://www.scribd.com/doc/6674234/Citigroup-Oct-16-2005-Plutonomy-Report-Part-1

El memo buscaba convencer a los accionistas más ricos de comprar acciones en empresas de super-lujo a las cuales sólo tienen acceso los más ricos, ya que, dice, los ricos se volverán más ricos y el resto de la gente más pobre.

Citigroup afirma que Estados Unidos es una "Plutonomía"; un sistema en el cual los que controlan al país son el 1% más rico la población (que a su vez vive de la riqueza del 0.1% de ultra-ricos de Estados Unidos). Inclusive el gobierno está subordinado a los ricos bajo este sistema.

De acuerdo con Citigroup sólo hay dos tipos de personas: los ricos y los pobres. No hay una clase media ni le debe de importar a los ricos que la haya o inclusive que desaparezca.

Los principales consumidores de la riqueza en una plutonomía, además, no es la clase media ni los pobres, sino los ricos, quienes tienen más riqueza en conjunto que el 95% del resto de la población.

Son dos los mecanismos que permiten que los ricos se hagan más ricos y el resto más pobre, dice Citigroup:

1. La reducción de impuestos a los ricos y aumentos de impuestos para los demás.

2. El pago de salarios excesivos a los más altos ejecutivos de las grandes empresas (a quienes Citigroup llama "aristocracia gerencial") y reducción de salarios al resto de los trabajadores.

Esta situación continuará produciendo desigualdad de ingresos entre "ricos" y "los demás", dice Citigroup, mientras los gobiernos de los países continúen favoreciendo a los más ricos.

Citigroup nunca usa los términos "ricos", "pobres", "ingresos excesivos", o "desigualdad" como una crítica, sino que los presume como un beneficio del capitalismo a los ricos a costillas de los demás.

En este sistema, por lo tanto, es donde la clase media corre el mayor peligro de desaparecer. No lo dice la izquierda. Lo dice Citigroup.

(Continuará)

Plutonomía - Parte 2: El sistema de la irresponsabilidad de los ricos
Víctor Hernández
20 de julio, 2010

Citigroup envió a sus clientes más ricos el memorándum sobre la Plutonomía en octubre de 2005 para convencerlos de comprar acciones de empresas de lujo.

Uno de los alegatos de Citigroup era que al ser Estados Unidos una Plutonomía (un sistema controlado por el 1% más rico en donde el resto de la gente es "pobre" aunque sea clase media), sus ricos gastaban excesivamente en lujos y ahorraban muy poco.

Citigroup le recomendó a sus clientes más ricos que invirtieran no en empresas que pudieran beneficiar a la mayoría de la población con empleos, o por lo menos a la clase media. No; les dijo que compraran acciones de marcas de super-lujo como Porsche, Bulgari, Polo Ralph Lauren, Four Seasons, Sothebys, y Tiffany.

No es broma. Está en la página 27 del memorándum.

Dijo además que no se preocuparan por el déficit de ahorro del país; que es normal que esto ocurra en una Plutonomía ya que cuando los ricos incrementan su ingreso gastan más en lujos y ahorran menos, pero como controlan la mayor parte de la riqueza del país, su falta de ahorro afecta a toda la economía.

Es decir, Citigroup, sin usar la palabra, alega que en una Plutonomía los ricos son unos irresponsables pero no importa porque eso es lo normal en ese sistema.

El memo señala que esa irresponsabilidad no existió siempre, ya que en los 50s los muy ricos en EU tenían muy buenos ingresos en la bolsa de valores. Pero como no tenían la mayor parte de la riqueza y pagaban altos niveles de impuestos, eran más mesurados en sus gastos y más inclinados a ahorrar.

La irresponsabilidad, señala el memo, empezó a principios de los 80s, cuando los super-ricos controlaron al gobierno de Ronald Reagan para que les redujera los impuestos y eliminara regulaciones para las grandes empresas.

Al controlar los ricos al gobierno, con políticas hechas para beneficiarlos a costillas de perjudicar al resto de la gente, simplemente perdieron la mesura y dieron por hecho que el sistema tenía que darle más dinero a los ricos aunque despilfarraran y aunque la clase media y baja acabaran más pobres aún.

Es decir, en la Plutonomía el único bienestar que cuenta es el de los ricos. Y sus gobiernos funcionan sólo para asegurarse de que los más ricos sigan siendo los beneficiados aunque se destruya a la clase media.

(Continuará)

Plutonomía - Parte 3: Menos impuestos para los ricos, más pobreza para los demás
Víctor Hernández
21 de julio de 2010

Antes de seguir desmenuzando el memorandum de Citigroup sobre la Plutonomía, es necesario hacer un paréntesis para ver un poco de la historia de los impuestos en Estados Unidos, ya que el documento alega que los super-ricos acapararon la mayor parte de la riqueza de EU, mientras los demás ciudadanos perdieron ingreso, a partir de que les bajaron los impuestos.

A partir de 1917 EU le impuso un ISR de 77% a los super-ricos. En los 1920s el ISR se redujo a 25%, pero al final de la década se dio la Gran Depresión.

En 1932 el ISR para los más ricos sube a 63% y 4 años después a 79%. En 1940, sin estar EU aún en la Segunda Guerra Mundial, el ISR sube a 81.1%

A partir de 1942 el ISR de los más ricos en EU sube a 88% y llega hasta 94% en 1944.

De 1951 a 1963 el ISR se mantiene en 91% para los más ricos. Es hasta 1964 que el ISR para los ricos baja a 77% y llega hasta 70% en los 70s.

Llega Ronald Reagan al poder en 1980 y el ISR para los ricos baja a 50%. Para 1988 baja a 28%. OJO: Las tres veces que le bajaron los impuestos a los ricos (los 20s, los 80s y con Bush Jr), fueron seguidas por fuertes recesiones o de plano depresiones.

Durante las administraciones de Bill Clinton en los 90s el ISR de los super-ricos sube a 39.6%, pero con George W Bush en el poder baja a 35% en 2003.

¿Y la clase media? De acuerdo con el New York Times a la clase media de EU le han subido los impuestos en términos reales desde los 60s hasta la fecha. (NOTA: el ISR para los pobres de EU bajó desde los 60s, pero subió 5 vecescomparado con lo que pagaban en 1917.)

Esto viene al caso ya que el memorándum de Citigroup menciona que para que la Plutonomía (el control de la economía por los super-ricos) pudiera existir, los más ricos tuvieron que tener más ingreso y los demás menos ingreso. 

Claramente esto ocurrió en parte por la mega-reducción de impuestos para los super-ricos y el aumento de impuestos a la clase media.

El memorándum señala que esto ha causado una reducción en la calidad de vida de los que no son ricos (clase media incluida), causando descontento de la mayoría de la gente.

Con un detalle: para que una Plutonomía pueda existir, dice Citigroup, se requiere de un gobierno que haga políticas que beneficien a los super-ricos, aunque perjudiquen a la clase media y a los pobres.

(Continuará)


Plutonomía - Parte 4: El miedo de los ricos al voto por la igualdad
22 de julio de 2010
Víctor Hernández
El memorandum de Citigroup sobre la Plutonomía dice textual:

"En el corazón de la Plutonomía está la desigualdad de ingreso. Las sociedades que están dispuestas a tolerar/apoyar la desigualdad de ingreso, están dispuestas a tolerar/apoyar la Plutonomía."

Citigroup admite la globalización beneficia a los super-ricos, haciéndolos aún más ricos (por ende generando una Plutonomía que controla la mayor parte de la riqueza) pero que perjudica al resto de la gente, clase media incluida, haciéndola más pobre.

Sin embargo, la Plutonomía podría revertirse si el gobierno le subiera los impuestos a los super-ricos o cambiara las políticas económicas para generar igualdad.

No le preocupaba a Citigroup. Literalmente dice que ve pocos países haciendo eso, y George W Bush no sólo no les iba a subir los impuestos sino que estaba buscando hacer permanentes sus reducciones de impuestos a los ricos--cosa que Obama detuvo.

El riesgo en realidad, dice el memo, es que si la mayoría del electorado, viéndose  afectado por las políticas "Pluto-amigables"--por ejemplo, perder su empleo o ver su ingreso reducido por culpa del outsourcing (ver P.24)--decidiera votar por un gobierno de izquierda que le pusiera un freno a los abusos de los super-ricos. Dice textual:

"Los trabajadores de hasta abajo en los mercados desarrollados pueden no tener mucho poder económico, pero tienen el mismo poder de voto que los ricos."

Agrega:

"Tal vez una razón por la cual las sociedades permiten la Plutonomía, es porque suficientes votantes creen que tienen una oportunidad de convertirse en Pluto-participantes...Pero si los votantes sienten que no pueden participar, estarán más dispuestos a dividir el pastel de la riqueza, en vez de aspirar a ser verdaderamente ricos."

Es decir, los super-ricos mandan porque suficientes votantes creen que pueden llegar a ser ricos cuando en realidad cada vez se deteriora más su calidad de vida. Y temen que, al ser los no-ricos mayoría, acaben con la desigualdad económica por medio del voto.

El memo subraya que la gente sí se está hartando de la Plutonomía, y que la mejor prueba está en lo cerradas de las elecciones, pero que mientras la gente crea que se hace rica, aunque económicamente su situación se deteriore, los ricos están a salvo.

Su temor es al voto por la igualdad.

(Continuará)


Plutonomía - Parte 6: Las advertencias hechas realidad
Víctor Hernández
24 de julio de 2010
El discurso de que la globalización beneficia sólo a los super-ricos y perjudica a los demás se esperaría de activistas y políticos de izquierda.
¿No ha sido esa su advertencia desde hace años?
Pero no.
Quien lo presume es Citigroup, el banco más grande del mundo.
Estas son algunas citas del segundo memorándum que Citigroup envió a sus clientes más ricos para asegurarles de que Estados Unidos vive en una Plutonomía y por lo tanto, desde hace 25 años los ricos se hacen más ricos y los demás, clase media incluida, más pobres:"Los magos de la tecnología que son dueños de los tubos y distribución, los abogados y banqueros que son intermediarios de la globalización y la productividad, los CEOs que dirigen la carga de convertir la globalización y la tecnología para aumentar las ganancias de la economía a costillas de los trabajadores, todos ellos contribuyen a la Plutonomía.
""Nosotros creemos que los capitalistas globales van a tener una parte aún más grande del pastel de riqueza durante los próximos años, al beneficiarse los capitalistas de manera desproporcionada de la globalización y el boom de productividad, relativamente a costillas de los trabajadores.
""Nosotros creemos que los ricos se van a hacer más ricos en los próximos años, como capitalistas (los ricos) tienen una parte aún más grande del PIB como resultado, principalmente, de la globalización.
Nosotros esperamos que la fuente global de riqueza en las economías en desarrollo mantengan la inflación de salarios detenida, y las ganancias aumentando -- bueno para la riqueza de los capitalistas, relativamente malo para el trabajador no-calificado/de outsorcing en el mercado en en vías de desarrollo.
"No es Hugo Chávez ni Fidel Castro.
Es Citigroup quien lo dice.
Pero otra realidad es posible.
Los ricos no tienen por qué desaparecer.
Simplemente deben dejar que los demás también tengan ingresos justos.
Dice Citigroup:"Por contraste, en otros países como Japón, Francia y Holanda (léase mucho de Europa continental), el egalitarismo ha mantenido a los ricos con porciones de ingreso y riqueza similares a las que tenían en los 1980s--en otras palabras, ellos realmente no se han hecho más ricos en términos relativos.
"Lo que permite que exista una clase media es un gobierno egalitario, no la Plutonomía.

Plutonomía - Parte 7: 5 años después---
Víctor Hernández

En 2010 la calificadora financiera Moodys reiteró lo que dijo Citigroup en 2005: que el 5% más rico acapara la tercera parte del gasto en Estados Unidos--puesto que tienen la mayor parte de la riqueza--y que el nivel de consumo en Estados Unidos no lo define la clase media ni los pobres, sino los ricos al comprar autos de lujo, ropa de diseñador, estancias en hoteles de gran turismo, etc.

Esto se da a conocer en una nota publicada por el New York Times el 16 de julio de 2010, la cual advierte que los ricos disminuyeron su gasto en lujos por miedo a otra crisis como la de 2008, afectando a la "recuperación" económica.

Para 2009, dice la nota firmada por Motoko Rich, la clase media y los pobres dejaron de gastar debido a que el desempleo los golpeó mucho más que a los ricos, mientras que los ricos empezaron a gastar más de lo que ganaban, provocando una supuesta recuperación económica--aunque el desempleo seguía siendo alto.

"Las pérdidas de empleo han golpeado de manera desproporcionada a los que ganan menos. De acuerdo con el Departamento del Trabajo, la tasa de desempleo entre la gente en gerencias y ocupaciones de negocios o financieras era 4.8% en junio (de 2010), comparado con el 9.5% generalizado, 18.2% en construcción y 12.1% en producción" dice el NYT.

"Como resultado, los ricos generalmente mantuvieron su poder de gasto cuando otros lo estuvieron perdiendo", agrega la nota.

Eso quiere decir lo mismo que dijo Citigroup 5 años antes: los super-ricos, al tener la mayor parte de la riqueza, son los que mueven a la economía aunque no generen empleos al hacerlo. Si los ricos, y sólo los ricos gastan, la economía tiene una aparente recuperación, aunque en realidad la clase media y los pobres se ven severamente afectados de manera negativa.

Es decir, en una Plutonomía las crisis económicas no afectan de manera significativa a los ricos, pero devastan a la clase media y a los pobres. Por consiguiente, hablar de "recuperación" en la Plutonomía es hablar de recuperación para los ricos, no para la clase media.

La habría sólo si la clase media y los pobres tuvieran más riqueza y su poder de consumo pudiera afectar de manera equitativa a la economía.

Pero eso no puede ocurrir en un sistema en el que los ricos cada vez son más ricos y los demás son más pobres.

Plutonomía - Parte 8
México es una Plutonomía
Víctor Hernández
Los memorandums de Citigroup sobre la Plutonomía, el de octubre de 2005 y el de marzo de 2006, son claros al señalar que en un sistema de Plutonomía el 1% más rico de la población se hace aún más rico empobreciendo a clase media y pobres desde mediados de los 1980s.

La razón principal: gobiernos que protegen sólo los intereses de los ricos y no los de toda la gente, reduciendo impuestos para los ricos, por ejemplo.

El primer memo advierte que la Plutonomía puede revertirse si la gente decide votar por gobiernos que les suban los impuestos a los ricos y gobiernen para todos, no sólo para el 1% con mayor ingreso.

Bajo esas definiciones, México cabe perfectamente en la definición de Plutonomía:

1. Desde mediados de los 1980s el PRI establece el sistema neoliberal como política de estado, permitiendo que sólo los super-ricos se beneficien y el resto de la población se perjudique. Esto continúa con las reformas y medidas neoliberales de Carlos Salinas de Gortari, Ernesto Zedillo, Vicente Fox y Felipe Calderón.

2. La clase media en México comienza empobrecerse y desaparecer a partir de los 80s, y más magnates mexicanos empiezan a aparecer en las listas de Forbes.

3. Se reduce el ingreso y las prestaciones de los trabajadores y empieza a dominar el outsourcing, el cual es señalado en los memos de Citigroup como una de las causas de la Plutonomía.

4. Los gobiernos del PRI y del PAN jamás tocan los privilegios fiscales de las grandes empresas, permitiéndoles no pagar impuestos, mientras que a la clase media y a los pobres les suben el IVA, el ISR, y les inventan impuestos SIN generar inversión.

Es precisamente por eso que la compra de votos y los fraudes electorales son tan comunes por parte del PAN y del PRI en México. Porque tal y como lo dijo Citigroup, sólo con el voto contra los gobiernos de los ricos la gente logrará acabar con la Plutonomía.

Por eso la minoría de grandes magnates no quiere que la gente vote por Andrés Manuel López Obrador. Porque saben que AMLO eliminaría los privilegios de los super-ricos y fomentaría un sistema egalitario, como ocurre en Francia, Holanda, Alemania, Japón y otros paises señalados por Citigroup por tener ricos que no se han hecho más ricos desde los 80s, y donde la clase media y los pobres también pueden prosperar, no sólo los ricos.

(Continuará)


Plutonomía - Parte 11: Usted no es rico, ni lo será mientras las cosas no cambien
Víctor Hernández
29 de julio de 2010
La definición de "rico" en una Plutonomía, de acuerdo con Citigroup, es el 10% más rico de la población, pero en particular el 1% más rico.
Se trata del consumidor que, por ejemplo, compra autos Porsche, joyería de Tiffany, que se hospeda en hoteles de gran turismo, que compra en las subastas de Sothebys y que tiene millones y millones de dólares de ingreso fijo.
Los demás, de acuerdo con el memorandum de Citigroup de octubre de 2005, son los "no ricos.
" Dice el memo:"En una plutonomía no hay tal cosa como "el consumidor de Estados Unidos" o "el consumidor de Inglaterra", o el "consumidor ruso".
Hay consumidores ricos, pocos en número, pero desproporcionados en la gigantezca rebanada de ingreso y consumo que se llevan.
El resto es el resto, los "no-ricos", las muchas multitudes, pero que representan sorprendentemente pequeños pedacitos del pastel nacional.
"Es decir, Citigroup nisiquiera reconoce la existencia de una clase media.
Aparte de los "ricos", para Citigroup sólo hay pobres.
Los no-ricos son simplemente "el montón.
"Y de acuerdo con Citigroup, en una Plutonomía los "pobres", que incluyen a la clase media, cada vez son más pobres.
De otra manera los ricos no podrían hacerse más ricos.
¿Cree usted que por tener un iPhone, un carrito, una pantallita de plasma, una que otra ropita de medio pelo, o por irse de viaje de vez en cuando ya es rico?
Se equivoca.
Para los verdaderamente ricos usted es pobre.
Y no sólo seguirá siendo pobre, sino que empobrecerá aún más para que los ricos tengan aún más riqueza.
Mientras las cosas no cambien, usted no podrá aspirar a tener un mejor nivel de vida.
Lo dice Citigroup, el banco más grande del mundo.
De acuerdo con Citigroup, sólo hay una manera de cambiar las cosas: votando por gobiernos que no favorezcan solamente a los super-ricos.
En México los gobiernos que han favorecido a los super-ricos, y que han establecido un régimen de Plutonomía desde mediados de los 1980s, han sido del PRI y del PAN.
El peligro para la clase media, por lo tanto, es que el PRI y el PAN sigan en el poder.
Si usted quiere evitar que su nivel de vida se deteriore, y si quiere que mejore, usted tiene un arma muy poderosa para hacerlo: el voto.
No para desaparecer a los ricos, sino para evitar que sigan abusando de la clase media.

Anexo 2
Monopolización de la economía mexicana
Reporte económico de David Márquez Ayala
http://vectoreconomico.com.mx/

México. Las 500 de Expansión (1/2) 28 de junio de 2010

La revista Expansión (CNN) publica en su número del 21 de junio su compendio anual de las 500 mayores empresas que operan en México y que tienen información accesible. Las ventas agregadas de estas compañías, destaca, no habían tenido una disminución desde la crisis de 1994, hasta 2009 “el peor año de la economía” en que las ventas de las 500 cayeron 8.0% y cancelaron 113 mil empleos. Del total, 289 son mexicanas y 211 extranjeras.


Como porcentaje del PIB (11.823 billones de pesos en 2009), las ventas netas de las 500 (8.303 billones) representaron el 70.2%, concentración de suyo excesiva que se hace más patente si consideramos que tan sólo las 156 empresas privadas con mayores ventas representan el 50% del PIB, esto es, la mitad de la producción anual de bienes y servicios en el país, y que muchas de ellas pertenecen a los mismos dueños o grupos.  

En nuestro listado sintético de las 22 empresas más importantes (con ventas de 80 mil millones de pesos o más) el valor de sus ventas representó el 35.2% del PIB; y quitando a las dos empresas públicas en este rango (Pemex y CFE) las ventas de las 20 mayores compañías privadas representaron el 24.1% del PIB. De las 20, siete son extranjeras y 13 mexicanas No obstante su enorme peso económico, las 500 sólo generan el 21.1% del empleo formal del país (trabajadores asegurados en el IMSS), las 22 generan el 8.7%, y las 20 privadas el 7.1%.


El sector servicios en las 500
Telecomunicaciones.- De las 500, 15 empresas realizan esta actividad (11 mexicanas y cuatro extranjeras), con ventas en 2009 por 840 mil millones de pesos, cifra de la cual las ocho mayores (Gráfico 2) representaron el 98.2%; las cuatro mayores (América Móvil, Telcel, Telmex y Telmex Internacional) 89.1%; y la primera de ellas el 47.0%.

Servicios financieros.- De las 500, 76 empresas corresponden a este segmento (49 mexicanas y 27 extranjeras), con ventas totales de 780 mil millones. Sin considerar en las 12 mayores a las cuatro instituciones públicas listadas (Infonavit, Nafin, Banobras y Sociedad Hipotecaria Federal), las ocho mayores privadas ingresaron recursos por 478 mil millones de pesos, el 62.5% del total; de estas ocho, cinco son extranjeras incluyendo a las tres dominantes (BBVA Bancomer, Banamex y Santander) y tres mexicanas.

Seguros y Fianzas.- De las 500, 43 empresas integran este segmento (23 mexicanas y 20 extranjeras). Unicamente las seis mayores representan el 57.5% de las ventas (37.2% de cuatro extranjeras y 20.2% de dos mexicanas).


Comercio autoservicio.- De las 500, nueve realizan esta actividad (siete mexicanas y dos extranjeras). Las ventas totalizaron 557 mil millones en 2009 monto del cual las seis mayores representan el 97.1%, y sólo una, Wal-Mart, el 48.6%


Comercio departamental.- De las 500, ocho empresas (siete de ellas mexicanas) pertenecen a este segmento, y sus ventas fueron de 181 mil millones, monto del cual las tres mayores concentran el 66.5%.


Medios.- De las 500, 14 empresas integran este segmento (12 mexicanas y dos extranjeras). La compañía absolutamente dominante es Televisa con el 51.5% del mercado como empresa eje, y con el 73.4% si se adicionan las otras cuatro empresas del grupo listadas en las 14 (Sky. Cablevisión, Cablemás y Editorial Televisa).


México. Las 500 de Expansión (2/2) 5 de Julio, 2010

De las actividades industriales que abarca el reporte 2010 de Expansión sobre las 500 mayores empresas que operan en México, hemos seleccionado 14 de la industria manufacturera:  

Alimentos.- De las 500 empresas, 25 procesan alimentos (17 mexicanas y ocho extranjeras) y el valor de sus ventas ascendió en 2009 a 439 mil millones de pesos. De ellas, las seis mayores concentran el 71% del mercado.


Bebidas y cervezas.- 13 de las 500 elaboran estos productos de gran consumo en México (siete mexicanas y seis extranjeras) con ventas por 562 mil millones. Las cinco mayores (incluyendo a la Cervecería Cuauhtémoc recién vendida a la holandesa Heineken) representan el 84% de las ventas. De las pequeñas, Big Cola (Perú) representa el 1.3% de las ventas, la Cooperativa Pascual (México) el 1.0%, y Peñafiel (Reino Unido) el 0.8%.


Armadoras.- A la producción terminal de vehículos se dedican 14 de las 500, todas ellas extranjeras, con ventas en 2009 (año depresivo) de 525 mil millones de pesos. Las siete mayores empresas representan el 93% de estas.


Automotriz y autopartes.- De las 500, 16 pertenecen a este segmento (cuatro mexicanas y 12 extranjeras). Sus ventas fueron de 123 mil millones, de los cuales el 61% fueron de las cuatro empresas mayores.


Cemento y materiales. Cinco de las 500 se dedican a estos productos (dos mexicanas y tres extranjeras), con ventas por 229 mil millones de pesos. La mayor empresa, Cemex, tiene el 86% del mercado.


Química y petroquímica.- De las 500, 17 están en este segmento (siete mexicanas y 10 extranjeras) con ventas totales de 152 mil millones. Las nueve mayores representan el 88% de las ventas y sólo las dos más grandes el 56%.

Vidrio y envases.- Unicamente tres de las 500 se dedican a esta producción, una mexicana (Vitro) con el 83% del mercado y dos extranjeras. Las ventas totales fueron de 29 mil millones de pesos en 2009.

Siderurgia y metalurgia.- En esta actividad se ubican ocho de las 500 (seis mexicanas y dos extranjeras) con ventas de 151 mil millones. De éstas, las seis mayores tienen el 96% del mercado y la más grande, Ternium (Luxemburgo) el 30%.


Química farmacéutica.- A esta importante rama pertenecen 14 de las 500 empresas, sólo una de las cuales es mexicana (Genomma Lab) y realiza el 5.3% de las ventas totales (84 mil millones). Las ocho mayores representan el 73%.


Electrónica.- De las 500, seis se ubican en este segmento, todas ellas extranjeras. Sus ventas ascienden a 140 mil millones, el 92% de los cuales corresponden a las cuatro mayores.


México. Las 500 de Expansión (2010) 11 de Julio, 2011

En su compendio anual de las “500” mayores empresas que operan en México, Expansión señala que en 2010 hubo una recuperación generalizada de éstas tras el fatídico año previo. Las ventas de las 500 ascendieron a 9.219 billones de pesos, con un crecimiento real, descontada la inflación, de 6.6% sobre 2009, aunque cabe recordar que por la variabilidad de las empresas enlistadas (fusiones, cierres, nuevas inclusiones, salidas) las cifras acumuladas del año no son estrictamente comparables con las de otros años, aunque sí una valiosa referencia.

Ventas.- Del total mencionado de ventas de las 500 en 2010 (9.219 billones), el 18.9% (1.746 b) correspondió a las 21 empresas o entidades públicas incluidas en el listado, y el 81.1 (7.473 b) a las 479 empresas privadas. De estas, las 267 registradas como mexicanas vendieron el 48.6% del total y las 212 extranjeras el 32.5.


Considerando únicamente al 10% de las 500 empresas hemos preparado un segmento de las 50 mayores privadas + las 3 mayores públicas. Separar ambas nos parece pertinente pues la lógica operativa de las empresas públicas es distinta de las privadas. Pemex, por ejemplo, tiene por mucho las mayores ventas, pero también un régimen fiscal especial que le quita la mitad de sus ingresos y la deja sin utilidades por así convenir al país; tampoco la CFE ni el Infonavit deben operar con miras a maximizar sus utilidades, sino a optimizar un servicio público con la mayor eficiencia y el menor costo posible.


Si las ventas de las 500 equivalen al 70.5% del PIB, las de éstas 53 equivalen por sí solas a 47.6, casi la mitad del PIB. A este último porcentaje concurren las tres empresas públicas con el 12.4 y las 50 privadas con el 35.2%.


Empleo.- En 2010, las 500 representaron 3 millones 415 mil empleos, 15.7% más de los 2 millones 950 mil de las 500 de 2009 (RE 28 / jun / 2010).


Del total de empleos, 204 mil (6%) fueron de empresas públicas y 3 millones 211 mil (94%) de privadas.


Utilidades.- La utilidad acumulada de operación de las 500 ascendió a 1 billón 281 mil millones de pesos en 2010, de los cuales 768 mil millones correspondieron a las 479 empresas privadas.



Si de estos 768 mil millones se pagó el 30% correspondiente al Impuesto sobre la Renta (ISR empresarial), dichas empresas privadas aportaron por sí solas 230 mil millones al fisco por este concepto, el 1.76% del PIB. Lamentablemente, este porcentaje no se puede validar pues México es el único país de la OCDE que no separa el ISR empresarial del ISR personal y sólo se conoce una cifra integrada del ISR recaudado por ambos conceptos, que es, por cierto, bajísima: el 5.0% del PIB que capta México es apenas dos quintas partes del 12.6 que los países de la OCDE recaudan en promedio por ISR integrado, y no se diga si se compara con lo que captan países como Nueva Zelanda (18.2% del PIB), Israel (18.4), Noruega (21.6), o Dinamarca (28.6%).




Anexo 3

Interrelación personal del Estado y los consorcios

Fragmento de Los rescates sólo benefician a los bancos, artículo de Marco Appel en la Revista Proceso, núm. 1843, del 26 de febrero de 2012, pág. 49

“En su libro [La finanza imaginaria. Anatomía del capitalismo: de los mercados financieros a la oligarquía, Geoffrey] Geuens evoca una reunión del Foro Progresista Global (GPF, por sus siglas en inglés), celebrada en abril de 2009 en Bruselas, que fue dedicada al análisis de la crisis. Ese foro se creó gracias a una iniciativa conjunta del Partido Socialista Europeo y de la Internacional Socialista, y lo dirige el español Josep Borrell, expresidente del Parlamento Europeo y exministro en su país de Trabajos Públicos, Transportes, Medio Ambiente y Telecomunicaciones. Borrell, remarca Geuens, también es administrador del conglomerado Abengoa, que opera en el campo de las energías renovables, las telecomunicaciones y la construcción de infraestructura.

“Comenta: 'En la sesión plenaria, titulada «Políticas progresistas para la globalización», participaron Bill Clinton, exasociado del magnate estadunidense Ron Burkle en su firma de inversiones Yucaipa y del sheik de Arabia Saudita y esposo de la actual secretaria de Estado, Hillary Clinton, quien fuera ejecutiva de Wal Mart; Howard Dean, excandidato demócrata a la elección presidencial estadunidense y consejero de la firma de negocios McKenna Long & Aldridge, y Poul Rasmussen, líder del gobierno danés (1993-2001) y expresidente del GPF, que entró en la historia de su país por haber realizado el más ambicioso programa de privatizaciones que haya conocido Dinamarca en el siglo XX'.

“Rasmussen, continúa el profesor, 'actualmente preside el Partido Socialista Europeo y es parte del Policy Network, un «tanque de pensamiento» cercano al primer ministro laborista Tony Blair y dirigido por Lord Mandelson, excomisario de Comercio de la UE que ahora trabaja para el banco Lazard. Rasmussen es también miembro del Consejo Consultor del European Policy Centre, controlado por Peter Sutherland (presidente de Goldman Sachs, expresidente de British Petroleum y exmiembro de la dirección de Investor) y Lord Kerr, antiguo secretario general de la Convención Europea (que redactó la llamada Constitución de la UE), quien luego se convirtió en vicepresidente de la petrolera Shell'.

“Geuens se muestra escéptico ante las comisiones y grupos de expertos que, desde 2008, diversos políticos han creado con el objetivo de regular el mundo financiero. 'Quieren regular únicamente limitando los excesos. Se pueden instaurar comisiones de regulación a nivel belga, del Banco Central Europeo o la banca internacional, pero nada cambiará si las fuerzas políticas representadas en esas instituciones son las mismas que han construido el mercado europeo, trasatlántico e internacional. Es querer convertir a los pirómanos en bomberos'.

Pone algunos ejemplos. En 2008, la Comisión Europea designó al francés Jacques de Larosière como presidente de un grupo de vigilancia y de redacción de una nueva normativa financiera. Larosière fue director general del Fondo Monetario Internacional (1978-1987), gobernador del Banco de Francia (1987)-1993) y presidente del Banco Europeo para la Reconstrucción y el Desarrollo (1993-1998). sin embargo, al momento de preparar su reporte ejercía como consejero privado del presidente del grupo bancario francés BNP Paribas, Michel Pebéreau, y ocupaba un puesto de dirección en la firma financiera BMB Group, propiedad de varios sultanes y jeques.

“En 2009, el gobierno belga eligió al barón Alexandre Lamfalussy para dirigir el Alto Comité para una Nueva Arquitectura Financiera. El barón había presidido el comité de dirección del Banco de Bruselas, fue director ejecutivo del Banco Bruselas Lambert (BBL, adquirido por el banco holandés ING), director del Banco de Reglamentos Internacionales y presidente del Instituto Monetario Europeo. Geuens recuerda que Lamfalussy también dirigió el comité internacional del banco belga Fortis (adquirido tras una crisis por BNP Paribas) y la aseguradora CNP Assurances.

“Algunos miembros de ese 'comité independiente' eran Geert Noels, jefe economista de la sociedad de gestión financiera Petercam, fundador del fondo financiero Crelan Fund EconoFuture y actual director de la compañía privada de gestión Econopolis; Peter Praet, economista en jefe de Fortis y director del banco Nacional de Bélgica, y Daniel Gros, quien presidía la firma de gestión de activos San Paolo IMI Asset Management, además de dirigir el Centro Europeo de Estudios Políticos, espacio de reflexión presidido por el exnúmero dos de Citybank Onno Ruding.”

viernes, 23 de diciembre de 2011

Estado y nación en el siglo XXI

A partir de la segunda mitad del siglo XX se volvió lugar común el hablar del fin del Estado, se decía que el avance del capitalismo daría comienzo a la abolición de las fronteras nacionales, ya que el constante incremento de los intercambios y contactos mundiales gradualmente convertiría en otras tantas trabas a las aduanas y fronteras.

Pero más allá del comercio, se extendió rápidamente la idea de que las propias diferencias nacionales y locales se desdibujarían hasta llegar a una sociedad homogénea a escala mundial. Naturalmente, esa nueva sociedad emularía la cultura de los EU y Europa occidental. Sería un mundo “occidental”, democrático, liberal y basado en la acumulación de capital.

Estas expectativas parecían confirmarse con el surgimiento y rápida expansión de la Unión Europea, del euro como moneda internacional, así como por la expansión de la hegemonía económica, política y cultural de los EU después de la II Guerra Mundial. La inclusión de India y China en el ciclo industrial-comercial-financiero mundial, en calidad de grandes centros industriales con mano de obra de muy bajo costo contribuyó no poco a reforzar estas ideas.

Pero pronto los fundamentos de estas expectativas comenzaron a crujir desde sus mismos cimientos, aunque algunas capas en una serie de países experimentaron un incremento en sus niveles de vida, la pobreza no menguó y mutó en una serie de formas nuevas, incorporando toda una gama de trabajadores sumergidos en diversos grados de subocupación, endeudamiento y marginación de la educación, la salud y la cultura.

Nuevas formas de empobrecimiento surgieron, y los trabajadores fueron encajonados y aislados en nuevos estamentos como no se veía desde la Edad Media. Las profesiones se reservaron a las clases y la movilidad social comenzó a aminorar.

Al mismo tiempo, las guerras coloniales fueron en aumento aunque nunca cesaron realmente. De Corea se pasó a Vietnam, luego a muchos países de África y Asia. La descomposición del escenario mundial tuvo su cúspide en la guerra de Irak de 1991, empresa colonial del más puro estilo que, sin embargo aún pudo cubrirse con el manto de la defensa de los países débiles, en este caso Kuwait, invadido por Hussein. Pero el bombardeo de Yugoslavia en 1994 y las campañas de Afganistán en 2001 y las nuevas campañas contra Irak en 1998 que culminaron con la invasión total en 2003, dejaron desnuda la política imperial de “occidente”, cuya avidez por materias primas, sobre todo petróleo, era uno de los ejes de la política internacional, contrariamente a la ideología dominante, que propugnaba una “nueva economía” basada “en el conocimiento”, o sea en los avances en microinformática y genética, que permitieron el surgimiento de nuevos mercados para el capitalismo. Las ganancias producidas por esta actividad generaron una confianza en los sectores más desarrollados de la clase capitalista y también en los sectores liberales asociados a ella.

Pero la realidad de la guerra, las manipulaciones financieras y la sucesión de crisis económicas comenzaron a golpear directamente a la pequeña burguesía; las nuevas inversiones comenzaron a paralizarse y la lucha por los mercados se tornó más encarnizada que nunca. El mito de la globalización imperialista como la panacea de las contradicciones del capitalismo comenzó a hacerse pedazos.

En medio de la crisis general de la producción, con grandes masas de capital paralizadas, la escasez se presentó de nuevo en toda su dimensión, como fue el caso de México y de otros países pobres, cuyas reservas de grano quedaron en manos de unos pocos especuladores monopolistas. Fueron los primeros avisos.

La crisis que se declaró en 2008 y que continúa hasta hoy, significó un quebranto de millones de millones de dólares y acabó en los hombros de los trabajadores de todo el mundo, pero también en los de los trabajadores de los países imperialistas, que fueron lanzados en masa al desempleo abierto. El rescate de bancos y empresas financieras y de bienes raíces corrió por cuenta de gobiernos y bancas centrales, que hoy buscan con desesperación pasar la factura a la clase proletaria y a la pequeña burguesía a través de nuevos impuestos, recortes de personal burocrático y recortes a programas sociales de vivienda, salud y educación, entre otros rubros.

La profundidad y gravedad de la crisis puede verse en que ya ha llevado a la ruina a Estados enteros. El aviso ominoso apareció en Islandia, pequeño país de 313 000 habitantes, inflado de capital extranjero por financieros sin escrúpulos que llevaron a la ruina a miles de cuentahabientes. Pero después llegó al umbral Grecia, cuya crisis económica se tornó en una crisis política que sigue aún. Los países del Magreb y Egipto cayeron en la revuelta y derrocaron a las dictaduras que los dominaban desde hace treinta años. La ola revolucionaria se extendió a la península arábiga y luego regresó al Mediterráneo, donde llevó a la defenestración del procaz Berlusconi y a la derrota aplastante del PSOE en España. Europa mira en estos momentos con azoro cómo el euro, una moneda respaldada por el poderío financiero e industrial de Alemania y Francia se ve amenazada de muerte por la crisis en las tres penínsulas del sur y cómo Francia y Alemania pretenden salvar sus capitales a costa del resto de Europa, evitando comprometerse al rescate de Italia, rescate para el cual de hecho están incapacitados, pues no se trata de un país pequeño y manejable como Islandia y cuando incluso Grecia parece escapárseles de las manos. Italia es un gigante económico y plantea un verdadero lío, a ello se debe que nombrasen como su gobernante a un agente de los organismos financieros.

Las crisis bélicas, las crisis económicas, que en realidad son las mismas pues tienen las mismas fuentes, han despedazado las ilusiones que el mundo una vez depositó en la expansión del capital, pretendiendo que el generador de las contradicciones podía resolverlas por sí mismo, si “se le dejaba hacer”. Lo que en realidad ocurría era más sencillo de interpretar, una clase que posee el capital, o sea, la capacidad de disponer de los recursos del mundo, siempre está a la búsqueda de ganancias mayores al promedio, y para ello no basta con dejar hacer al ciclo económico, hay que competir por apoderarse de la deuda del Estado y de los hogares, por el control de las materias primas y por monopolizar tecnologías y mercados. Los Estados nación y las fronteras son la expresión de la fuerza de los grupos de capitalistas y otras tantas herramientas de esta lucha que se libra todos los días, herramientas sin las cuales apenas puede hablarse de ganancias por encima del promedio, que son la condición vital del capital en la época que vivimos.

Y bajo el capitalismo, la explotación genera y regenera todo una gama de resistencias culturales y políticas que recrean constantemente las diferencias étnicas, nacionales y culturales. Es un mecanismo de defensa natural y espontáneo de las comunidades, que ven avasallado su entorno por el avance de las relaciones de producción capitalistas, sin que ello se traduzca en una mejora en el nivel de vida. Llegar a un mundo homogéneo, sin fronteras, mediante el capitalismo es una utopía que encubre las peores violencias y despojos con el manto del progreso y la democracia, es la ideología fenecida del liberalismo que mal encubre al imperialismo y el militarismo, que son la verdadera práctica del capital desde 1914 a la fecha.

Al final, el capitalismo demostró que sólo era lo que podía ser; que la explotación del trabajador, la expoliación de la naturaleza, y la guerra bajo múltiples formas, son su realidad cotidiana más allá de las ilusiones ideológicas de los apologistas de buena o mala fe.

martes, 25 de mayo de 2010

La vocación imperialista y la soberanía nacional

Afirma Lorenzo Meyer que la visita de F. Calderón al cementerio de Arlington ha sido lo más rescatable de la gira del Ejecutivo a EU (MVS Noticias, 24 de mayo de 2010). Según han reportado las crónicas periodísticas, en ese lugar se hayan enterrados los cadáveres o se encuentran las lápidas que corresponden a los soldados estadunidenses caídos en combate, incluyendo aquellos que murieron en las invasiones de los EU a México.

Más allá de las anécdotas, y de la manera vergonzante en que el Ejecutivo rindió el homenaje (sin discursos, en cosa de minutos), lo que resalta es la posición de un historiador tan reconocido como Meyer, especialista en las relaciones México-EU, que no puede ignorar la importancia de los símbolos de cara a la historia, pues sólo tomando en serio las frases (que sólo son frases) acerca de la “relación bilateral”, “nuestros socios americanos”, etc., puede tener algún sentido una valoración positiva del acto.

¿Es que Meyer está a favor de una “alianza” de México no “con los EU”, sino con el imperialismo estadunidense? ¿Es que puede haber tal “alianza” entre el amo y el lacayo?

¿Es que México tiene que convalidar, así sea simbólicamente las invasiones estadunidenses a países soberanos a lo largo de la historia, incluyendo las devastaciones de Irak y Afganistán, de las que hemos sido testigos? ¿O es que el Ejecutivo mexicano visitará pronto Irak y Afganistán para rendir homenaje a los combatientes de la Resistencia?

Meyer habla de reciprocidad, que los presidentes estadunidenses han rendido homenaje a los Niños Héroes en sus visitas a México. Pero, Dr. Meyer, al fin y al cabo, un protocolo nunca ha atado las manos de un imperio, pero sí que ha desprestigiado a un país débil. Unas ceremonias de las que muy pocos se acuerdan no lavan la ignominia que el Estado estadunidense y los grandes capitalistas y racistas de ese país se esfuerzan por refrendar día a día con el trato que dan a los migrantes mexicanos en los EU, con sus atropellos financieros y comerciales, y con el habitual desprecio a la soberanía de nuestro país, ¿O sí basta con una ceremonia y unos ramos de flores, Dr. Meyer?

Sólo el recíproco respeto a la soberanía nacional puede ser la base de una buena convivencia regional en América del Norte, como en cualquier otra parte, entre los países que tienen por fuerza que ser vecinos: México, los EU, Canadá y Cuba.

martes, 3 de noviembre de 2009

Los retos políticos de la izquierda mexicana

La organización económica de un país es la fuente última de las distintas corrientes e ideologías que luchan por el poder. México no es la excepción.

La organización económica de México se caracteriza por la existencia de dos polos sociales antagónicos, separados por la propiedad de la riqueza, del capital, que se acumula en una minoría de privilegiados, mientras que la mayoría de la población tiene que conformarse con la menor parte del ingreso nacional.

Entre aquella parte de la sociedad que nada tiene, y aquella que se apodera de todo, hay una inmensa variedad de grupos que tienen alguna propiedad.

Los poseedores, o sea, los capitalistas, que son los grandes industriales, comerciantes, banqueros y financieros, deciden cuanto y como se produce, contratan a quien quieren, y en virtud de esto se hacen con las ganancias que deja la producción de mercancías. El grupo de los desposeídos tiene que vender su fuerza de trabajo a los propietarios, al precio que fije el mercado y cuando lo determinen los patrones; y a cambio de ese trabajo, el asalariado recibe una remuneración que le alcanza para malvivir. Las clases medias se integran con una masa de pequeños industriales, comerciantes, agiotistas y agricultores, obtienen ganancias pero trabajan como los asalariados, su situación es intermedia: tienen propiedad, ganan, pero tienen que trabajar.

A cada gran grupo social le corresponde un determinado tipo de expresión política:

-A los capitalistas les corresponde el Partido Conservador, con sus vertientes liberal y militarista.

-A los asalariados les corresponde el Partido Proletario, en sus vertientes socialista y comunista.

-Las capas intermedias tienen expresiones menos definidas, como corresponde a su situación en la sociedad, y van de la socialdemocracia y el populismo al anarquismo, pasando por toda clase de mixturas como el comunalismo agrarista o el fascismo.

La unión del Partido Proletario y de las capas intermedias conforma el Partido Popular.

Con frecuencia, el Partido Popular no es capaz de desarrollar sus propios programas políticos, y se ve fuertemente influido por el liberalismo, al grado que llega a convertirse en aprendiz del Partido Conservador, del Partido del gran capital.

En México el Partido Conservador es claramente visible, se integra con el PAN, el PRI, las cámaras empresariales, el SNTE, el sindicato de petroleros, las compañías de televisión, radio y los periódicos, las mayores escuelas superiores privadas (sus escuelas de cuadros)y otras organizaciones.

El Partido Conservador mexicano pertenece a la vertiente liberal, pero cada vez se desplaza más a una vertiente despótico-militar. A esta singular composición se le ha denominado “neoliberalismo”.

Este neoliberalismo es fundamentalmente una ideología pro-imperialista que poco tiene que ver con los tópicos del librecambismo y mucho con los intereses de los monopolios.

El Partido Proletario carece en México de expresiones masivas, y sólo se compone de algunas organizaciones marginales.

El Partido Popular mexicano, de por sí heterogéneo, dada la variedad de aspiraciones y reivindicaciones que se expresan en él, se ve inmerso en una crisis que se prolonga por más de una década.

Esta crisis se ha manifestado como una tendencia al fraccionalismo, al sectarismo y al colaboracionismo con el Estado y con el Partido Conservador.

Mucho se ha discutido sobre lo nefasta que es esta situación, pero se ha permanecido en la superficie, sin indagar por qué lo único que ha logrado unir a la izquierda, al Partido Popular, ha sido una oposición en bloque al Partido Conservador; unión que no ha pasado de lo coyuntural, y que por carecer de un programa a largo plazo, ha terminado en agrios enfrentamientos de fracciones.

No se ha debatido sobre la necesidad de la unidad programática de la izquierda, no se ha producido una discusión seria sobre los principios políticos y económicos que tienen que animar la acción de la izquierda; y no se ha discutido, creemos, por el temor, sin fundamento, a que surjan enfrentamientos y rupturas; pero la realidad es que esos enfrentamientos y rupturas se producen de todos modos, y cuestan graves derrotas, pues suelen ocurrir en los peores momentos.

La realidad es que la izquierda no tiene una idea propia de lo que es el progreso social, y no hace sino regurgitar los lugares comunes de los conservadores.

La izquierda ha sido colonizada ideológicamente por la derecha, se ha convertido en su complemento o, más bien, en su comparsa.

Pero eso no es lo peor, lo peor es que la izquierda cree que no necesita elaborar con pulcritud su programa, y que las divisiones y derrotas son producto exclusivo de factores personales, y que todo lo que se necesita para superar la crisis es una labor de componendas y maniobras de corto plazo.

No puede haber postura más errónea en lo teórico, ni más peligrosa en lo práctico. Sólo un debate en serio puede ser el punto de partida de la recomposición de la izquierda, y mientras se le siga posponiendo, la crisis continuará.

El papel del programa político en el movimiento democrático popular.

La cuestión del partido político es la cuestión del poder. El poder en la sociedad moderna reside, como es bien sabido, en el Estado. El Estado se integra de un conjunto de instituciones destinadas a gobernar, o sea, a dirigir, organizar, la actividad cotidiana de la sociedad, pero también se integra con instrumentos de represión, que se crearon a raíz de que la antigua sociedad se dividió en grupos de poseedores y desposeídos, a saber, un ejército permanente, policías, cárceles y tribunales.

Las relaciones entre poseedores y desposeídos no son, sin embargo, estáticas; en determinados momentos, el descontento de las clases trabajadoras aumenta y se transforma en una rebelión social contra la dominación de una minoría; entonces el aparato estatal entra en acción, evitando que la rebelión triunfe y con ello quite el poder a la minoría que se enriquece a costa del trabajo ajeno.

En el marco de esta vocación defensiva del statu quo, no dejan de existir luchas parciales por el poder entre distintos grupos, lo que da origen a distintas organizaciones políticas destinadas a hacerse de posiciones en el gobierno, y en los parlamentos en caso de que existan; estas organizaciones son los partidos políticos.

Los partidos políticos son otros tantos instrumentos que se da la sociedad para canalizar la lucha entre grupos y clases de manera que se garantice un reparto relativamente pacífico de los beneficios derivados de los cargos públicos y de la corrupción del Estado.

Los grupos progubernamentales siempre esperan que la lucha política se mantenga alejada de las reivindicaciones populares, para lo cual buscan evitar que el debate público aborde las cuestiones del reparto del producto social, de las condiciones laborales, de la democracia popular, etc.; y así la política se trastoca en politiquería que encubre la lucha subterránea que los grupos de poder libran entre sí y contra los trabajadores.

Sin embargo, a pesar de los esfuerzos desplegados por los grupos de poder, las pugnas sociales acaban por emerger en la política, a través de algunos movimientos orientados hacia la izquierda del espectro político.

Estos movimientos políticos de izquierda se organizan, de mejor o peor manera, dependiendo de la experiencia que dispongan, la capacidad y honradez de sus cuadros dirigentes y de su habilidad para aprovechar las circunstancias, en fin, de la justeza y oportunidad de su programa político.

La cuestión del programa político es de particular importancia para las organizaciones de izquierda, por cuanto las clases trabajadoras por lo general se hallan alejadas del poder, y tienen que plantearse explícitamente los objetivos que buscarían al ascender al poder; por el contrario, las organizaciones de derecha, en tanto que sirven a las clases que ocupan el Estado, su programa es realmente sencillo y se limita a la conservación del poder, para lo cual tienen que valerse de los medios apropiados para limitar la participación popular en las instituciones, para reprimir selectivamente a los elementos radicales y enriquecerse con la corrupción del gobierno a fin de asegurar sólidas relaciones de complicidad que mantengan unidos a los miembros del grupo dominante por los beneficios así obtenidos.

El programa de la izquierda juega el papel de articulador de la estrategia y las tácticas que se sigan, y por ello su elaboración no constituye un ejercicio académico o de mera redacción, sino que pasa necesariamente por una discusión abierta entre grupos e individuos, discusión en la que se aborden prácticamente todas las cuestiones de estrategia y táctica en el marco de un análisis de la realidad social elaborado en términos de la situación social y económica de las clases que la integran.

La enorme influencia que la política derechista tiene y ha tenido al interior de la propia izquierda ha llevado a que se posponga indefinidamente la elaboración de un programa propio de la izquierda mexicana, la cual se ha contentado con copiar consignas, frases e ideas sueltas de otras clases y de otros países, por lo cual se han adoptado estrategias y tácticas desacordes al momento, lo que ha derivado en grandes derrotas para el movimiento democrático mexicano.

Desde luego que es correcto aprender de las experiencias de otros países, pero esto no se logra tomando cualquier cosa que parece plausible, sino precisamente a través de la elaboración y práctica de un programa propio.

La izquierda ha de defender el programa que ha elaborado, y eso se hace mediante un proceso de constante debate acerca del mismo, y nunca erigiéndolo en dogma. Así, y sólo así, puede la izquierda comenzar a cumplir las tareas que la historia plantea frente a ella.

México posee una larga historia de planes políticos en los cuales se esbozó la idea de un programa político de acción que articulara a la oposición de izquierda y que constituyen un antecedente a la labor que en nuestra época es ya impostergable: la elaboración de un programa político de la izquierda mexicana.

Únicamente cuando se tenga un programa surgido de un gran debate, podrá hablarse de un auténtico partido de izquierda y ya no de meras organizaciones calcadas o copiadas de los partidos de derecha, y que por ello mismo son incapaces de servir a los intereses de los trabajadores, limitándose a servir, en el mejor de los casos, de cajas de resonancia de las aspiraciones más superficiales de las masas trabajadoras. Estos partidos de “izquierda”, aunque pueden servir en un momento dado de vehículos de los trabajadores, en los momentos cruciales, su falta de unidad los conduce indefectiblemente a impedir que la oposición de izquierda alcance sus objetivos cruciales, con lo cual estos partidos de “izquierda” acaban por parecerse al Estado como dos gotas de agua, en cuanto al objetivo último que persiguen, que es el de evitar la explosión de una lucha abierta entre las clases sociales que favorezca a las clases oprimidas.

La necesidad de un programa político propio de la izquierda es imprescriptible.

miércoles, 9 de septiembre de 2009

La acumulación de capital en México

La situación concreta de las clases sociales en México está lejos de ser esclarecida, aunque se han hecho investigaciones históricas sobre la actuación política de las organizaciones sindicales y patronales. Además está la labor esclarecedora que ha tenido la lucha entre las propias élites económicas en torno al presupuesto del Gobierno federal, que es un factor de primera importancia en el proceso de acumulación de capital de la clase capitalista mexicana; aquella empresa que puede evadir una mayor cantidad de impuestos y al mismo tiempo hacerse de contratos, préstamos y subsidios gubernamentales, puede asegurar una gran ventaja sobre sus competidores; la ayuda del Estado se vuelve un factor importante del proceso capitalista mexicano.

Desde luego, esta prerrogativa favorece sobre todo a los grandes monopolios como Televisa, TV Azteca, Telmex, etc., que reciben grandes recortes de impuestos. Televisa “paga” sus contribuciones en especie, algo sin precedentes; otros se atienen a los “regímenes de consolidación fiscal” en los que las pérdidas de una empresa perteneciente a un corporativo sirven para evadir impuestos derivados de las ganancias habidas en otra empresa del mismo corporativo. También juega un papel importante la devolución del IVA (Impuesto al Valor Agregado), valiéndose de las exenciones a alimentos y medicinas.

Por un lado y por otro, los monopolios se hacen de recursos, no con base en otra cosa que la fuerza económica. Esa fuerza económica se deriva de la capacidad de un monopolio de controlar ramas enteras de la economía y así hacer que su funcionamiento normal sea una necesidad social que no se puede suprimir sin causar graves trastornos al conjunto social.

El conjunto de los monopolios adquiere así un poder sobre el conjunto social que hace a la vía capitalista de desarrollo irreversible, planteando el problema de la socialización de la producción, haciendo que las ideas de un mundo basado en la pequeña producción se conviertan en meras utopías.

La socialización de la producción constituye aquel proceso en que las empresas son cada vez más grandes e involucran cada vez más trabajadores, tales empresas se van imbricando crecientemente entre ellas y con el Estado. Bancos, grandes fábricas y el Estado se van integrando en un único mecanismo que domina y regula la economía social.

Pero la socialización de la producción nunca involucra directamente la socialización de los beneficios, pues la propiedad privada de las máquinas, materias primas e insumos, etc., lo impide.

Como la socialización de la producción sigue su camino inexorablemente, la propiedad privada de los grandes capitalistas se hace cada vez más incongruente con los intereses comunes de la sociedad, pues la defensa de la propiedad privada provoca crisis periódicas cada vez más destructivos, en las cuales se destruyen partes completas de la economía para volver a hacerla rentable para una minoría de capitalistas.

En un momento determinado, a fin de que la socialización de la producción continúe, se hará necesaria y posible la abolición de la propiedad privada capitalista, lo que inaugurará una nueva época en las relaciones sociales, pues tal supresión dará fin a la explotación del trabajo ajeno.

México no es, en modo alguno, ajeno a la marcha de este proceso. La crisis que barre el país, la creciente disparidad del ingreso, la parálisis del Gobierno, son todos factores que se derivan, en última instancia, de la contradicción entre la creciente socialización de la producción y el carácter capitalista privado de la apropiación.

La acumulación del capital en México sigue el mismo derrotero que en el resto del mundo, aunque su camino difiera en múltiples aspectos. No pocos autores tienden a sobrestimar al capitalismo, creyendo que éste se desenvuelve de una manera uniforme en todos los países y en todas las épocas; mientras que otros autores creen que las diferencias nacionales y temporales pueden dar pie a un excepcionalismo en el que el desarrollo en cada época y país es enteramente arbitrario y sólo sigue sus propias pautas. Ambas maneras de razonar son equivocadas, la particularidad del capitalismo no implica que no siga ciertas líneas uniformes que permiten hablar de un modo de producción capitalista y de formaciones sociales capitalistas.

jueves, 9 de julio de 2009

Cinco artículos sobre la votación del 5 de julio

La votación de julio de 2009 fue más la votación de la incertidumbre que la del miedo propiamente dicho. La incertidumbre acerca de la economía y el empleo, de la inseguridad personal y del goce de derechos y la desconfianza en el gobierno federal, se conjugaron para arrojar una nutrida votación a favor del PRI, a costa del PAN y del PRD, que se hundieron muy por debajo de sus umbrales alcanzados en la votación del 2006.

La izquierda se resintió de las divisiones en su interior y fue incapaz de captar ese voto de castigo al gobierno, que entonces se canalizó al PRI y al PVEM.

Dice Adolfo Sánchez Rebolledo:

“Cansado de los experimentos, el electorado, volátil por naturaleza, prefirió dar su confianza –erosionada por el abstencionismo- a una opción esencialmente conservadora al votar por el PRI como el partido ‘del orden’, antes que refrendar en las urnas la deteriorada legitimidad del gobierno panista. Por desgracia, el país es hoy un poco más bipartidista que ayer, aunque el poder político aparezca fragmentado en compartimientos cerrados, más cercanos al autoritarismo que a la democracia. Y algo más: en esta feudalización hacen su agosto los poderes fácticos, sobre todo los medios [de comunicación] que ya se perfilan –con todo y candidato- hacia 2012. Ellos quieren ser los intérpretes de la nueva razón de Estado transformada por los cambios inevitables de la política. Quieren la contrarreforma electoral, un presidencialismo a modo y un régimen ‘representativo’ que sea funcional al despliegue de sus intereses presentes y futuros. Es el de una época.” [¿Qué dice la izquierda?, La Jornada, 9 de julio de 2009, pág. 23]

Los resultados de esta anticlimática elección serán, sin embargo, de largo alcance; como dice Julio Hernández López:

“Felipe Calderón solamente duró tres años encaramado en el poder formal. Ayer [6 de julio], el PRI tomó posesión del trienio restante de un sexenio mucho más que perdido. La primera instrucción del gobierno tricolor, emanado de un golpe electoral, fue la destitución del secretario de asuntos partidistas del gabinete fallido, el patético Germán Martínez. Luego, los jefes de jefes del priísmo sombrío, Manlio [Fabio Beltrones] y Emilio [Gamboa Patrón], han comenzado a difundir su exigencia de que haya cambios importantes en el gabinete de desastre de Felipe V (es decir, Felipe Virtual) […]. Y la muy deportista Beatriz Paredes ha salido a plantear que es necesaria una corrección profunda de la política económica calderonista […].” [Astillero, La Jornada, 7 de julio de 2009, pág. 4]

Y más adelante:

“Felipe concede la cabeza de su sirviente partidista sin darse cuenta de que ha comenzado a destazarse políticamente, a derrumbarse con dinamita de la casa. Germán [Martínez] nunca ha sido otra cosa que un fiel ejecutor de las instrucciones dictadas por el jefe Lipe [Felipe Calderón], de tal manera que arrojar la marioneta a las fauces de los tiburones de tres colores es una forma de reconocer las propias fallas capitales del titiritero ejecutivo, que así se arriesga a que el público asistente a la Gran Carpa México se pregunté [sic] por qué no corre similar suerte el manejador de los hilos ahora caídos.” [loc. cit.]

También dice Luis Linares Zapata:

“El electorado volvió sobre las huellas de un gobierno dividido adicional, cara fórmula para los mexicanos de abajo. Una minoría votó para dar al priísmo una oportunidad adicional para que pueda conducir, con cierta holgura, tanto los asuntos públicos generales de la República como los de las regiones bajo su férula. Será, por tanto, esta fracción partidista quien tenga la responsabilidad en el diseño de las políticas públicas que signarán los restantes años del poquitero sexenio calderónico. En realidad, al recargarse sobre el priísmo, los votantes eligieron una ruta, bastante nublada, sobre la continuidad efectiva del golpeado modelo vigente.” [La oscura ruta futura, La Jornada, 8 de julio de 2009, pág. 17]

El PRI, desde luego, es incapaz de resolver el desempleo, la carestía y la inseguridad, y más bien se halla entre las instituciones donde estos problemas se originan; por lo tanto, su vocación no se halla volcada en lograr reformas que atiendan los intereses populares, sino únicamente en pos de su “retorno a Los Pinos”. Su “triunfo” en estas circunstancias, por tanto, no resuelve la crisis política, sino que la ahonda, al desaparecer a la izquierda del mapa nacional, las medidas del Estado sólo se pueden ‘legitimar’ por un Congreso dominado por los intereses empresariales representados por los partidos de derecha, que ahora tienen que lidiar solos con la crisis general del Estado, pues el PRD de Jesús Ortega, desfondado y desprestigiado es más un estorbo que un agente legitimador, mientras que al lopezobradorismo le convendrá desmarcarse de las iniciativas derechistas, pues sus magros números dependen casi en exclusiva de sus adherentes más radicales.

Dice Marco Rascón:

“El maderismo, según la visión de José Vasconcelos, fue una tragedia porque convocó a la nación a cambiar, sin lograrlo. Se derrocó a Porfirio Díaz, pero no al porfiriato, y el país estalló. Madero, pactando con el viejo régimen, quiso ahorrarle una revolución a México, pero al desmembrarse su fuerza, provocó una de las más grandes y sangrientas revoluciones.

“El regreso del PRI equivale hoy al golpe de Estado de Victoriano Huerta, que entonces, como hoy, fue festejado por los medios, los oligarcas económicos, la estructura sindical de los gobernadores y los aparatos del clientelismo central. Es sorprendente observar que muchos de los que anunciaron en julio de 2000 que ‘había caído el muro’, hoy lo levantan con la fuerza que da la convicción de que el viejo régimen es nuestra única opción de gobernabilidad. En este episodio, hasta los mismos priístas que proponían un ‘nuevo PRI’ salieron golpeados, porque ganó el viejo Partido Revolucionario Institucional, el de siempre: el de la unidad nacional, el profundamente contrainsurgente y anticomunista. El que espiaba, torturaba, encarcelaba y desaparecía; el del presidencialismo autoritario, el del entreguismo y el neoliberalismo. El de la corrupción.

“No sólo falló la memoria, sino que gracias a la incompetencia de los responsables de conducir al país con los resultados de 2006 ha regresado el tricolor como mayoría absoluta a cogobernar y tripular el naufragio de Felipe Calderón, para quien de ahora en adelante el azul será cada día más desteñido y quien se verá forzado a pintar todas sus decisiones de tricolor intenso. [El pasado como triunfo, La Jornada, 7 de julio de 2009, pág. 18]

El paralelismo con la situación previa a 1910 es de resaltarse en este artículo.

Dice Pedro Miguel:

“No es que el dinosaurio regresara, sino que nunca se ha ido. Por las buenas (1994 y 2000) o por las malas (1998 y 2006), con rostro tricolor o cara blanquiazul, en el último cuarto de siglo el grupo gobernante ha mantenido el control de Los Pinos, San Lázaro y Xicoténcatl y se ha conservado idéntico a sí mismo, tan corrupto, insensible, autoritario y delictivo como siempre. La derrota de Calderón & Co frente a Manlio Corp es resultado de un pleito de familia que no altera el rumbo de regresión que se ha impuesto al país desde las cúpulas institucionales y la mayoría de la sociedad no tiene, en consecuencia motivos para la celebración ni para el duelo.

“La derrota sufrida por las causas populares ocurrió mucho antes de las elecciones del domingo y fue la defección de la corriente que controla el aparato perredista nacional y su incorporación plena al proyecto oligárquico de preservación del poder.” [Precedente, La Jornada, 7 de julio de 2009, pág. 22]

El análisis de Miguel pierde de vista que aunque las diferencias entre los partidos políticos de derecha son meros matices, en la circunstancia presente, esos matices cobraron una significación particular, a saber, una ruptura histórica, por cuanto los votantes se volcaron a las urnas con la idea de optar por aquella formación que les significó una idea (confusa y contradictoria) de estabilidad frente a la incertidumbre que campea en el país, en vez de optar por la izquierda, lo que en las circunstancias actuales habría tenido también implicaciones históricas, aunque de un tipo completamente distinto, pues habría implicado un paso adelante respecto al statu quo, mientras que la votación tal cual se efectuó significa un paso atrás, así, en términos históricos, la descomposición actual se asemeja más al cuadro que nos presenta Rascón, aunque Miguel tiene razón cuando dice que el régimen actual es en esencia el mismo que primaba desde antes de 1994. Rascón da primacía a los matices, Miguel al contenido. Ambos aciertan al denotar los rasgos aislados de la cuestión, pero yerran al intentar dar un cuadro de conjunto; por ello mismo, sus lecturas de la cuestión de Iztapalapa son diametralmente opuestas. Rascón dice:

“[…] Lo que fue un movimiento definido por AMLO ‘contra la derecha’, y que anunció el fin de las instituciones, ahora celebra como central su triunfo pírrico contra su coordinador de campaña en 2006 [Jesús Ortega], y de manera oscura sin duda el triunfo del PRI por el que ha trabajado, liquidando su propia fuerza. Nadie percibe que ese movimiento que ganó 35 por ciento de los votos en las urnas, ahora tiene el tamaño del PT y Convergencia, que juntos no llegan a 5 por ciento. ¿Adónde se fueron sus votos?: Al PRI. ¡Por eso hoy el tricolor erige un monumento al lopezobradorismo y su obra liquidadora!” [loc. cit.]

En tanto que Miguel afirma:

“[…] en Iztapalapa se logró un triunfo histórico sin precedentes: impedir que los partidos siguieran utilizando a la ciudadanía para los intereses de sus respectivos aparatos burocráticos y colocarlos al servicio de los ciudadanos.

“El enjuague inmundo ensayado días antes de los comicios por los chuchos iztapalapenses, en connivencia con priístas, funcionarios del calderonato y magistrados sin gota de credibilidad ni de honradez, parecía inexpugnable: buscaban presentar el nombre de una candidata como anzuelo en la boleta electoral para que los votantes lo marcaran y endosaran su triunfo, sin saberlo, a la candidatura rival.” [loc. cit.]

Y enseguida:

“[…] Ladren lo que ladren, en esa demarcación del oriente capitalino se llevó a cabo una restauración de la democracia.” [loc. cit.]

Rascón hace caso omiso de las circunstancias en que se desarrolló la cuestión de Iztapalapa; parece darle igual el hecho de que un tribunal imponga un candidato a un partido, con el peligro que eso implica para cualquier formación política de izquierda, y, por lo mismo, le da igual que una votación masiva por el candidato que AMLO apoyó haya dejado en ridículo a ese tribunal y a los grupos que se pusieron al lado de la candidata de Jesús Ortega; el voto, conviene recordarlo, no se desvió hacia el PRI o hacia el PAN, sino hacia el candidato que se comprometió a renunciar a favor de la candidata de AMLO. Sin embargo, Rascón acierta cuando habla de un triunfo “pírrico”, pues la división del partido se evidenció ante el electorado y pesó en los magros resultados del PRD capitalino. Miguel sobrestima la victoria como una “restauración de la democracia”, que quizá ocurrió en Iztapalapa y en el DF, pero que sienta un precedente nefasto para el conjunto del país, en el cual la división de la izquierda reformista abre paso a la intervención descarada del Estado a favor de una fracción afín al partido en el poder, y esto es posible por cuanto el lopezobradorismo continúa intentando navegar por la vía fácil de las componendas, sin llevar a sus consecuencias naturales la división de su bloque electoral, con la esperanza de alcanzar un acuerdo en la ruta al 2012.

Y tanto Rascón como Miguel llegan a conclusiones semejantes en lo que respecta al lugar de los partidos políticos en la sociedad.

Dice Rascón:

“En este drama político, la reserva del país se refugió en una vasta y diversa red social, horizontal y desorganizada que protestó en las urnas anulando el voto. Ellos aumentaron la votación general contra el abstencionismo, pero rechazaron el sistema de partidos. Su raíz es la insatisfacción, pero con objetivos y la demanda de continuar el cambio, pese al retorno del viejo régimen para que todo siga igual.” [loc. cit.]

Y Miguel:

“El corolario inevitable es que los movimientos ciudadanos progresistas no tienen partido, y eso no es una buena noticia en ninguna circunstancia, tanto si hay comicios presidenciales en 2012 como si no: a juzgar por precedentes, Calderón y sus amigos tienen, de aquí a entonces, tiempo sobrado para acabar de descuadernar al país. Pero ojalá que no lo consigan.” [loc. cit.]

Así, mientras Rascón se pronuncia a favor del voto nulo, Miguel se manifestó por el voto por la izquierda lopezobradorista, y ambos en contra del aparato partidista electoral, posiciones que no extrañan, por cuanto el conjunto de este aparato sirve en lo esencial al mismo entramado de intereses del gran capital, cuyas ansias de expansión han reducido al país a la miseria y a la impotencia.

Luis Linares Zapata lo pone así:

“Al país le esperan tres largos años de sufrimiento y angustia ante los horizontes cerrados. No habrá apertura ni cambio, sino la tediosa continuidad de más de lo mismo. La esperanza de una pronta recuperación estadunidense, como solución a las penurias nacionales, es un fantasma que se desvanece todos los días. Pero mientras tal escenario se prolongue, se irá robusteciendo la salida que se gesta por el país desde hace ya bastante tiempo. Una que se amotina en las secciones marginadas de la sociedad, en las barriadas, entre la juventud castigada por las exclusiones y la penuria educativa, en el olvido de los hombres y mujeres dedicados a la ciencia, por el ninguneo que se impone al avance tecnológico, por el golpeteo a las clases medias, ya afectadas por más de 30 años de decadente conducción de los asuntos públicos.” [loc. cit.]

El escenario no es, pues el de una transición pacífica, sino plagada de trastornos y colisiones. Sánchez Rebolledo mira también hacia delante:

“Es indispensable volver a los temas esenciales de 2006, a la política con mayúsculas: la izquierda no puede darse el lujo de abandonar en los hechos la cuestión social sin desdibujarse, pero eso es lo que en verdad ocurrió durante la campaña: los grandes asuntos del empleo y la salud, por ejemplo, se transformaron en meras referencias simbólicas o mediáticas, en espots o denuncias sin calado, carentes de filo crítico o movilizador. La crisis, con todas sus terribles secuelas, no es, por desgracia, el gran asunto político y moral que debería ocupar los mayores esfuerzos de la izquierda social, parlamentaria, intelectual, partidista, sobre todo cuando todos los análisis confirman que la recuperación está lejos, pero las consecuencias podrían ser explosivas a corto plazo. Una coalición popular exige claridad en los objetivos y una política de alianzas [no] sujeta a los humores cotidianos de los líderes.” [loc. cit.]

Y tiene razón.

viernes, 26 de junio de 2009

Racismo, política y lucha de clases en México y América Latina.

Los problemas políticos en México tienen un sustrato cultural inocultable, pues en su mismo origen, el país se construyó en la contradicción entre la declinante civilización indígena y el ascenso de los colonizadores ibéricos, que pronto acapararon las haciendas, minas y obrajes, los rangos militares y los cargos públicos.

El idioma de las colonias americanas será el de los invasores ibéricos, de manera que éstas pronto aprenderán a reconocerse a través del legado europeo antes que en el propio. Algunas colonias se verán abrumadas por la inmigración europea, otras por la proveniente de África; Argentina, Uruguay, Cuba y Costa Rica se verán en el primer caso; Venezuela, Panamá y Dominicana en el segundo. Mientras tanto, países como Bolivia, Guatemala y Paraguay mantendrán la predominancia de los grupos indígenas. Países como México, Ecuador, Perú y Chile se convertirán en repúblicas con profundas diferencias regionales internas en las que predominará el elemento mestizo, manteniendo grandes cantidades de indígenas aunque una élite criolla será la que mantenga el poder en sus manos.

En el momento presente, en casi todos los países latinoamericanos, sin excluir a México, la contradicción étnica ha jugado un papel importante en la conformación de los Estados de la minoría criolla, apoyados en una parte de los mestizos y en los liderazgos indígenas. Para comprender esto hay que tener en mente los sucesos de la rebelión de Túpac Amaru, que a fines del siglo XVIII sacudió al virreinato del Perú, y en cuyo fracaso fue decisivo el alineamiento de muchos caciques indígenas con los españoles a los que Túpac Amaru y sus seguidores quisieron derrocar.

Los Estados latinoamericanos han sido Estados de clase y de “raza”, han fincado su predominio en la segregación clasista y étnico-racial de los descendientes de los pueblos originarios de América. Lo que aglutina a las clases dominantes ha sido a la vez su riqueza y su orgullo étnico.

Desde luego, no ha sido poco lo que ha cambiado en los 200 años que siguieron a la independencia de España y Portugal, pues el mestizaje ha ido borrando las separaciones genéticas entre las poblaciones, los pueblos indígenas han recuperado en parte su peso demográfico en ciertas regiones, y la desaparición del rígido sistema de castas, propiciaron que la segregación se haya tornado más sutil y encubierta.

El resultado del fin de la colonia ibérica fue que la discriminación adoptó una organización “por grados”, e involucra por igual elementos étnico-culturales como fenotípico-raciales.

El acto de discriminar tiene por primer referente el conjunto de las características fenotípicas, o sea, el tipo indígena; pero esta discriminación se va atemperando por el grado de mestizaje, por la filiación cultural y, sobre todo, por la riqueza.

La discriminación reconoce color de la piel, riqueza y nivel cultural. Se crean entonces subtipos de población que se articulan en una escala de ascendencia social.

En el caso de México, en el estrato más bajo de esta escala se hallan los indígenas que hablan sus propias lenguas y que casi sin excepción se incorporan a los trabajos más duros del campo y constituyen el campesinado más pobre.

Les siguen los indígenas emigrados de segunda generación. Integran una población flotante que gravita entre el campo y la ciudad; sus integrantes se incorporan al proletariado rural y al urbano o al ejército, se los halla en gran número entre el lúmpen de las ciudades en la medida en que pasan a la indigencia y van rompiendo al mismo tiempo sus vínculos con el campo.

El siguiente estrato lo conforma una mezcla de indígenas asentados en las ciudades y que tienen alguna posesión, como negocios pequeños, puestos en mercados, taxis o incluso giros mercantiles bien establecidos, que se reúnen con mestizos y blancos pobres; esta capa que se puede llamar media baja baja, conforma el grupo más numeroso en la periferia de las grandes ciudades. Se caracteriza por una vaga idea de movilidad social, cierto dinamismo económico, un profundo desarraigo cultural, el escepticismo en política y una aguda percepción de las diferencias de clase y de “raza”, aunque concibe estas diferencias como inevitables y enaltece ingenuamente lo “blanco” como superior. Es la base social popular del racismo en México y Latinoamérica.

El estrato siguiente lo integran principalmente mestizos y “blancos” de nivel económico medio; su contacto con el mundo indígena y, por lo tanto, su intercambio con el, es casi nulo, aparte de relaciones de explotación de baja complejidad. Su nivel económico apenas se diferencia del estrato anterior, pero sus integrantes se caracterizan por una marcada devoción a la movilidad social ascendente, por un mayor nivel cultural relativo, por una escasa percepción de las diferencias de clase o étnicas, al grado que, para esta capa social, el racismo es algo ya superado y la lucha de clases algo remoto. Esta capa constituye la pequeña burguesía baja, y en ella el racismo y el clasismo se ven amortiguados aunque no dejen de estar presentes; esta clase es la base del nacionalismo clásico en México, y pese a su desconocimiento de los pueblos originarios, profesa una reverencia al pasado mesoamericano, a las gestas históricas populares y al ideal de unidad nacional, pero simplemente no concibe que el mundo indígena sea capaz de una emancipación por sí mismo. Sin declararlo, piensa que lo europeo es intrínsecamente superior.

El siguiente estrato lo constituye la pequeña burguesía alta, se integra con los negociantes, los dueños de franquicias y concesiones, los funcionarios de nivel bajo, los pequeños comerciantes y fabricantes establecidos, los dueños de talleres de reparación. Sus integrantes son mestizos y algunos criollos, unos pocos indígenas, su nivel cultural es relativamente bajo, salvo los de generaciones más recientes, pero son hábiles para los negocios, están muy ligados a los grupos políticos y al poder, a los monopolios, de los que dependen en gran medida. Estas relaciones con los estratos superiores exacerban su clasismo y su racismo, su desprecio a un nacionalismo con bases populares. Se trata de fervientes adeptos al individualismo capitalista y a la competitividad, ansían emular a sus competidores estadunidenses y europeos, su ruptura con el México indígena y trabajador es casi total, limitándose al ámbito de las relaciones explotación. De este estrato social se nutren los partidos políticos de derecha. Han acuñado y empleado profusamente un término para los simpatizantes de la izquierda que más bien describe la ideología de los que lo usan, el de “naco”, que se usa por igual para designar al indígena urbano hispano parlante, y al mestizo lúmpen o de muy bajo nivel económico; es pues, una forma de amalgamar lo moreno, lo indígena, lo miserable, lo vulgar, lo basto, y la filiación política de izquierda, a fin de englobar con un solo término lo que se considera la hez de la sociedad.

La burguesía baja integra el siguiente estrato. Sus miembros son poseedores de los grandes negocios no monopolistas. Son mexicanos criollos y algunos mestizos, así como extranjeros, y participan de la dirección de la política, la religión y los negocios. Su vocación por el poder y el dinero es innata, sus relaciones internas se basan en la complicidad, son de los principales responsables de la corrupción y de las prácticas viciadas del gobierno y de los negocios: el amiguismo, el nepotismo, el tráfico de influencias. En la medida en que participan de la dirección del país, son responsables de la reproducción del racismo. La nación ideal para ellos es una en que los explotados no protesten, en que el país sea virtualmente anexado a los EU, y que la única movilidad social existente sea aquella que les permita a ellos llegar a posiciones más elevadas y con mayores ganancias. Siendo los integrantes de este estrato individuos mejor educados y muy vinculados al extranjero, tienden a identificarse con las aspiraciones de las élites estadunidenses y europeas, más que con cualquier aspiración nacional latinoamericana.

El estrato superior de la sociedad mexicana lo integran los grandes capitalistas. Estos no se diferencian demasiado de los integrantes del estrato inmediatamente inferior, sino en su situación privilegiada en lo que respecta a la posesión de monopolios. Casi todos son criollos, unos pocos mestizos, ningún indígena, algunos extranjeros. Cosmopolitas, educados en el extranjero, de gustos excesivos y pantagruelescos, que tienen por “refinados”, gustan de un tiempo acá de aparecer como referentes políticos y morales de toda la sociedad, para lo cual se valen de su propiedad sobre los medios de comunicación masiva, que son su coto personal de ellos. Televisión, radio y periódicos les sirven para comunicarse unidireccionalmente con la masa de la población. Siendo profundamente racistas, procuran ocultarlo con esmero, dejando que los medios de comunicación difundan sus ideas acerca de lo que consideran el estado óptimo de las relaciones sociales. Creen profundamente en la segregación y la discriminación como fundamentos de su prosperidad, que para ellos es la prosperidad del país. Sus valores son los del capital, y su orgullo de clase y de casta son su nota distintiva. Trabajan concientemente en mantener su control sobre el aparato de Estado, y no escatiman recursos y esfuerzos para eliminar aquello que perciben como una amenaza a sus privilegios. Son una minoría entre las minorías, emergida del estrato inmediato anterior, a lo sumo, unos centenares de individuos, pero su peso social es inmenso, su prestigio e influencia entre los pequeños capitalistas y las capas medias en general es enorme y se han constituido en un modelo para todos aquellos que profesan algún grado de racismo y/o clasismo, pues pretenden ejemplificar la “superioridad” de la “raza blanca”.

En conclusión, puede determinarse que la segregación clasista y racista en México y América Latina dista de ser una cuestión fortuita, atribuible a la mala voluntad de algunos individuos poderosos, por el contrario, constituye una práctica ideológica creada y alimentada a lo largo del siglo XVI por los invasores europeos para reforzar su dominio, y que con el paso del tiempo y el establecimiento del capitalismo, se ha convertido en el componente ideológico central del sistema de relaciones de dominación de nuestros países por minorías expoliadoras y por las grandes potencias extranjeras, lo que convierte a la lucha contra el racismo en una lucha contra la ideología de la clase capitalista.

La persistencia de la discriminación en México y América Latina constituye un factor de desunión nacional, que tiende a fragmentar a nuestros países en castas separadas, e impide la afirmación de un interés público pleno en el cual los ciudadanos de todas las etnias y clases dominadas se identifiquen. Así, la lucha contra la discriminación clasista y étnico-racial, es la lucha por la integración de las naciones latinoamericanas.